Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 63
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Capítulo 63

La final

—¡Bienvenidos a la gran final del campeonato nacional universitario de duelos!

—exclamó el prestador con efusividad—. Después de unos combates que nos han mantenido con los nervios a flor de piel, ha llegado la hora de la verdad, el momento de conocer a quienes se alzan con la ansiada victoria.

¡Y qué mejor forma de terminar una competición así, que enfrentando a cuatro duelistas del mismo equipo, el Igrom, cantera del Dorogoy!

Aiden se removió inquieto. Ocultar sus nervios nunca había sido algo sencillo y aún así, estaba poniendo todo su empeño en que nadie lo percibiera. El único al que no podía engañar era a Rian, que estaba a su lado sin que nada lo perturbara.

—Vamos a aprovechar estos últimos minutos para presentar a nuestros protagonistas.

Por un lado, tenemos a Olivier y a Igor, de tercer año, que se llevaron la victoria en la última edición.

Estos dos magos son excepcionales y llevan cosechando triunfos desde la escuela media.

—El presentador levantó las manos de ambos magos y el público rompió en aplausos—.

Y por otro lado, tenemos a Aiden y a Rian, de primer año.

Estos chicos nos dejaron con el el alma en vilo hace tres años, en la semifinal del campeonato.

¡Imaginaros mi sorpresa cuando este año anunciaron que volvían a competir juntos!

La noticia fue la cura a mi corazón roto.

—Aiden notó los dedos del presentador alrededor de la muñeca antes de que se la levantara.

Los vítores del público le resonaron por dentro y no pudo hacer otra cosa que concentrarse en respirar y llenar sus pulmones de oxígeno.

Notar tantos cientos de miles de ojos puestos en él, le paralizaba—.

Bueno, demos un fuerte aplauso a los cuatro contendientes y disfrutemos del espectáculo que nos van a dar, que será digno de ver.

Cuando el presentador se apartó, Olivier fue el primero en dar un paso al frente. No quedaba nada del chico risueño y agradable que se encontraba a diario en la sala de entrenamientos. Tenía delante a un campeón, alguien que estaba dispuesto a darlo todo para ganar.

—Nos vemos en la Arena —dijo y su mano se estiró entre ellos. Aiden se quedó contemplándola sin ser capaz de mover los músculos necesarios para estrechársela.

Por suerte, Rian lo hizo por él.

—No os lo pondremos fácil.

Olivier sonrió, pero el gesto seguía siendo tenso.

—No contaba con ello.

No intercambiaron más palabras y el contador que se retransmitía a través de las enormes pantalla inició la cuenta atrás de los últimos treinta segundos. Tenían que ir a ocupar sus sitios.

Aiden siguió a su compañero hasta el lugar que les correspondía y dio un par de saltos en el sitio, calentando sus músculos. Necesitaba activar cada célula de su cuerpo para que reaccionase como esperaba en el duelo.

El público empezó a corear la cuenta atrás, creando una atmósfera indescriptible. Tantas voces gritando a la vez, tanta gente con la vista fija en ellos…

La cuenta atrás llegó a cero y el pitido que les indicaba que entraran en la Arena resonó con fuerza.

—¿Estás listo? —preguntó Rian, aunque Aiden sabía que conocía la respuesta a aquella pregunta.

—Nací preparado —mintió y su compañero sonrió.

—Yo tampoco lo estoy —confesó y aquello hizo que Aiden se sintiera un poco menos solo—. Hagamos historia.

—Vamos allá.

Luego, los dos se adentraron a través de la barrera.

La sensación familiar de estar envueltos en un líquido les dio la bienvenida, aunque Aiden sabía que cuando llegasen al otro lado, no habría ni un rastro de humedad en su piel.

Hasta ese momento, era una incógnita el tipo de terreno en el que se tendrían que enfrentar.

Por eso cuando Aiden vio las típicas dunas del clima desértico, no pudo evitar girarse para buscar a su compañero con la mirada.

Rian negó con la cabeza y no necesitaron palabras para comunicarse, su corazonada había sido correcta.

Estaban destinados a revivir sus pesadillas una y otra vez.

—No lo pienses como algo malo —intentó consolarlo Rian tras desplegar unos escudos a su alrededor. Había sentido sin problemas las emociones que le habían recorrido el cuerpo al notar las dunas bajo los pies—. Piénsalo como la posibilidad de redimirnos de una mala experiencia.

—Tienes razón. —Aiden no estaba dispuesto a darse por vencido. Iba a luchar hasta el final porque no estaba solo. Ahora tenía a alguien que lo cuidaba, que le ayudaría a cumplir sus sueños.

Aiden apoyó la palma en el suelo y dejó que su poder recorriera el terreno.

La arena le quemó la palma de la mano a pesar de las protecciones que tenía a su alrededor y, aún así, eso no fue suficiente para detenerlo.

Los hilos de magia tejieron una red que Aiden podía visualizar como un mapa en su interior.

Le costó mucho más de lo esperado dar con ellos.

Olivier e Igor estaban a casi un kilómetro de distancia y se mantenían quietos, ocultos bajo un escudo muy potente.

