Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 43 - Rian
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Capítulo 43 - Rian

Otra vez

Hubo tres veces en la vida que se me paralizó el corazón.

La primera fue cuando mi hermano trajo la carta en la que nos aceptaban en el ejército.

La segunda, cuando el témpano de hielo hirió a Aiden en el abdomen durante la semifinal del torneo.

Aquella fue la tercera vez.

Al no tener el vínculo activo entre nosotros, no había sido capaz de anticiparme a sus intenciones. No había podido evitarlo y la culpa la sentí como una losa sobre la espalda.

Dejé de protegerme del calor y centré todas mis energías en cubrirlo a él, que corría lo suficientemente rápido como para hacerme creer que podría lograrlo.

Por segunda vez en el día me dio la impresión de que el aire no llegaba a mis pulmones y, aquella vez, no había necesitado dos minutos. Había sido cuestión de segundos.

Un crujido a mi espalda me hizo voltearme al mismo tiempo que levantaba un escudo. Había sido algo innato y, gracias a ello, pude protegerme del hechizo que me habían lanzado.

Aitor y Miki hicieron acto de presencia, aunque no sabía quién era quién.

Eran tan insignificantes como duelistas que no me había molestado en aprenderme bien sus nombres.

En cualquier otra situación, me habría reído de su estúpido intento por atraparme con la guardia baja.

En aquel momento me maldije a mí mismo por la mala suerte que tenía.

—Kane, te veo solo —anunció Aitor con una pequeña sonrisa en el rostro.

—Estoy bien acompañado, gracias por la preocupación —gruñí como respuesta.

Ambos me miraban con cautela tanteando la situación. Como quisieran combatir, me iban a poner contra las cuerdas. En ese momento, el de la derecha se fijó en un punto situado a mi espalda y supe que había sido consciente de la posición de Aiden.

—Sí que estás bien acompañado. No mentías. Pensé que nos estabas intentando asustar, aunque me acabo de dar cuenta de que toda la tensión que emite tu cuerpo no es por nuestra presencia, ¿verdad? Miki y yo te damos absolutamente igual. Estás concentrado en la estupidez que está haciendo Ashton.

Touché . Tenían razón, pero no me vi en la necesidad de aclarárselo .

Un pitido hizo que los tres nos giráramos. El mapa circular que llevábamos en las mochilas había resultado ser un temporizador, que se acababa de activar. Quedaba menos de media hora para finalizar aquella fase del torneo.

—Miki, es hora de que terminemos con esto.

El chico asintió y se giró hacia Rian.

—Aitor dice que vosotros sois la mayor competencia —intervino el otro, dando un paso al frente—. Yo no estoy tan convencido.

—¿Quieres una demostración? —pregunté, aunque no quería verme envuelto en ningún tipo de duelo en aquel momento. No iba a sacar nada bueno de él.

—Para nada. Miki y yo no somos rivales para vosotros dos. —Al menos eran conscientes de sus propias limitaciones—. La cuestión es, ¿seríamos rivales si él no estuviera? —preguntó señalando a Aiden con la barbilla.

—Sería una putada que le pasara algo, ¿verdad? —siguió Miki, y mi corazón empezó a latir a toda velocidad.

—¡No! —grité al darme cuenta de sus intenciones mientras me preparaba para intentar evitar lo inevitable.

Para mi desgracia ambos se sincronizaron para atacarnos.

Aitor lanzó un ataque brutal contra Aiden, que yo me encargué de bloquear, quedándome indefenso contra el hechizo que recibí de Miki.

La magia me golpeó las costillas, lanzándome por el aire, robándome el oxígeno que quedaba en mis pulmones.

Me protegí de forma automática para evitar el impacto contra el suelo, pero, al incorporarme, vi el hechizo que habían lanzado de nuevo contra Aiden.

No había podido hacer nada por evitarlo.

Había fallado una vez más.

La magia golpeó la base de la roca donde estaba Aiden, haciendo que el suelo se empezara a resquebrajar a su alrededor.

Todo sucedió muy rápido. Los dos magos me atacaron a la vez mientras yo intentaba por cualquier medio ayudar a Aiden.

Fracasé.

Salí volando por el aire al no ser capaz de hacer ambas cosas a la vez. No podía mantener la atención puesta en el duelo y al mismo tiempo pensar en Aiden. Era demasiado esfuerzo y yo no me había recuperado.

No me dio tiempo a seguir martirizándome. En cuanto mi espalda golpeó el suelo, me giré sobre mí mismo al mismo tiempo que un par de ataques alcanzaban el lugar donde hacía menos de un segundo había estado mi cabeza.

El corazón bombeaba tan rápido que podía escuchar cada latido sin problema. Sentía mi propio cuerpo marcando los segundos que quedaban para el final del combate.

En mi cabeza resonaba el tic tac del temporizador y la impotencia me recorría el cuerpo.

Sabía que no había mucho que hacer y, aún así, me negaba a darme por vencido. Nunca.

Coloqué una rodilla sobre el suelo para incorporarme, pero una rama se enroscó en mi tobillo y volví a caer de bruces.

Sentí la presencia de mis dos rivales y, por primera vez en mi vida, fui consciente de la derrota aplastante que acababa de sufrir.

Tuve que contener las lágrimas que amenazaban con deslizarse por mis mejillas y no por perder el duelo, si no porque había fallado a la única persona a la que no quería decepcionar.

Cerré los ojos y me preparé para recibir el último impacto.

No sucedió y entonces lo sentí.

Un impulso eléctrico.

La magia desbordante de Aiden llenándolo absolutamente todo.