Capítulo 49 - Rian
Confesiones
Hablar de sentimientos nunca había sido mi fuerte. Me costaba encontrar las palabras adecuadas para describir algo que tampoco llegaba a comprender del todo.
Con Aiden era diferente. Quizás no al principio, pero desde hacía un tiempo la honestidad era más fácil si era con él.
Ya no me costaba tanto abrirme, ni tenía miedo a ser vulnerable.
Me habría encantado que él se sintiera de ese modo conmigo también.
Que pensara que le complemento partes; que le sumaba.
Tampoco me echaba para atrás lo contrario.
Si no estaba en ese punto, si lo que había en él no era tan claro como en mí, no me importaba.
Podía esperar. Había esperado mucho tiempo. Un poco más no era nada.
En ese momento fui consciente de que, hasta entonces, nunca le había confesado mis sentimientos en voz alta. Que quizás había dado por hecho muchas cosas. Y aquella carta solo había aumentado la su intranquilidad.
Cogí aire despacio. Estaba agitado, como si hubiera salido a correr.
—Sé que lo hice mal —mi voz tembló—, y creo que te he pedido tantas veces perdón que ya no se me ocurren otras maneras de hacerlo.
No puedo obligarte a que me creas, lo que sí que necesito es un voto de confianza.
Me ganaré el resto con actos. Lo que necesito que entiendas es que, si vas a querer huir a cada paso que demos, no conseguiremos nada.
Un pitido sordo en los oídos me recordaba que estaba al borde del colapso. Mis manos se agitaban sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Le había abierto mi corazón de par en par una vez más. No podía obligarle a quererme, pero sí exigir un mínimo de su parte.
—Tú me quieres —repitió, y no supe cómo sentirme respecto a que, con todas las cosas que le había dicho, solo se hubiera quedado con esa.
Intenté convencerme a mí mismo de que era algo bueno.
—Sí, claro que sí, pensaba que era evidente.
—¿Por qué?
—¿Por qué qué?
—¿Por qué me quieres?
—¿Qué tipo de pregunta es esa?
—Una de la que necesito conocer la respuesta. ¿Qué hay en mí que pueda gustarte tanto? ¿Me querrás incluso cuando la magia desaparezca?
Aparté la mirada. Me dolía que no viera lo que yo sí veía en él. Me daba vergüenza abrirme de ese modo, aunque estaba determinado a hacerlo igualmente.
No quería que dudara ni un segundo de todo lo bueno que había en él.
—Porque eres bueno y te preocupas por los demás.
Eres valiente y decidido y jamás vi a alguien luchar por sus sueños con tanta determinación.
Tienes sentido del humor y me divierto mucho contigo.
Por supuesto que admiro tu poder y tu fortaleza, pero también me gusta la forma en la que nos complementamos.
Has hecho que mire todo con otros ojos. Me he vuelto menos egocéntrico y egoísta.
Me gustan esas partes nuevas de mí que son gracias a ti.
La magia es una cualidad más, como tu pelo rubio.
Me seguirás gustando cuando se vuelva gris y me seguirás gustando cuando no tengas magia.
—Cogí aire y volví a centrarme en él—. ¿Te valen esas respuestas?
Los ojos ámbar, fríos como el hielo al inicio de la conversación, se habían ido derritiendo. En aquel momento me miraban como siempre quise que lo hicieran.
—Eres un romántico —respondió él con una sonrisa avergonzada.
No me gustaba aquel tipo de conversaciones y mi compañero lo sabía de sobra. De todas formas, si era lo que él necesitaba para sentirse cómodo conmigo, lo haría una y otra vez sin dudar.
—Otra nueva faceta que desconocía de mí —continué con la broma.
Las manos de Aiden subieron hasta mis mejillas y se acercó tanto a mí que estuve a punto de cerrar los ojos esperando un beso que no llegó.
Su nariz rozaba la mía, sus manos me aferraban con fuerza y su cuerpo desprendía un calor agradable. Ansiaba esconder mi rostro en su cuello y hacer que el mundo se detuviera unos instantes.
Se pasó la lengua lentamente por los labios y yo memoricé el momento. Luego su mano en mi pelo afianzó un poco más el agarre, para terminar de acortar la distancia que nos separaba.
Sus labios rozaron los míos un par de veces, antes de profundizar el beso. Su calidez me embriagó por completo en el momento en el que su lengua se encontró con la mía. Cerré los ojos y olvidé lo que no importaba en aquel momento. Lo que no era Aiden.
—Tienes toda la razón —susurró contra mis labios.
—Lo sé, pero ¿en qué?
Él sonrió y me arrastró con él.
—Sin que sirva de precedente, en todo lo que has dicho.
No podemos lograr nada si no estamos cien por cien comprometidos.
Tengo que dejar de pensar que vas a volver a marcharte.
—Cogió aire por la nariz y lo soltó lentamente por la boca—.
Voy a confiar en ti una vez más. Porque nos lo merecemos.
Porque deseo tanto esa victoria como tú y… Y porque te quiero.
Había pocas palabras que desencadenaran una reacción tan fuerte en mí y acababa de descubrir que aquellas eran dos de ellas. Mis manos rodearon su cintura y lo apreté con fuerza, no quería que existiese ni una sola molécula de aire que nos separara.
—Te prometo que esta vez será diferente. Esta vez seremos tú y yo contra el resto.
—Y ganaremos.
—Por supuesto. Es el único resultado posible.
Aiden sonrió y me dio la sensación de que aquello también era una pequeña victoria.
—¿Qué haces el último fin de semana de enero? Me gustaría que me acompañases a un sitio.