Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 51
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Capítulo 51

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—¡Ey, prodigio! —gritó Olivier cuando entró en la sala de entrenamientos y se encontró con Aiden estirando en el suelo.

Había estado ejercitándose durante un par de horas y en aquel momento repetía la rutina que le había facilitado Caleb. Y aunque aquella parte del ejercicio era la que menos le gustaba, necesitaba que sus músculos estuvieran preparados.

—¿Qué tal? —preguntó Aiden con una sonrisa, fijándose en el chico. Para su sorpresa, Igor no venía con él—. ¿Dónde has dejado a tu sombra?

—Se ha enfadado conmigo —dijo despreocupado—.

El entrenamiento de ayer fue intenso y tras las vacaciones está más susceptible que de costumbre.

O igual fue que me comporté como un capullo.

Le daré el tiempo que necesita y luego me disculparé como es debido —aclaró antes de sentarse a su lado en el suelo.

Aprovechando que tenía compañía, Aiden lo utilizó para que le ayudara a hacer algunos ejercicios que se realizaban mejor con ayuda.

Media hora después, ambos tenían una película de sudor sobre la frente.

—¿Haces esto de forma habitual? —preguntó Olivier sorprendido.

Aiden sonrió.

—Tres veces a la semana —aclaró.

—Joder.

—Ya.

—Vas a tope con la segunda parte del torneo.

—Yo siempre estoy a tope —contradijo.

—¿Cómo van las cosas con Rian? —preguntó Olivier cambiando de tema. Aiden se secó el sudor con la toalla y alzó una ceja ante aquella repentina curiosidad—. No me mires así. Me contaste una historia jugosa y me gustaría saber cómo va a terminar.

—Mi vida no es la nueva temporada de la serie que te gusta.

—Por ahora. Cuando seas famoso, famoso de verdad, igual lo plantean.

—Lo dudo mucho. —Sonrió divertido—. Con Rian bien, la verdad. Creo que hemos dejado todas las cosas claras y ahora solo hay que aprender el uno del otro. No somos las mismas personas que hace dos años, pero sigue siendo él para mí.

—Entiendo. No va a ser fácil, confía en que merecerá la pena.

—Eso espero. ¿Cómo será la segunda eliminatoria del torneo? ¿Crees que habrá duelos como tal?

Olivier se llevó el dedo a los labios y se dio unos toquecitos sobre ellos, pensativo.

—Pues te diría que sí, aunque como cada año hacen alguna cosa rara, no lo sé. Si tengo que apostar por algo, te diría que alguna prueba de habilidad y un duelo.

—Será duro.

—Siempre lo es —aceptó—. Quizás, incluso nos lleguemos a enfrentar en alguna ocasión.

Aiden sonrió porque la simple idea de estar en un duelo con Igor y Olivier le hacía estremecerse de la anticipación. Eran sus referentes. Si ya se emocionaba con poder entrenar con ellos, en un combate oficial…

—Ojalá —respondió y el sonido de la puerta le hizo volverse.

Rian apareció con ropa de calle y cara de cansado. Daba la impresión de que había ido directo del aeropuerto.

—¿Acabas de llegar? —le preguntó Aiden.

—Sí, he aterrizado hace una hora. Ni siquiera he pasado por la habitación todavía —explicó señalando la mochila que llevaba colgada sobre el hombro.

Los tres estuvieron intercambiando un par de impresiones sobre la planificación del entrenamiento de los últimos días antes de la competición, hasta que Olivier se disculpó y los dejó a solas.

Habían estado separados pocos días y, aun así, Aiden lo había echado de menos.

—¿Qué tal tu madre? —le preguntó Rian interesado, a pesar de que habían mensajeado a diario.

—No quería que volviera tan pronto. Luego le dije que estaría allí otra vez en unas semanas para la boda de mi padre y se puso más contenta.

—Te echa de menos —afirmó Rian.

—¿Qué tal la despedida con los tuyos? ¿Te volvieron a sacar el tema de los duelos o mi nombre?

