Desafiando la tormenta (Crimson Ridge 2) Capítulo 20. Briar #2
47%

Capítulo 20. Briar #2

Un gemido brota de mi interior cuando ejerce más presión en los círculos que dibuja sobre mi clítoris.

Su contacto me sobresalta y araño el lateral de su camioneta.

La situación me supera. Él me supera. Soy tan inexperta en estas cosas…

La oleada de deseo provoca una confesión que interrumpe su pregunta.

—No lo sé… No sé qué es eso. —El exabrupto flota en el aire nocturno mezclado con un gemido.

Sus dedos se paralizan.

—¿Nunca te lo han chupado?

Mierda, no quería decirle eso, pero estoy confundida y mi cuerpo es un desastre de deseo y desesperación por correrme.

Sacudo la cabeza. De repente, siento el ardor abrasador de la vergüenza golpeándome las mejillas.

¿Qué va a pensar de mí? ¿Le gustaré menos ahora que sabe que ningún hombre se ha interesado tanto por mí como para hacer eso?

—Joder. —La boca de Storm desciende por mi cuello, dejando un sendero húmedo a su paso—. ¿Nunca te han prestado atención, cariño?

Sigue jugando con mi cuerpo, llevándome al límite con círculos y movimientos cuidadosos.

Sus dedos fuertes bajan más y más dentro de mis pantalones hasta encontrar mi entrada y abrirse camino en mi interior.

Juega y frota sin control. Solo puedo responder con una serie de gemidos, jadeos y respiraciones desesperadas lanzadas al aire helado. Me disuelvo en él.

—Eres tan suave, tan húmeda, tan perfecta… No debería hacer nada más. De ningún modo puede estar bien tocarte así, pero no puedo evitarlo.

Mordisquea mi lóbulo y, joder, qué bien se siente.

—Lo sé. —Habla con un tono grave y provocador.

Oh, por Dios, debo haberlo dicho en voz alta sin querer.

—Te mereces a alguien que te cuide…, que te dé todo lo que quieras.

Storm empieza a dejar besos a lo largo de mi cuello y mi mandíbula, todo mientras me recorre con los dedos de una forma tan lenta y tortuosa.

Juega con mi cuerpo hasta dejarme suspendida al borde del abismo; mis caderas persiguen cada movimiento mientras él presiona dentro de mí para luego volver a subir hacia mi clítoris.

—Por favor…

En realidad, no sé qué estoy suplicando. ¿Que me haga correrme? ¿Que me posea? ¿Que me suelte antes de que pueda arruinarlo todo?

Desliza la mano que no tiene metida en mis bragas sobre las capas de ropa que me cubren el cuerpo hasta llegar a mi cuello.

Igual que la primera noche, en el baño, me sujeta con firmeza, rodeándome la mandíbula con la mano.

Pero esta vez es completamente distinto.

Storm exige que me gire hacia él y, por supuesto, obedezco.

Por supuesto, permito que incline mi cabeza y coloque mi cuello justo donde él quiere.

—Dime si quieres que me detenga. —Su murmullo es tan cercano, tan increíblemente seductor.

Al principio, mi mente nublada por la lujuria no entiende por qué. Entonces lo siento. Sus labios, cálidos y con sabor al aire nocturno, con ese toque de especias, menta y masculinidad tan suyo, invaden mis sentidos mientras presiona su boca contra la mía.

Me besa con la misma determinación con la que me toca con los dedos.

Estoy acabada. Floto hasta desaparecer en el cielo que domina esta montaña.

Las rodillas podrían fallarme en cualquier momento por culpa de este beso, de un hombre mucho mayor, prohibido, por quien no debería sentir esta oleada de calor y deseo intensos…

Él toma algo que debería estar mal y lo convierte en algo que me detiene el corazón.

Storm Lane me besa y siento que pone mi vida entera patas arriba.

Mis gemidos se derraman en su boca, y cada roce de sus labios contra los míos se siente como si estuviéramos perdiendo el control. Su barba incipiente raspa mi piel y la sensación es completamente absorbente; me deja aturdida e incapaz de desear nada que no sea a él.

No quiero que se detenga.

Y sé que yo tampoco puedo detenerme.

Con un gemido ahogado, siento su lengua deslizarse contra la mía, presionando más allá de mis labios y explorando mi boca.

Dios, ¿acaso me habían besado alguna vez antes de que este hombre irrumpiera en mi vida?

Cualquier cosa que hubiera experimentado antes de este momento no merece ni mencionarse; no fue más que una pobre imitación de cómo debería sentirse un beso.

Su boca y su lengua crean un calor parecido al del fuego, que nace en mis pies y envía escalofríos y chispas hasta la punta de mis dedos. Me está dando un adelanto de lo que podría hacer con mi cuerpo si se lo permito.

—Storm… Por favor…

Mis quejidos y súplicas contra su boca hacen que sus dedos abandonen mi mandíbula y se apoyen en la base de mi garganta.

—¿Quieres ver lo bien que se sentiría eso en tu cuerpo?

El sonido que brota de mí es pura desesperación, pero parece complacerlo.

Sus dedos callosos presionan con más fuerza contra mi cuello, sin impedirme respirar, pero el simple hecho de que me sujete así despierta algo intenso dentro de mí.

La otra mano imita el movimiento con un agarre firme, posesivo y envolvente bajo mis bragas.

—Déjame enseñarte, cariño. Déjame enseñarte lo que se siente al correrse con la lengua de un hombre en el coño.