Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 47
66%

Capítulo 47

La mentira

Aiden dejó que el agua caliente resbalase por su cuerpo durante más tiempo de lo normal.

No tenía fuerzas ni ganas de afrontar la realidad que lo esperaba tras aquella puerta.

No quería tener que contarle nada a Rian, pero al mismo tiempo deseaba que estuviese a su lado si al final decidía asistir a la boda de su padre.

Dos suaves golpes en la puerta hicieron que volviera al presente.

—¿Va todo bien? —preguntó Rian desde el otro lado.

—Sí, salgo ahora —contestó elevando la voz para que pudiera escucharlo a través del agua.

—¿Quieres algo en concreto o pillo lo que vea?

No tenía mucha hambre, aunque se suponía que, si no metía nada en el cuerpo en aquel momento, luego se arrepentiría.

—Lo que cojas para tí para mí también vale —aceptó.

—Si se te ocurre algo que necesites, llámame. Tienes ropa seca en el cajón de la mesilla —le dijo antes de que Aiden escuchara como se cerraba la puerta de la habitación con un golpe sordo.

Después de haberse secado, salió del baño y fue directo hasta el mueble que Rian le había indicado. Sobre él seguía estando la foto que tenían juntos y Aiden no pudo evitar sonreír al verla.

Buscó en los cajones algo para ponerse. El primero estaba ocupado por cargadores, auriculares, un reloj, un par de pulseras y la cartera.

No tocó nada y lo cerró sin pararse a cotillear.

En el segundo estaba la ropa interior, por lo que cogió unos calzoncillos y un par de calcetines y se los puso.

Por último, abrió el cajón donde estaban los pijamas.

Bueno, la ropa vieja que Rian utilizaba para dormir.

Buscó entre las prendas y al final se decidió por un pantalón de chándal y una camiseta agujereada.

Cuanto tiró de esta última, algo se cayó al suelo, al lado de su pie.

Mientras se vestía, se fijó en el sobre de color blanco que había sido abierto por uno de los laterales sin mucho cuidado.

Aiden se agachó para recogerlo. Tenía la firme intención de guardarlo y dejarlo donde estaba, hasta que vio de refilón el sello que había en una de las esquinas.

Las dos banderas cruzadas y la corona eran los elementos más reconocibles del país: el sello del ejército.

El chico intentó mantener la calma, pero había sido un día muy largo y sus sentimientos estaban a flor de piel. Notaba que se le estaba formando un nudo en el pecho y él solo quería meterse en cama y que el día terminara de una vez por todas.

Echó una mirada por encima del hombro hacia la puerta por la que había salido Rian hacía un par de minutos y supo que tenía el tiempo justo antes de que lo pillara.

Obviamente, la idea de esperar a que volviera y pedirle explicaciones ni siquiera se le pasó por la cabeza.

Aiden abrió el sobre y desplegó la carta.

La textura del papel ya dejaba entrever que era importante.

La fecha llamó su atención: veinticuatro de septiembre de ese mismo año.

Se obligó a pensar que tenía que haber una explicación. Seguro que se estaba precipitando al pensar cosas que no eran.

Estimado señor Kane:

Nos complace informarle que, tras estudiar en profundidad su perfil y su trayectoria profesional, su solicitud ha sido admitida.

Dada la naturaleza de los viajes y debido al incremento de presencia de las grietas en la zona, deberá presentarse junto a su acompañante el próximo sábado día uno de enero en el Cuartel General del Ejército para…

Rian había vuelto a solicitar plaza en el ejército con su hermano y la fecha efectiva era el primer día del año. Dentro de tres semanas. Aiden no entendía nada.

Giró el papel como si esperara ver algo que le diese a entender que era una broma. No lo encontró.

El aire del cuarto se había vuelto denso, no fluía lo suficiente como para llenar sus pulmones.

Su cabeza estaba dándole vueltas a aquellas palabras y se sintió incapaz de gestionar la situación. No podía. Con las manos temblorosas volvió a meter la carta en el sobre y, sin pensar bien lo que estaba haciendo, la metió en el bolsillo del pantalón.

Se llevó las manos a la cara y después las deslizó por su pelo, despeinándose. No tenía tiempo ni ganas para otra preocupación así. Necesitaba tener la cabeza despejada. No podía gestionar todo aquello.

Los sentimientos que le habían atormentado durante las últimas horas tomaron el control de su cuerpo. Antes de pensar dos segundos lo que estaba a punto de hacer, se puso los tenis y salió disparado de aquella habitación.

Los siguientes minutos fueron un caos en su cabeza, pero el frío y lo rápido que estaba corriendo fueron suficientes como para mantener su ansiedad a raya. Cuando llegó a casa y llamó al timbre, notaba las náuseas subiéndole por la garganta.

—¿Aiden? ¿Qué…? —Thiago no tuvo tiempo a terminar la pregunta.

—Creo que voy a vomitar —le avisó Aiden antes de correr hacia el baño.

—¿Qué ha pasad…? —La pregunta se quedó inconclusa cuando vio al mago vomitando en el lavabo. No había llegado al baño—. Mierda. Qué asco. Me tengo que ir o vomitaré yo también.

El sudor le caía por la frente y tenía frío. Las manos se agarraban a la porcelana con fuerza mientras intentaba controlar las arcadas que todavía sentía. No tenía nada en el estómago, pero su cuerpo no se había enterado todavía.

Thiago volvió al baño unos segundos después con una toalla cubriéndole la boca y la nariz. Se acercó a él y abrió el grifo del lavabo.

—Lo siento tío; esto es superior a mí —se excusó y, aún así, allí estaba, a su lado.

Aiden sonrió, sintiéndose algo mejor, mientras su móvil empezó a vibrar en el bolsillo.

Rian.

Aiden negó con la cabeza. No podía, no en aquel momento. Su amigo entendió al momento lo que le estaba intentando decir. Resopló molesto pero cogió el móvil sin dudar.

—¿Qué pasa, entrenador? —respondió Thiago desenfadado.

—¿Thiago? ¿Por qué tienes tú el teléfono de Aiden?

—Porque ahora mismo está un poco indispuesto —respondió y no pudo evitar poner cara de asco al ver como los restos del vómito bajaban por el desagüe—. Igual es contagioso porque yo también me empiezo a encontrar regular.

—No sé de qué estás hablando. ¿Está ahí contigo? ¿Se ha ido a casa?

—Creo que es mejor que hables con él mañana.

—¿Qué? ¿Qué estás diciendo? ¿Qué ha pasado?

—No lo sé y tampoco quiero meterme. Ven mañana si quieres al piso, yo tengo que estudiar y podréis hablar tranquilos.

—Vale —Rian bufó la respuesta y se le notaba claramente molesto. Tenía todos los motivos para estarlo.

Aiden, por el contrario, respiraba más tranquilo. Había desinfectado el lavabo y abierto una de las ventanas para que entrara un poco de aire fresco.

La carta que tenía en el bolsillo le quemaba.

Pensaba que no era justo que otra vez lo quisiera abandonar, justo cuando había decidido apostar todo por ellos.

Entre la boda de su padre y lo del ejército era más de lo que podía soportar.

En aquel momento, solo quería cerrar los ojos y descansar.