Capítulo 52 #2
—¿Cómo que no? —Aiden no se podía creer que todo aquello fuera a continuar.
Apenas le quedaban fuerzas, había sometido a su cuerpo a un desgaste físico brutal; lo había llevado hasta el extremo. Necesitaba descansar y dormir.
A pesar de todas las cosas que se le estaban pasando por la cabeza, intentó que las cámaras no captaran su expresión desolada.
—Sé que estáis cansados y ese era el objetivo este año. No os preocupéis, solo queda la última parte.
El entrenador los evaluó de arriba a abajo, revisando las condiciones en las que habían salido de la prueba. Después se aclaró la garganta antes de hablar.
—Os presento a Alexander Hughes —comentó señalando al hombre que estaba a su espalda mirándolos con curiosidad—. Acompañará a Rian hasta la siguiente prueba.
Aiden parpadeó confuso. Normalmente, las preparaciones se hacían en pareja.
No tenía sentido que los separasen y que luego tuvieran que hacer un punto en común previo a entrar en la Arena.
Antes de que pudiera reaccionar, Caleb lo agarró del codo y empezó a tirar de él, llevándolo hacia una de las esquinas.
—No te preocupes por Rian, Hughes es médico. ¿Tú estás bien? ¿Te duele algo?
El enfermero del Dorogoy que los había acompañado le empezó a revisar todas y cada una de las heridas, curándole una detrás de otra. Caleb estaba nervioso y se movía de forma extraña. Sus manos le temblaban y una pequeña sonrisa le tiraba de las comisuras, aunque él intentara evitarlo.
—Estoy bien. ¿Qué está pasando? —preguntó Aiden, incapaz de seguir con aquella incertidumbre.
Sus ojos observaban todo a su alrededor con preocupación.
No había nada destacable, al menos no lo apreciaba a simple vista, pero notaba que algo iba mal.
El público estaba sentado en las gradas, los organizadores corrían de un lugar a otro y los periodistas estaban preparándose para empezar a transmitir—. ¿Va a haber un duelo?
—Este año han cambiado las pruebas del campeonato, ya lo sabes.
En primer lugar, el camino por los túneles era la segunda eliminatoria.
Lo habéis hecho francamente bien y no creo que debáis preocuparos por nada.
Nadie se preparó para una prueba de ese estilo.
Todavía no entiendo cómo vosotros os las habéis arreglado para superarla sin mayor dificultad.
—Caleb lo miraba a los ojos, preocupado porque entendiera todo lo que le estaba diciendo—.
La primera prueba, la de hace un mes, consistía en sobrevivir.
En esta segunda el objetivo consistía en salvar al compañero.
Rian llevaba desde que cruzasteis la barrera buscándote en esos túneles.
En cuanto os separasteis sintió a través de vuestro vínculo que algo iba mal.
—No fue casualidad que mi apoyo fallara en el último momento —respondió, empezando a entender—. Ni que Rian llegara en el último segundo.
—No, no lo fue. En este caso vuestros papeles fueron echados a suertes, uno tendría que rescatar y el otro ser rescatado.
Uno de los dos tendría muchísima más presión durante toda la prueba y se agotaría más, el otro tendría un camino más duro.
Cada opción desgastaría a ambos magos: una de forma más psicológica, la otra más física.
—Vale, ¿y ahora?
—Ahora tendréis que enfrentaros el uno al otro.
Aiden abrió mucho los ojos, sorprendido.
Aquello no entraba en sus planes. Jamás habían puesto una prueba similar y rozaba lo absurdo.
Combatir uno contra el otro no tenía sentido, se conocían a la perfección: cada movimiento de manos, cada hechizo, cada bloqueo.
Lo habían ensayado juntos millones de veces.
Sabrían cómo reaccionaría el otro ante cada situación, lo notarían en su vínculo.
El corazón le empezó a palpitar por la anticipación.
Aiden apartó la mirada y buscó la de Rian al otro lado de la Arena.
El chico clavó sus ojos azules en él, lo había sentido.
Los separaban algo menos de diez metros, pero Aiden podría jurar que Rian era capaz de oír sin problemas los latidos de su corazón.
Durante unos instantes ambos se quedaron quietos, empezando a ser conscientes de lo que estaba a punto de suceder.
Siempre habían competido juntos. Primero por obligación y después por cómo se complementaba su magia.
En el fondo, sabía que ambos habían aspirado siempre a ser el mejor.
En aquel momento, la posibilidad de tener un duelo real empezó a hacerse palpable entre ambos.
Antes de darse cuenta, se estaban sonriendo desde la distancia.
—No tengo permitido darte ningún consejo, así que espero que lo hagas lo mejor que puedas. Dadnos un buen espectáculo —le pidió Caleb acompañando las palabras de una palmada en la espalda.
Aiden asintió, emocionado. El corazón le latía a toda velocidad. Las manos le sudaban y todo su cansancio había desaparecido. Estaba impaciente.
Unos minutos después, los dos magos se encontraron en medio de la Arena. Ninguno había tenido tiempo de cambiarse, vestirse o prepararse de alguna manera. Iban a tener que improvisar sobre la marcha.
Las normas eran simples: el combate duraría un máximo de cuarenta y cinco minutos y ganaría quien dejara fuera de juego al rival. En caso de que eso no pasara, se evaluarían las destrezas mostradas en base a una escala de puntos.
En una de las pantallas del estadio una cuenta atrás mostraba los segundos que faltaban para que comenzase el combate. Rian dio un paso en su dirección y le tendió la mano.
—Hace años estaba convencido de que era mejor que tú —empezó y Aiden le sonrió sin poder evitarlo.
Luego le apretó la mano con fuerza—. Ahora sé que no tengo nada que hacer contra ti y contra el poder que tienes, pero pienso hacer uso de todas tus debilidades para ganar el duelo.
No siempre gana el mejor. Espero que hagas una actuación memorable, o quedarás en ridículo delante de todo el mundo.
Aiden se pasó la lengua por los labios antes de contestar, reprimiendo una carcajada. Rian era un mago excepcional y tener más poder no le aseguraba la victoria. Sin embargo, estaba dispuesto a intentar cualquier cosa.
—Hace años eras mejor que yo. Ya no es así. Yo lo sé, tú lo sabes… —le guiñó el ojo y una mueca divertida adornó los labios de su compañero—. Ganaré y me guardaré la victoria como prueba de que toda la prepotencia que mostrabas en el pasado, no tenía fundamento.
—Te cerraré la boca —respondió el otro sin perder la sonrisa.
—Depende de cómo.
—Primero en la Arena.
—Dímelo en veinte minutos.
—Me sobran quince.
—Veremos.
Ambos se sonrieron abiertamente. Era un momento muy especial para ellos.
—Que gane el mejor —añadió Aiden, cinco segundos antes de que terminara la cuenta atrás, levantando el puño en su dirección.
—Que gane el mejor —respondió Rian, chocándoselo, justo antes de cruzar la barrera y que diera comienzo el combate.