Capítulo 22. Briar #3
—Vas a mirarlo todo. Mira cómo se abre tu coño para mí, mira las ganas que tienes de tragártela entera, de atraerme hacia ti.
Siente cómo estás chorreando, tan desesperada porque te la meta.
—Mientras habla, se frota contra mi humedad y presiona la entrada cuando se inclina hacia delante, empujando mis caderas a perseguirlo, a buscar justo aquello que tanto quiero y él lo sabe.
—Solo la punta para empezar. —Storm me sujeta un muslo mientras con la otra mano empuja la cabeza hacia delante, arrancándome un gemido—. Necesito sentir cómo te abres para mí.
Deja escapar un gemido grave, condenadamente sexi, mientras desliza la punta dentro de mí. Mantengo los ojos clavados en el lugar donde me penetra y avanza centímetro a centímetro dentro de mi cuerpo. Nunca había sentido un estiramiento semejante, pero es una sensación increíble.
Estoy en serios problemas. Lo sé. Lo siento. En lo más profundo de mí, algo acaba de encajar, y no estoy segura de poder sobrevivir a este hombre.
—Joder, estás tan apretada… Hace demasiado tiempo que este agujero no conoce nada aparte de un juguete y tus dedos, ¿verdad? Pero eso no basta para alguien tan preciosa como tú, cariño. Tú mereces que te follen como es debido. Mereces pasarte el día empalada en mi polla, aprovechándote de mí.
Storm usa la mano libre para engancharme la otra pierna, me abre las rodillas de una forma obscena y me coloca en la posición perfecta para lo que quiere.
Entonces empieza a moverse. Avanza despacio, hundiéndose dentro de mí en un deslizamiento húmedo.
El estado de excitación al que me ha llevado me deja completamente empapada, preparada para recibirlo.
—Oh, Dios mío… Cómo me gusta… Por favor…
Necesito más. —Estoy jadeando; tengo que apoyarme con ambas manos para seguir mirando, porque no puedo apartar la vista.
La escena es tan erótica. Tan perversa. Por mucho que quiera recorrer su cuerpo con las manos y clavarle las uñas en esos músculos, también me encanta que él tenga tanto control.
Me vuelve loca que me esté usando así, aquí, sobre la encimera de la cocina.
Y, aun así, también me siento poderosa. Sus palabras obscenas acompañan la forma en que observa mi cuerpo abrirse alrededor de su miembro, y el deseo que vibra en su voz es brutal.
Nunca nadie me había hecho sentir tan deseada.
—Storm. Dios. Te necesito.
Parece disfrutar oyéndome suplicar, porque deja escapar otro de esos gruñidos, y lo siento en cada centímetro de mi cuerpo, hasta en los pies retorcidos.
—Mira cómo quieres succionarme; cada vez que te doy un poco más, tu dulce y pequeño coño me pide todo, quiere devorarme.
Puedo sentir cómo me aprietas, cómo intentas sacarme hasta la última gota.
Qué codiciosa eres. Pero iremos despacio, porque nos queda toda la noche y pienso pasarla contigo empalada en mi miembro. Verte así es un sueño.
Entonces se inclina hacia delante y se hunde hasta el fondo; no puedo contener el fuerte gemido que brota de mí. Estoy haciendo exactamente lo que él decía: mi sexo solo aprieta, presiona, intenta meterlo más adentro.
Es increíble sentirlo dentro de mí de esa manera. El estiramiento supera cualquier fantasía que pudiera haber imaginado cuando retrocede casi hasta salir y vuelve a empujar hacia delante.
Ambos dejamos escapar sonidos que revelan lo intenso que es este momento; los dos sabemos que esta es la peor decisión posible y, al mismo tiempo, lo más parecido a la perfección.
Entonces empieza a embestirme con movimientos largos y tortuosos, retirándose casi hasta la punta antes de volver a hundirse del todo.
Una y otra vez. Los sonidos húmedos y resbaladizos del sexo llenan el aire, y estoy tan tensa por todo lo que ya ha despertado en mi cuerpo que el orgasmo es inminente.
Deseo desesperadamente que esto dure más, que no termine nunca, pero ya no puedo contenerme.
—Joder… Oh, Dios… Creo que… voy a correrme otra vez… —No hay forma de detenerlo; no sé cómo ha logrado controlar mi cuerpo y hacerme perder la cabeza tan rápido y tan irremediablemente, pero eso es lo que ha hecho.
—Eso es. Córrete de una puta vez sobre mi polla, cariño. —Se mueve como un torbellino. Una mano se cierra con firmeza alrededor de la parte delantera de mi garganta, mientras la otra se desliza entre nosotros para encontrar mi clítoris; embiste tan hondo que siento que destroza mi cordura.
Caigo de cabeza gimiendo y apretándome a su alrededor. Me aferro a sus antebrazos para mantener el equilibrio, o tal vez la cordura. Jadeo entre sollozos y gemidos.
Es tan intenso que mi mente se queda completamente en blanco. Cuando vuelvo a ser consciente de algo, nuestras bocas están fundidas y mi sexo sigue vibrando y apretándose mientras el orgasmo continúa atravesándome en oleadas lentas.
Storm gruñe contra mi boca y me sujeta por debajo de los muslos para levantarme contra su cuerpo.
—Joder. Vas a tener que darme más de eso. Te vas a pasar toda la noche corriéndote. Mi pequeña putita hecha para mi polla. —Y, con esas palabras sucias que siento como elogios, me lleva hasta la habitación, con su miembro enterrado profundamente dentro de mí.
Nos deja caer a los dos sobre la cama, el sombrero rueda hasta el suelo y ya no me cabe ninguna duda de que piensa cumplir su promesa.