Capítulo 54 - Rian
Los vencedores
Hacía tiempo que no dormía tan bien, quizás desde la última vez que habíamos compartido cama.
Cuando conseguí abrir los ojos, después de parpadear intentando acostumbrarme a los rayos de sol que entraban por la ventana, Aiden todavía estaba dormido.
Tenía la boca abierta y respiraba irradiando paz.
No pude evitar sonreír al verle en aquella situación.
El día anterior había conseguido ganarme sin ningún tipo de problemas y todavía notaba una pequeña punzada en el pecho al darme cuenta de lo poderoso que se había vuelto.
Necesitaba esforzarme para estar a su nivel.
Le cogí con cuidado uno de los mechones de pelo que le caían sobre la frente y se lo aparté con cariño. Sabía de sobra que Aiden todavía necesitaba tiempo para aprender a confiar de nuevo en mí y pensaba esforzarme todos los días hasta lograrlo.
Una media hora más tarde, mi compañero abrió los ojos. Lo sentí porque se empezó a remover entre mis brazos como si no encontrara la postura exacta para sentirse cómodo.
—Buenos días —susurré contra sus labios.
—Buenos días —respondió con la voz ronca.
Primero me encontré con sus ojos a través de sus pestañas, con la mirada adormilada.
Luego me sonrió, y estuve a punto de hacerlo yo también, aunque fuera sin motivo aparente, solo por verlo a él feliz.
Y, por último, juntó sus labios con los míos, borrando de un plumazo todas mis preocupaciones.
El piso estaba en silencio y no parecía que Thiago estuviera en casa. Después de desayunar, fuimos directos a hablar con Caleb. No nos había citado a ninguna hora en concreto; sabíamos de sobra que estaría allí. Los duelistas que pasaban a la siguiente fase se anunciaban aquel día.
Estuvimos hablando de todo y nada, intentando que no se nos notara el nerviosismo que sentíamos en cada poro de nuestra piel.
Si no conseguíamos pasar la eliminatoria, sería un golpe muy duro para nosotros.
Estaba seguro de que lograríamos recomponernos en poco tiempo e intentarlo de nuevo en la siguiente convocatoria, pero no quería ni imaginarme la decepción que sentiría Aiden.
Yo había sido siempre su apuesta segura y detestaría decepcionarlo.
El camino al campus fue mucho más largo de lo que esperaba. Estaba acostumbrado a vivir en la residencia de estudiantes, que se encontraba mucho más cerca, y aquellos veinte minutos a paso apurado se me hicieron eternos. Quizás los nervios tampoco ayudaban a mantener la calma.
Cuando llegamos al despacho de Caleb, tenía la frente húmeda por el sudor.
—Hola chicos, pasad. ¿Qué tal habéis descansado?
—Hacía tiempo que no dormía tan bien —le contestó Aiden, sentándose primero en una de las sillas—. Fueron unas pruebas más duras de lo que pensaba.
—Cierto, yo tampoco pensé que fueran a complicarlo tanto. Ha debido de haber algún problema con otros clasificados, porque realmente muy pocos equipos consiguieron completar las dos primeras fases en tiempo y forma.
—¿No han salido los resúmenes? —pregunté sentándome en la otra silla, mirando al entrenador con curiosidad.
El día siguiente a las pruebas solían publicarse, aparte de los resultados, las grabaciones resumen de todos los equipos y un comentario de uno de los jueces, donde daba las indicaciones a mejorar para el siguiente torneo.
—Todavía no. Solo han publicado la lista de los que han pasado a la siguiente ronda. No la he visto, he querido esperar para hacerlo con vosotros.
—¿Cuántos equipos han pasado? —preguntó Aiden, a pesar de que sabía de sobra que ya habíamos hablado del tema.
Parecía a punto de desmayarse.
—De todos los participantes pasan seis de forma directa a la siguiente fase y dos por votación del público. Ocho en total.
—Vale, vale.
—¿Podemos ver nuestros resultados ya? —intervine yo, nervioso.
—Sí, dejadme que entre en la plataforma.
Mientras Caleb tecleaba en el ordenador, vi como Aiden movía la pierna de forma distraída. Aquello me traía muchos recuerdos, nunca era capaz de mantener la calma antes de una noticia importante.
Le puse la mano en la rodilla hasta que el movimiento cesó por completo y, poco después, sentí sus dedos rozar los míos. Entonces los entrelazamos, intentando darnos ánimo el uno al otro.
Caleb giró la pantalla del portátil, haciendo que pudiéramos ver la imagen sin problemas.
