Capítulo 63 #2
—Sorpresa —dijo Olivier y esbozó una sonrisa altiva. Luego, su semblante se tornó serio antes de empezar a lanzarles ráfagas de energía.
Rian levantó las manos ayudando a Aiden a mantener el escudo, haciendo que este último tuviera más oportunidades para poder responder al ataque.
Justo cuando una de sus manos se estaba elevando para dirigir la magia hacia sus rivales, Igor se apareció enfrente suya y, tras rápido un movimiento, le barrió las piernas sin dificultad.
Aiden se impulsó con magia para evitar caer al suelo y aterrizó a un par de metros de distancia.
En cuanto sus pies tocaron el suelo, tuvo que saltar en dirección contraria para evitar un hechizo que estuvo a punto de causarle un buen disgusto.
—Joder —susurró para sí antes de volver a saltar en otra dirección. No le daban ni un respiro.
Lo que había empezado como una emboscada se convirtió en una persecución en toda regla.
Aiden se movía lo más rápido posible mientras evitaba los ataques de sus rivales y ellos intentaban que se fuera alejando cada vez más de su compañero.
Su plan no era difícil de prever: querían separarlos, pero él no era tonto y se dispuso a concentrar la magia en la punta de sus dedos.
Harto de centrarse más en esquivar y no tanto en atacar, Aiden se giró de golpe y dejó de huir, sorprendiendo a Olivier que ya se había hecho a su forma de moverse.
Levanto la palma y lanzó toda la energía que tenía acumulada.
Justo cuando creía que golpearía con fuerza a su objetivo, Rian se hizo con el control de su magia y la desvió en el último segundo, dirigiéndola hacia Igor.
El duelista no se había esperado un movimiento así por parte de los de primer año, por lo que salió disparado por el aire y golpeó el hombro derecho contra el suelo.
Un alarido salió de sus labios sin que pudiera hacer nada por evitarlo.
La tensión en la mandíbula de Olivier se hizo más evidente y, aunque intentó no prestarle más atención a su compañero, la preocupación era imposible de camuflar. Aiden reprimió una sonrisa y decidió aprovechar aquella ventaja. Se lanzó al ataque.
Sus palmas se elevaron hacia el cielo al mismo tiempo que creaba cuatro esferas llenas de energía. Su mano tembló un instante antes de que lanzara el ataque y, aunque salió algo desviado, Rian se hizo con el control una décima de segundo después.
Aiden abrió y cerró las manos un par de veces. No podía pasarle eso en aquel momento, no podía fallar ahora.
Olivier empezó a sudar en frío. Los ataques que le estaban lanzando ambos magos lo estaban poniendo en un serio aprieto, ademas de que su mirada se deslizaba una y otra vez al chico que yacía tumbado sobre la arena a un par de metros de distancia.
Aiden aprovechó un despiste de su rival para acercarse más a él y, cuando lo tenía a tiro de piedra, elevo las manos hacia él con intención de lanzarle un chorro de energía como había hecho en la demostración de hacía dos años.
Justo cuando estaba a punto de soltar la energía, un dolor sordo y profundo en la pierna hizo que perdiera la concentración: una astilla del tamaño de su palma le había atravesado el muslo.
La sangre empezó a correrle por la pierna y notó su vínculo estremecerse.
Rian acababa de darse cuenta que estaba herido y, como no reaccionase pronto, haría que perdiera la ventaja que había ganado con respecto a Olivier.
Si Rian se despistaba, los dos acabarían heridos y sin posibilidades de remontar.
Aiden alzó la mirada justo para ver a Igor tirado en el suelo, apoyado sobre un codo y con la mano levantada en su dirección.
Se maldijo a sí mismo por haber sido tan tonto de olvidar a uno de sus rivales. Tenía que haberse dado cuenta que no se iban a dar por vencidos tan fácil.
Agarró con fuerza uno de los extremos de la astilla y tiró con fuerza, arrancándole un grito de dolor.
Se puso una mano sobre la herida, de la cual no paraba de brotar sangre, e hizo uso de sus escasas habilidades curativas para cerrarla un poco.
No iba a ser un remedio definitivo, pero le ayudaría a terminar el combate de una pieza.
Mientras que Rian seguía lanzando ráfagas de energía contra Olivier, Aiden tomó la decisión de dar un paso al frente. Quizás su compañero iba a sentirse arrinconado durante unos segundos, pero esperaba que el resultado mereciera la pena.
Cogió una gran bocanada de aire y dejó que su magia reviviera los hilos que había dispersado por el terreno.
