Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 62
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Capítulo 62

Thiago. El segundo duelo

Mis ojos no se despegaban de Aiden. Estaba dando pequeños saltitos en su sitio mientras que el contador estaba a punto de llegar al cero.

Ya había perdido la cuenta de todas las veces que había estado en aquella situación, apoyándolo desde la grada.

Se me hizo raro no estar a su lado. Era el momento más importante como duelista en los últimos años.

Yo nunca sería el protagonista, no tenía madera.

Me había dado cuenta de que siempre estaría relegado a un papel secundario.

Llevaba sabiendo aquello desde niño y había aceptado mi rol.

Había acompañado a Aiden, ayudándolo a llegar a lo más alto, pero aquella no había sido la primera vez que había sido la sombra de alguien más brillante.

Aiden y Rian se adentraron en la Arena y el público estalló en fuertes víctores. No estaban los primeros en la clasificación, aunque no tenía dudas de que partían como favoritos. Habían llegado a la semifinal y su ansiada victoria estaba cada vez más cerca.

El chico sin experiencia y el joven prodigio se habían reunido de nuevo después de dos años separados para mostrarle al mundo que estaban destinados a alcanzar la cima.

Como los héroes que anuncian las profecías.

Dejé escapar un suspiro.

Ya no sentía envidia, ni buscaba algo que no me correspondía. Ellos triunfarían delante de los focos mientras yo les apoyaba desde las sombras.

Se suponía que estaba más que resignado a cumplir mi papel.

Hasta que dejó de ser suficiente.

Quizás fue aquel impulso el que me hizo actuar, salir de mi zona de confort y ponerme a buscar como loco un objetivo. Algo en la vida que me permitiera sentirme como se sentía mi amigo: el centro de todo, con un propósito firme.

Me busqué un sueño cuando la gente que me rodeaba llevaba años trabajando para conseguir los suyos.

Cuando Rian apareció de nuevo, yo llevaba meses con la idea detrás de la oreja, me perseguía y perturbaba en momentos de lo más inoportunos.

Aquellos pensamientos intrusivos empezaron a afectarme mucho más de lo que había llegado a pensar.

Si mi amigo decidía volver a competir con él, yo ya no estaría atado a los duelos.

Ya no tendría que hacer nada por nadie y podría intentar cosas nuevas.

No pude evitar sentirme egoísta por percibirlo como un soplo de aire fresco. Mis cargas ya no eran tan pesadas.

Vi como Aiden y Rian se protegían con un escudo antes de emprender el camino.

Estaban en un entorno rocoso, una especie de acantilado.

Las enormes piedras grises se alzaban como gigantes a su alrededor y la niebla impedía que se pudiera observar con nitidez.

Era el escenario perfecto para que el entorno intentara alguna maniobra de distracción.

Quise gritarle a Aiden que tuviera cuidado, aunque fuera inútil. Yo no estaba a su lado y él no podía oírme.

Rian señaló una dirección con el gesto sombrío, parecía que había localizado al otro dúo.

Giré la cabeza al otro lado de la Arena y vi a sus dos rivales: un chico y una chica de los cuales ni siquiera recordaba el nombre.

Ambos magos estaban preparando una emboscada.

Era evidente que intentarían realizar alguna jugarreta desde el aire.

Me parecía curioso lo rápido que se habían organizado.

En una de las pantallas centrales se podía leer el nombre del equipo, Rynox, y sus iniciales, nada más.

Estaba seguro de que cualquiera de las personas que estaban a mi alrededor sabrían aquel dato.

Aquello no era otra cosa que el claro ejemplo de que no había estado tan implicado con los duelos en ningún momento.

Sin embargo, si alguien me preguntaba por las armas de un soldado, el tipo de grietas que existían y la frecuencia de la apertura de portales… Ahí podía responder sin dudar.

Había encontrado una pasión cuando buscaba una vía de escape.

Los últimos meses había vivido detrás de los apuntes, estudiando sin descanso para los exámenes del ejército que no sabía si conseguiría pasar.

La competencia era brutal y quizás por eso había dejado de lado el resto de mis obligaciones.

Ya no llevaba las asignaturas al día ni acompañaba a Aiden a realizar los ejercicios.

Ni siquiera me ofrecía para acompañarlo en las tardes de estudio en la biblioteca.

Desde la primera prueba había dejado todo para centrarme en aquello y me justificaba a mí mismo diciendo que era mi sueño.

Si no luchaba yo por él, nadie lo haría.

Era lo que me correspondía y tenía que lograrlo.

De esa forma, dejaría de ser un personaje secundario en mi propia vida.

Ninguna de aquellas cosas me las llegaba a creer con los ojos cerrados y en el fondo sabía que había descuidado a mi amigo.

Aiden se había convertido en mi familia, esa que no era de sangre, pero que yo había elegido.

Le debía una disculpa. La primera forma de retractarme había sido dejar de lado todas mis tareas del día para estar allí, a su lado.

Demostrándole que podía contar conmigo. Que estaría para celebrar sus logros y consolarlo en cada fracaso.

Me daba la sensación de que era fácil acompañar a alguien que lo estaba pasando mal. Una parte egoísta dentro de ti se consuela al ver que a los demás les está yendo peor. Para mí, la verdadera prueba de la amistad era celebrar cada éxito de tus amigos sin envidia.

Alegrándote de su felicidad, de cada logro.

Aunque tú no consigas nada y seas un fracasado.