—¿Qué hacemos? —preguntó Aiden tras haberle contado a su compañero la ubicación de sus rivales.

Rian se quedó pensativo mientras las gotas de sudor resbalaban por su frente. El calor era asfixiante.

—¿Puedes mantener tu magia por el terreno de forma indefinida? —se interesó. El mago tenía un buen control sobre su poder, pero las condiciones climáticas de aquel lugar iban a ponerle todo más difícil.

—No te lo puedo asegurar. Por ahora sí. Cuando la fatiga se haga más evidente, no lo sé —confesó y se pasó el antebrazo por los ojos, que ya le escocían por culpa del sudor—. Además, quizás es impresión mía, pero juraría que hace más calor que la última vez.

Aiden se miró los brazos con el ceño fruncido. Le ardía la piel y las partes en las que no estaba tapada por el uniforme había empezado a adoptar un tono rojizo. Rian hizo lo mismo antes de resoplar.

—Nos están quemando la piel —se lamentó—. Esto de un momento a otro va a empezar a doler.

—Esta edición del torneo tiene cierta fijación con el calor y el fuego —añadió Aiden apesadumbrado, recordando su escena en el volcán.

Luego añadió más energía al escudo para protegerlos de los rayos del sol—.

Creo que su objetivo es que gastemos mucho poder en protegernos y vamos a tener que caer en su juego. No hay otra opción.

Rian asintió y dejó que su compañero pusiera la mayor parte del escudo. Él no tenía un poder tan ilimitado y podía dejarlo fuera de juego antes de que llegase el momento de la verdad.

—Vamos.

Empezaron a caminar a paso ligero por la arena. Las deportivas que llevaban puestas se hundían a cada paso que daban y, cada pocos metros, sentían como el suelo se desprendía. Iban con toda la atención puesta y, aún así, no parecía suficiente.

Menos de cinco minutos después, cuando Aiden estaba a punto de empezar a descender por una duna, la zona donde apoyó el pie se movió e hizo que el mago empezara a rodar por la ladera, dando tumbos, hasta llegar a abajo.

Rian se deslizó con cuidado y llegó a junto de su compañero en cuestión de segundos, para ayudarle a levantarse.

—¿Estás bien? —preguntó tras mirarlo de arriba a abajo asegurándose de que no tenía ningún rasguño. Y, a excepción de un par de rozaduras, estaba intacto.

—Había comprobado que tenía un buen apoyo antes de dejar caer el peso. Fue como si desapareciera el terreno debajo de mi pie —le explicó para que pudiera entender la gravedad de la situación.

—Joder.

—Ya, no va a ser fácil. En cuanto me despisto, pierdo la concentración y los rayos del sol nos queman.

Supongo que es la idea, desgastarnos poco a poco hasta que ya no podamos más.

—Aiden se sacudió la arena de los brazos y las piernas, pero tenía la piel tan sudada que le resultó imposible. Se había quedado adherida.

—¿Qué propones? —preguntó Rian sin terminar de ver una solución. Era la primera vez que estaban tan perdidos.

—Correr.

—¿Correr?

—Ajá. Creo que llegados a este punto cuanto más tardemos en encontrarnos con Olivier e Igor, más cansados estaremos. Entre mantener el escudo y seguir con vida, nos agotaremos pronto.

—Y si corremos nos cansaremos por el propio ejercicio.

—Si tienes alguna idea mejor…

—Dale, yo te sigo —cedió aunque no las tenía todas consigo.

Aiden inició la marcha, manteniendo un trote ligero entre las dunas.

Había decidido mantenerse lo más cerca posible del suelo, evitando los esfuerzos y peligros de subir y bajar.

Rian lo seguía a un par de metros de distancia sin problema.

Como todavía tenía localizados a sus rivales, Aiden seguía avanzando con un objetivo claro: llegar a junto de ellos lo antes posible y pillarlos desprevenidos.

Uno de los puntos fuertes de haber extendido su poder en forma de hilos, era que ellos no podían confirmar al cien por cien donde estaba su presencia, ya que la notaban un poco por todas partes.

Cinco minutos después, Aiden se detuvo de golpe, haciendo que Rian chocara contra su espalda al no poder reaccionar a tiempo.

—¿Qué…? —empezó pero no pudo terminar.

Un hechizo le golpeó directamente en el pecho y lo lanzó volando por el aire. Aterrizó con un golpe sordo, elevando una nube de arena.

Aiden levantó un fuerte escudo alrededor de su compañero y se puso en posición de ataque. Los sintió antes de poder velos, uno a cada lado, en lo alto de las dunas. Olivier e Igor.

Los dos magos estaban mirando para él con el semblante serio mientras que un aura poderosa los rodeaba.

Aiden tragó saliva y apretó los dientes para evitar que sus manos temblaran.

Iba a tener que tirar mucho más de su poder, pero antes necesitaba confirmar que Rian estaba bien.

Desvió la mirada de sus oponentes a su compañero que ya se estaba incorporando.

Eso hizo que un peso enorme desapareciera de su espalda.

Estaba bien. No tenía porqué preocuparse.