Poco a poco, todo volvía a estar bajo su control.
Fue dirigiendo aquellas raíces por el subsuelo, hasta llegar a donde estaban Igor y Olivier.
Una esfera de energía le golpeó el pecho, cortándole la respiración y tirándolo al suelo, aunque eso no fue suficiente para que no siguiera con su plan.
No iba a darse por vencido y no necesitaba estar de pie para lograrlo.
Una vez que consiguió atar a Igor contra el suelo, Aiden fue consciente de que le había quitado demasiada energía a su compañero.
Elevó la mirada para localizarlo y lo vio volando antes de impactar contra una duna y rodar hasta la base como un muñeco.
Parecía estar inconsciente y el vacío al otro lado del vínculo fue la confirmación que necesitaba.
El pecho se le contrajo de la preocupación. Aquello había sido culpa suya. Sus ojos estaban fijos en el cuerpo inmóvil de Rian y no los apartó de él hasta que la voz de Olivier llamó su atención.
—He de reconocer que nos lo habéis puesto más difícil de lo que esperaba.
Os felicito —dijo con la voz rasgada por culpa del esfuerzo, el calor y la sequedad del ambiente—.
Ahora, siendo sincero contigo mismo, debes de ser consciente que no tienes nada que hacer.
Igor y Rian están fuera de juego y en un duelo uno contra uno, yo soy el que tiene la ventaja. Voy a ganar.
Aiden apretó los dientes, sabiendo que las palabras que le estaba diciendo tenían parte de razón.
Los músculos de sus brazos protestaban ante el esfuerzo que había realizado y sus piernas apenas eran capaces de mantenerlo en pie.
Su respiración era errática y el sudor goteaba a su alrededor sin descanso.
Olivier no estaba mucho mejor que él. Tenía una herida en un brazo y el pelo pegado a la frente como si acabara de salir de la ducha.
No tendría más que una oportunidad. Su cuerpo no lo resistiría.
Aiden usó todas las fuerzas que le quedaban para crear una última esfera de energía. Era bastante más grande que las últimas que había creado y, si conseguía alcanzar a su objetivo, le daría la victoria. Estaba seguro.
Olivier frunció el ceño ante la preparación de su ataque e intentó distraerlo lanzándole un par de ráfagas de energía, pero Aiden pudo desviarlas todas. Justo cuando estuvo preparado, se puso en posición. No podía fallar.
Inspiró profundamente, cerró los ojos un segundo y expiró. Luego elevó el brazo y, echándolo hacia atrás para coger impulso, lanzó el ataque.
Con lo que Aiden no había contado fue que, en ese momento, tras usar todo el poder que le quedaba, su mano tembló de forma evidente en el último segundo, desviando la dirección del hechizo unos cuantos grados a la derecha.
Aiden quiso gritar de pura frustración. Acababa de perder su última oportunidad.
Intentó hacerse con el control de la bola, pero ya estaba fuera de su alcance. Había fracasado.
Olivier sonrió abiertamente al ver que se acababa de librar por los pelos. Luego elevó la mano y lo apuntó.
Había llegado el momento, el final y la victoria no sería suya.
Aiden tragó saliva, derrotado. Si tuviera algo de agua en su organismo estaba seguro de que un par de lágrimas le estarían rodando por las mejillas de pura frustración. Ya no le quedaba nada.
Estaba vacío.
Y, como un milagro, en ese momento lo sintió.
El vínculo con Rian.
Su compañero se había hecho con el control de su ataque y, sin que Olivier se hubiera dado cuenta, lo había hecho girar y iba directo a su espalda.
Luego fue demasiado tarde para poder protegerse de ninguna manera.
El mago salió volando por el aire e impactó contra el suelo, elevando una nube de arena a su alrededor.
—¡Bienvenidos a la gran final del campeonato nacional universitario de duelos!
—exclamó el prestador con efusividad—. Después de unos combates que nos han mantenido con los nervios a flor de piel, ha llegado la hora de la verdad, el momento de conocer a quienes se alzan con la ansiada victoria.
¡Y qué mejor forma de terminar una competición así, que enfrentando a cuatro duelistas del mismo equipo, el Igrom, cantera del Dorogoy!
Aiden se removió inquieto. Ocultar sus nervios nunca había sido algo sencillo y aún así, estaba poniendo todo su empeño en que nadie lo percibiera. El único al que no podía engañar era a Rian, que estaba a su lado sin que nada lo perturbara.