Capítulo 60
El torneo final
Había llegado el día.
La última fase del torneo.
Los tres últimos duelos, siempre que consiguieran alzarse con la victoria en cada uno de ellos.
Un día para celebrar o para llorar, todavía no lo sabía.
Cuando el coche se paró en la puerta del estadio, Caleb se giró desde el asiento del copiloto, evaluándolos con la mirada.
—¿Estáis listos? —preguntó con una pequeña sonrisa en el rostro que pretendía infundirles ánimos.
Ambos magos asintieron, pero ninguno dijo nada. Rian llevaba pensativo toda la mañana y Aiden estaba muy alterado.
—Es la hora, vamos —dijo el entrenador, dando una pequeña palmada antes de bajar del coche.
Aiden se quedó quieto, mirándose las manos. Había entrenado duro, se había preparado a conciencia. Tenía que estar listo y solo podía pensar que no lo estaba. La misma historia de siempre.
—¿Estás bien? —le preguntó Rian, colocándole una mano sobre la suya.
Aiden levantó la mirada hacia su compañero y se perdió una vez más en sus ojos azules, que lo estudiaban con preocupación.
—Estoy nervioso. Siento que… —Dudó unos instantes, buscando las palabras exactas para romper el silencio—.
Nunca me sentiré preparado para una competición.
Pienso que podría haber hecho algunos ejercicios más, practicado las técnicas unas cuantas horas todas las noches, haber corrido un poco más lejos… No sé si me entiendes.
Aiden sabía que su tiempo se acababa y necesitaba demostrarse a sí mismo que lo había aprovechado bien para estar satisfecho.
Rian suspiró y asintió, antes de mostrarle una breve sonrisa.
—Creo que todo el mundo se siente así antes de una competición. No te preocupes, lo has hecho bien. Más que bien, en realidad. Creo que deberías sentirte orgulloso de lo que estás logrando. —Se quedó callado unos instantes antes de continuar—. Yo lo estoy de estar a tu lado.
Aiden levantó las cejas, algo sorprendido por la confesión de su compañero.
En cuanto bajaron del coche, los reporteros enseguida se lanzaron sobre ellos. Los micrófonos empezaron a ocupar su campo de visión y no tuvo más remedio que detenerse.
—Ashton, ¿qué tal estás? ¿Cómo te ves de cara a esta competición? ¿Estás nervioso? —preguntó uno de los reporteros.
—Todo está bien —dijo Aiden sonriendo, mostrando una tranquilidad que en el fondo no sentía—. Mi compañero y yo hemos entrenado duro y tenemos buenas sensaciones.
—Todavía no habíamos tenido la oportunidad de preguntarte al respecto. La noticia de que volverías a la Arena con Rian Kane, tu compañero de la secundaria, sorprendió al mundo. ¿Qué nos puedes decir al respecto?
—Bueno, no hay mucho que contar. Fue una sorpresa reencontrarnos de nuevo y teníamos que aprovechar la oportunidad.
Habéis podido ver en las dos primeras fases lo bien que funcionamos juntos.
No hay mucho más que decir —respondió con seguridad antes de compartir una mirada llena de significado con su vínculo.
Como siempre, las preguntas para conocer todos los entresijos de su vida personal estaban a la orden del día.
—¿Qué os pasó después de tu primer año en la escuela superior? ¿Por qué os separasteis? —preguntó uno de los reporteros.
—Se rumoreaba que habíais tenido muchos problemas. ¿Han quedado en el pasado o crees que volveréis a separaros de nuevo? —lo interrumpió otra reportera.
No tenía tiempo para responder. Otro periodista lanzaba una pregunta más al aire y Aiden sentía que se estaba agobiando.
—¿Crees que será tu compañero definitivo? El talento de Rian siempre ha sido una de sus cualidades más nombradas. ¿Crees que lograrás estar a su altura? —añadió un chico joven, acercándole el teléfono a la cara mientras que otro lo grababa desde atrás.
Aiden apretó los dientes, algo enfadado.
Estaba harto de que todos estuviesen más interesados en su vida personal que en sus logros o en su preparación mágica y física.
No tenía intención de contarles nada que no supieran ya pero antes de poder esquivar las preguntas, Rian acortó la distancia que los separaba y le puso una mano sobre el hombro.
—Aiden y yo necesitábamos tiempo para crecer individualmente antes de seguir compitiendo juntos.
Para mí no fue fácil gestionar toda la presión que tenía y me ha llevado tiempo estar a la altura de un mago como él —dijo con la voz calmada, parecía que lo llevaba practicando delante del espejo toda la semana.
Muchos de los reporteros asentían, embelesados ante las palabras de su compañero y eso lo hizo suspirar aliviado.
Cuando competía con Thiago todavía eran menores de edad y tenían muchos procedimientos que los protegían ante las preguntas. En aquel momento, una de sus labores como duelistas era contentar a los fans y, por consiguiente, a los periodistas.
—Rian, en vuestros combates previos pudiste demostrar una técnica muy superior a la de tu compañero. ¿Ya estáis más igualados o volveremos a verte sobresalir?
Al haber intervenido había desviado la atención a él. Por suerte no necesitaba ayuda, siempre se había desenvuelto muy bien con un micrófono delante.
Rian dejó escapar una ligera carcajada irónica.
—Si creéis que era yo el que sobresalía en los duelos estáis equivocados. Aiden es el mago más increíble que conozco y me siento afortunado de que me deje competir a su lado.
Aquella afirmación sorprendió a todos. Aiden miró a su compañero con el agradecimiento escrito en su mirada porque notó, a través de su vínculo, que todas las palabras que había dicho Rian las sentía de verdad.
Los periodistas empezaron a lanzar más preguntas al aire, pero ninguno de los dos estaba prestando atención.
Se despidieron de forma cordial mientras los flashes los seguían a medida que se alejaban.
Caleb estaba hablando con los organizadores cuando los dos magos llegaron a su lado.
—Ya podéis pasar —dijo el entrenador—. Obviamente van con retraso y ahora quieren agilizar los trámites para que entréis en la Arena dentro de media hora.
Es increíble como las competiciones estudiantiles cometen siempre los mismos errores, año tras año.
—Caleb negó con la cabeza cansado—. ¿Cómo os sentís?
—Nerviosos —respondió Aiden por los dos. No necesitaba preguntarle a su compañero cómo se sentía, lo sabía de sobra.
—Bien, pues si esto es todo, creo que solo os puedo desear suerte. Intentad hacerlo lo mejor que sabéis. —Caleb levantó los pulgares, como gesto para infundirles ánimo.
Aiden suspiró antes de mirar la puerta del estadio que los llevaría a la Arena. Los habían colocado en la quinta posición, por lo cual estaba a punto de ser su turno. Uno de los organizadores los llamó para que avanzaran hasta la posición indicada y anotó sus datos en una tablet .
—¿Estás listo? —preguntó Rian, mirándolo con confianza.
—Llevo esperando este momento dos años, estoy más que preparado.
Rian sonrió, dejando entrever los dientes.
—Perfecto —respondió y ambos chocaron el puño antes de avanzar.