—¿Estáis listos?
Ninguno dijo nada en voz alta. Asentimos con la cabeza y nos echamos hacia delante en las sillas para poder leer con facilidad el documento que iba a aparecer en la pantalla.
El clic del ratón sonó mucho más fuerte de lo que esperaba y mis ojos volaron por la pantalla para intentar averiguar el resultado lo antes posible.
En las primeras líneas daban la enhorabuena a todos los participantes que habían logrado pasar las pruebas con éxito y, un poco más abajo, aparecían los doce magos y los seis equipos que habían pasado a las semifinales:
Gary y Oxie, del Rynox.
Maeve y Chrisa, del Duzem.
Kris y Sam, del Runam.
Olivier e Igor, del Igrom.
Finn y Danny, del Ravok.
Kelsey y Adrik, del Caerum.
No ver el nombre de nuestro equipo me sentó como un jarro de agua fría.
Me quedé paralizado, pero si no dije ni hice nada fue porque noté una pequeña descarga en la mano que sujetaba la de Aiden.
Desvié la mirada a mi compañero y lo vi con una pequeña sonrisa en el rostro, lo que hizo que volviera a prestar atención a la pantalla.
Debajo de los seis equipos que pasaban a la semifinal de forma directa, estaban los dos equipos elegidos por el público: Kate y John, del Vorlam; Aiden y Rian, del Igrom.
Se me escapó un jadeo de entre los labios, como si todavía me costara creerme lo que estaba viendo.
—Bueno, creo que son muy buenas noticias —comentó Caleb, sonriendo—. Teniendo en cuenta que os movisteis como pollos sin cabeza durante la primera fase de la prueba, lo habéis conseguido.
La sonrisa de Aiden se convirtió en un gesto de molestia.
—¿Y de quién es la culpa de que nos moviéramos como pollos sin cabeza, entrenador? Sigo sin creerme que nos mintieras en algo tan importante. Han pasado dos meses y lo pienso y me hierve la sangre.
—Técnicamente no os mentí, os oculté información, que no es lo mismo. Si ninguno de los dos os hubierais comportado como unos críos resentidos, esto no habría pasado.
Discutir con Caleb no nos iba a conseguir nada.
Él tenía su idea arraigada y había actuado en consecuencia.
Los casi diez años de edad que nos separaban de él hacían que considerara que tenía ciertos derechos sobre nosotros, cuando no podía estar más equivocado.
Él ignoraba el camino que habíamos transitado y en base a qué habíamos tomado las decisiones en el pasado, pero nada le iba a hacer cambiar de parecer.
Justo cuando estaba a punto de levantarme noté como Aiden se tensaba a mi lado.
—Ocultar una información tan relevante para una competición está tan mal por tantas razones que dudo muchísimo que la junta del Igrom te haya dado luz verde para hacer algo así.
—No me esperaba que fuera a contestarle, ni que le dijera las cosas de forma tan clara—.
La base de los duelos está en la confianza y, si no puedo confiar en mi entrenador o en mi compañero, los resultados no serán los que buscamos.
Puedo entender que hayas jugado tu baza y tienes suerte de que al final haya salido bien.
Si Rian y yo no hubiéramos aceptado volver a competir juntos, me gustaría saber cómo lo justificarías.
Caleb se inclinó sobre la silla y se llevó las manos a la cara. Parecía que las palabras de Aiden habían calado de alguna forma en él y yo no podía hacer nada que no fuera estar sorprendido.
—Tienes razón —dijo al final, volviendo a mirar a mi compañero—.
Tienes toda la razón y me disculpo por ello.
Siento mucho haberte puesto en una tesitura así.
Veía de forma tan obvia que estabais hechos el uno para el otro que no pude rendirme hasta conseguirlo.
Si no hubiera salido bien habría perdido mi credibilidad y mi puesto.
Estaba dispuesto a jugármelo todo por vosotros.
Aiden asintió, satisfecho.
—¿Y cuál es el plan ahora? —pregunté.
—Estoy preparando un entrenamiento mucho más personalizado para vosotros y para Olivier e Igor, que sois los cuatro que pasasteis a la siguiente ronda.
Los demás empezarán a prepararse para el torneo del año que viene.
No tenemos tiempo y hay muchas cosas que hacer.
Habéis mejorado una barbaridad en este mes, aunque estáis lejos del objetivo.
Con el plan que tengo entre las manos, cuento con que vosotros os volváis a compenetrar tan bien como hace años en las próximas dos semanas.