Rian negó con la cabeza. El hecho de revivir aquella conversación lo llevaba por el camino de la amargura.

—Pues no. Supongo que me puse mucho más serio que de costumbre o quizás las palabras que utilicé fueron las apropiadas, no lo sé.

Lo único que tengo claro es que saben que voy a intentar ser tu compañero una vez más y no tienen nada que decir al respecto —sentenció y elevó la mano para darle una caricia—.

Ojalá la próxima vez vengas conmigo. Mis padres me preguntaron si irías pronto y yo te eché de menos.

Un suave color rojizo adornó las mejillas de Aiden.

—Y yo a ti.

Los dos acortaron la distancia que había entre ellos con la sensación de que habían pasado siglos desde su último beso.

…

Los días se sucedieron unos a otros. A las tardes de entrenamiento les siguieron breves carreras nocturnas, y los fines de semana los pasaban encerrados entre las cuatro paredes del gimnasio.

La rutina que habían mantenido hasta aquel momento se quebró, obligados por la necesidad de entrenar y de llegar lo más preparados posible a la segunda eliminatoria.

Hasta el día siguiente a la prueba no conocerían si estaban entre los pocos afortunados que se clasificarían para la final, y esa espera irritaba a Aiden.

No era la primera vez que los organizadores tomaban una decisión así, pero siempre tenía un componente negativo: que había muy pocos aspirantes que pasaban de fase.

Los eventos como aquel movían mucho dinero, tanto del público asistente como de los patrocinadores que llenaban la Arena con sus logos.

Vendía mucho más que hubiera cien equipos en las primeras dos pruebas que solo diez en la segunda.

Había mucha gente viendo la retransmisión desde sus casas, lo que se traducía en muchos ojos puestos en las marcas. Más dinero, era simple.

Quizás por eso llevaba un mes con una falsa calma instalada en el cuerpo.

Sabía que tenía que esforzarse y, al mismo tiempo, podía ser que todo estuviera perdido de antemano.

No podía creer que, sin haber entrenado juntos antes, aquella actuación les hubiera hecho pasar de fase, pese a haber conseguido las dos runas a tiempo.

Aun así, intentaba mantenerse animado y verlo como una forma de entrenamiento. De exigirse más a sí mismo y superarse.

Al llegar a casa, se encontró a su amigo en el salón. Estaba tan concentrado en algo que aparecía en la pantalla de su ordenador que ni siquiera pareció ser consciente de su presencia.

—Buenas —saludó, pero solo recibió un par de ruidos como respuesta, que difícilmente se podían categorizar como algo más que gruñidos. Aiden fue hasta el sillón y se asomó por encima del hombro de su amigo—. ¿Qué haces?

No tuvo que esperar para recibir una respuesta. La pantalla de carga finalizó y dejó a la vista la confirmación de compra de una entrada para la final del torneo.

—La tengo —dijo Thiago con satisfacción.

Aiden parpadeó confuso.

—¿Por qué has comprado una entrada?

Aquella pregunta no era tan simple como parecía.

—Porque quiero ir —respondió Thiago como si fuera la mayor obviedad.

—¿Y yo?

—Aiden, voy a verte a ti.

—Es para la final —repitió como si no terminara de creerse que su amigo no hubiera pensado en todas las posibilidades.

—Aiden, no seas agonías, ¿quieres? —protestó Thiago poniendo su habitual gesto de hastío—. Todos sabemos que vais a pasar a la final. El resultado de esta no lo podemos predecir, pero cuanto antes aceptes que eres uno de los mejores magos de nuestra generación, mejor.

—No sé por qué tus halagos suenan a crítica… Intentaré hacerte caso una vez más y ganar pasado mañana.

No se consideraba un mago fuera de serie ni mejor que nadie.

Solo había trabajo y constancia detrás de lo que había conseguido.

Aunque tenía que darles parte de razón. Si Thiago confiaba tan ciegamente en él quizás debería empezar a creérselo también.