Volví a centrarme en el duelo. Los rivales de Aiden y Rian estaban corriendo sin mucho cuidado, saltando entre rocas e intentando pillarlos de sorpresa.

Lo que aquellos dos magos no habían previsto era que las piedras estaban muy resbaladizas y, en uno de estos saltos, el chico perdió el agarre y se deslizó al borde, cayéndose desde varios metros de altura.

El público gritó en ese momento y yo contuve la respiración. Si uno de los dos quedaba fuera de combate antes de encontrarse con Aiden y Rian, ellos lo tendrían mucho más fácil para ganar.

El mago se incorporó y a parte de una cojera algo evidente, no parecía tener más rasguños.

Los siguientes minutos los pasamos en silencio, controlando la tensión, mientras cada mago iba avanzando hasta el lugar donde se llevaría a cabo el combate.

Justo entonces, Rian salió de detrás de una roca enorme y lanzó un hechizo tan certero que los hizo retroceder de forma inmediata.

Se notaba que había nacido para combatir.

Brillaba con luz propia, aunque pensara que Aiden lo eclipsaba. No era así.

Yo quería ser igual. Quería entrar en el ejército y convertirme en un explorador. Quería hacer bien mi trabajo y ayudar a la gente. No quería la fama que arrastraban los duelos. Quería el reconocimiento propio de haber logrado algo importante.

La certeza me produjo un cosquilleo.

Unos minutos después, me levanté con el resto del público al ver como Rian daba media vuelta y echaba a correr sin mirar atrás. Sus rivales lo siguieron en un acto reflejo. Si algo escapa, algo tiene que perseguir, y en ese momento me di cuenta que los estaba conduciendo a una trampa.

Simplemente lo supe.

La magia de Aiden arrasó con todo. En una de las pantallas gigantes se vio el rostro de mi amigo, con una sonrisa satisfecha que me calentó por dentro.

Los magos rivales se incorporaron con esfuerzo; sus heridas eran aparatosas y visibles. Necesitaban un milagro para que el torneo no fuera una sentencia para ellos.

Los hechizos siguieron atravesando la Arena, los bloqueos destellaron y el público contuvo el aliento cuando la magia de Aiden y la de su rival chocaron con violencia.

Todo pasó demasiado rápido.

Luego sonó el pitido que daba el combate por concluido.

Miré a ambos lados, intentando ver algo, pero habían levantado tal cantidad de partículas que me resultaba francamente imposible.

Luego lo vi, de pie, con el pelo rubio despeinado y las dos manos en dirección al cielo.

Aiden.

—¡Sí! —dijo la persona que estaba sentada a mi lado, de la cual no había sido consciente hasta aquel momento.

—¡Sí! ¡Vamos, joder! —grité dejándome llevar por el momento, aunque me dio la impresión de que había quedado camuflado entre todos los víctores de mi alrededor.

El público rugía, cientos de destellos mágicos inundaban la Arena para celebrar su victoria.

Habían ganado. Competirían en la final.

Aiden y Rian se agarraron de la mano y las levantaron al aire, haciendo que el estadio volviera a rugir con fuerza.

No pude evitar que mis ojos se humedecieran. Me sentía orgulloso de él, del mago en el que se había convertido y de la persona que era. Lo cerca que estaba de lograr su sueño.

No sabía cuánto tiempo podríamos disfrutar de él en su máximo esplendor hasta que su magia se terminara, pero estaba seguro de que conseguiría que generaciones enteras recordaran su nombre.

Bajé de las gradas a paso apurado. Sabía que haber pertenecido al Igrom me daba unos privilegios de los cuales pensaba aprovecharme. Crucé corriendo los pasillos hasta llegar a la puerta de la Arena. Vi a Caleb hablando con Rian y Aiden. Los ojos de este último se iluminaron cuando me vieron.

—Felicidades, por una vez no habéis hecho el ridículo. Incluso puede que vuelvas a ganar y, esta vez, sin mi ayuda. Estoy sorprendido —dije a modo de saludo.

—¡Thiago! —No tardó en acortar la distancia que nos separaba y sonreír como un cachorrito—. ¿Has visto qué bien lo hemos hecho?

—Pasable —respondí.

—Gracias por venir. No sabes lo que significa para mí tenerte a mi lado un día como hoy. Sé que estás haciendo un esfuerzo y te lo agradezco.

Negué con la cabeza. Aiden siempre pensando en los demás, era algo que me hacía sentir cómodo a su lado.

—Sé lo importante que es este día para ti.

Precisamente por eso estoy aquí —afirmé y aquella vez sí que pudo sonreír con ganas—.

Vas a ganar hoy, Aiden, los dos lo vais a hacer —pronuncié aquellas palabras con esfuerzo.

No me gustaba Rian, pero tenía que reconocer que era el compañero perfecto—. Seréis los campeones.

Los ojos de Aiden brillaron ante mis palabras.

—Te prometo que haré lo posible por que así sea. —Se estaba jugando su sueño y todos queríamos ser partícipes de su victoria.

No pudimos hablar mucho más. Acababan de anunciar los otros dos finalistas y tenían que prepararse para el último combate.

Busqué con la mirada la tabla de los clasificados para ver quienes serían sus rivales y una pequeña sonrisa se me escapó de los labios cuando lo vi: Olivier e Igor.

Aiden iba a enfrentarse en la final del campeonato nacional contra sus ídolos de la infancia.