Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 65
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Capítulo 65

El amor

Los besos se profundizaron rápidamente, ninguno de los dos estaba por la labor de seguir perdiendo el tiempo.

Se acariciaron por encima de la ropa, aprendiéndose el cuerpo el uno del otro.

Aiden se deshizo de la camiseta de Rian y empezó a recorrer con los labios todos los lugares que ya había memorizado.

—Me encantas —susurró Aiden, mordiendo ligeramente el lóbulo de su oreja, en el que todavía descansaba el pendiente que le había hecho años atrás.

Rian puso la mano en su nuca y lo atrajo mientras dejaba escapar un tenue jadeo, haciendo que Aiden pudiera notar sin ningún problema toda su excitación. Como tenía el pantalón desabrochado, no le costó introducir una mano y empezar a tocarle lentamente por encima del bóxer.

—Oye, Aiden, sé que ya te lo dije, pero yo estoy yendo muy en serio contigo.

Aiden sonrió contra su boca, sin dejar de acariciarlo.

—Yo también te estoy tocando muy en serio.

—No me vaciles —gimió, antes de separarlo de él y quitarle la camiseta y los pantalones—. Quiero dejar claras mis intenciones para que no vuelva a haber más malentendidos.

Se dejaron caer sobre la cama, el uno encima del otro.

—¿Y cuáles son tus planes?

—Irnos a vivir juntos al terminar la universidad. Competir en duelos hasta que nos cansemos. Adoptar un perro o un gato, lo que tú prefieras. Ser una familia, tú y yo.

Aiden se rio, feliz.

—¿No vas muy rápido? ¿Ya me vas a hablar de boda?

—He perdido tiempo de sobra durante estos años. Sé lo que quiero, a ti. No tenía ninguna intención de casarme, pero si es lo que quieres, lo haremos. Quiero ayudarte a cumplir todos tus sueños.

—Siempre he soñado con que una alpaca lleve los anillos en mi boda.

Rian estalló en carcajadas.

―Lo tendré en cuenta.

Se siguieron besando y acariciando varios minutos hasta que las ganas que tenían los dos de deshacerse del resto de la ropa ganaron la batalla.

—Oye —dijo Rian entre un beso y el siguiente.

—Dime —respondió Aiden, separándose unos segundos, dándole el espacio que necesitaba para poder contarle cualquier preocupación.

—Al ser la primera vez, me gustaría que lo hicieras tú.

—¿Estás seguro?

Rian asintió y lo atrajo hacia él antes de volver a besarlo. Sus lenguas se encontraron una vez más, haciéndolo gemir.

—Completamente.

Aiden asintió, demasiado extasiado como para pensar con claridad. No solía meditar las cosas en exceso, pero en aquel momento, su mente estaba concentrada en otra cosa.

—Vale.

Para él, todo aquello también era nuevo y no podía evitar sentir la presión sobre su espalda. La necesidad de hacerlo bien. El miedo a hacerle daño. La inseguridad que le producía no saber satisfacer a Rian. Por ese motivo había optado por escuchar al vínculo que los unía.

—¿Estás listo?

—Sí.

—¿Seguro? Puedes cambiar de opinión en cualquier momento.

—Lo sé, no va a pasar. Me muero de ganas, Aiden.

—Uf, joder —dijo Aiden, un rato después, notando como las gotas de sudor le resbalaban por la espalda y por la frente—. Lo siento —dijo cuando una de las gotas cayó en la cara de Rian.

—No pasa nada —le dijo este, pasándole una mano por la frente, eliminando el sudor sin ningún reparo.

Era algo tan íntimo que agradecía haber esperado aquellos meses antes de hacerlo. Le gustaba tener aquella complicidad con Rian de nuevo para poder disfrutar de aquel momento al completo.

Cada movimiento, cada roce, cada caricia elevaban lo que estaban sintiendo. Se complementaban tan bien como lo hacían en los otros ámbitos de su vida. Eran como dos piezas de puzle.

—Me encantas.

—Tú a mí más.

—Eso es imposible.

Las manos de Rian sujetaron la cara de Aiden con cuidado mientras se centraba en cada detalle: su nariz respingona, sus labios carnosos, las pecas que tenía distribuidas por la cara como salpicaduras de pintura.

—Te quiero —susurró contra sus labios, antes de juntarlos en un beso dulce y corto.

—Te quiero —respondió Aiden, sintiendo que, por fin, todo estaba en su lugar.

Estaba donde quería, con quien quería y había cumplido un sueño. Uno del que no tenía intención de despertarse en un tiempo.

Sus movimientos se fueron haciendo cada vez más erráticos, aumentando la intensidad de cada embestida.

—¿Te gusta? ¿Quieres que pare? —preguntó preocupado. Necesitaba que para su compañero fuera tan agradable como lo estaba siendo para él.

—Sí, tranquilo. Sigue.

Intercambiaron más besos, más caricias, más palabras, hasta que llegaron al límite.

Rian lo atrajo y le metió la lengua en la boca al mismo tiempo que su cuerpo vibraba. Aquel gesto fue suficiente para que Aiden se dejase llevar.

El placer lo había atravesado, dejándolo temblando encima de su compañero. Aiden necesitó un par de segundos antes de ser capaz de salir de encima y tirarse a un lado de la cama, todavía respirando con dificultad.

—¿Estás bien? —preguntó jadeante.

—Sí, sí, sí que lo estoy.

—Bien.

—Bien.

Ambos cerraron los ojos con una sonrisa en los labios y la sensación de que por primera vez todo estaba encaminado.