Capítulo 42
Fuego
No habían pasado ni veinte minutos cuando escucharon un ruido. Antes de que Aiden pudiera reaccionar, Rian lo empujó por la espalda contra un árbol.
El mago pensó en replicar, en decirle a su compañero que no tenían que huir ni esconderse, que podían hacerles frente. Luego se dio cuenta de que era una batalla perdida. Rian no cedería.
El ruido se fue convirtiendo en un murmullo y unos pasos.
Rian colocó un dedo en sus labios antes de señalar su oreja, pidiéndole al otro que guardara silencio y escuchara.
Eran otros dos duelistas, estaba seguro. No tuvo que esperar mucho más rato hasta ser capaz de apreciar con claridad sus voces.
—No merece la pena arriesgarse tanto —dijo una voz que Aiden no supo reconocer.
—¿Estás segura? Podemos tardar horas en encontrar otra.
—Ni lo pienses. Las probabilidades de que salga bien son tan ínfimas que no pienso correr ese riesgo. Cuando salgamos de aquí todo esto todavía no habrá terminado. Si nos chamuscamos una parte del cuerpo, nos convertiremos en un lastre.
Aiden apenas era capaz de seguir la conversación. Le daba la sensación de que habían encontrado una de las runas y que, quizás, llegar a ella fuera arriesgado de más.
—Lo sé…
—Déjalo, ¿quieres?
—...
—...
—...
—No me parece bien que tomes la decisión por las dos.
—Y a mí no me parece bien arriesgarnos por nada.
Las dos magas se detuvieron a escasos metros de donde estaban mientras ambos chicos aguantaban la respiración. Cualquier movimiento les podría alertar de su presencia.
—Seguro que los demás ya han encontrado alguna runa.
—¿Y? Tampoco es que sea una carrera.
—O quizás sí y estamos haciendo el ridículo.
—Joder, y ¿qué quieres hacer? ¿Volver allí? Si vas a seguir dándome la murga mucho más rato dilo ya y damos la vuelta. Prefiero recorrer la distancia de vuelta ahora, no cuando llevemos varias horas andando.
—Está claro que no quieres hacerlo.
—¡Por supuesto que no! Es que, joder, tú… —No entendió qué estaba diciendo la chica debido al ruido que hacían las ramas y las hojas del suelo a medida que las pisaban.
Era casi imperceptible y aun así sus voces se perdían en el aire.
—Entonces da igual.
—…
—...
—Joder, Maeve, tía.
—Paso.
—Maeve…
Las dos chicas siguieron caminando en la dirección en la que iban, pero ni Aiden ni Rian se movieron hasta que habían pasado casi cinco minutos desde que las habían dejado de escuchar.
Una vez que Rian sintió que ya era más o menos seguro, soltó a su compañero y Aiden empezó a buscar pisadas en el terreno. Quería saber la dirección de la que venían. Tenía claro que era allí a donde tenían que ir.
—Estás de coña, ¿verdad? —La voz de su compañero sonó casi desesperada. Quizás por eso Aiden se giró de forma instantánea para enfrentarse a él. Sus ojos azules lo miraban como si estuviera a punto de cometer un crimen—. Dime que me lo estoy imaginando —pidió.
Aiden parpadeó confuso.
—¿A qué te refieres?
—A que no estás buscando cómo ir al sitio que mencionaban las del Kroff.
Era increíble cómo Rian conocía a todo el mundo. Suponía que llevar toda la vida metido en el mundillo de los duelos te daba unos conocimientos que jamás estarían a su altura. Tres años no eran suficientes para haber coincidido con tantos duelistas. Ni para quedarse sin magia.
Estaba claro que las dos magas habían encontrado una runa, la cual debía de estar en una zona bastante complicada. Ellas no habían querido arriesgarse, pero él sí estaba dispuesto a hacerlo hasta el final.
—Si quieres te digo lo que quieres escuchar —respondió al final, conteniendo un suspiro. Aquello sería una discusión más y le daba pereza—. Luego te quejarás de que te miento.
No supo exactamente qué fue lo que pasó; Rian no replicó nada. Se quedó en silencio, mirándolo con una expresión vacía y los brazos cruzados a la altura del pecho.
Al ver que no iba a añadir nada, Aiden siguió a lo suyo.
Cuando encontró las huellas, los dos magos empezaron a seguirlas a paso apurado. No llegaban a ir corriendo, solo un trote ligero. El sudor le bajaba por la espalda, pegándole la camiseta a la piel e incomodándolo. Hacía mucho calor. Más del que debería.
Mientras avanzaban se iban escondiendo entre los árboles, prestando atención a cualquier ruido que pudieran alertarlos de una posible amenaza. Con cada paso que daban, se iban adentrando en una niebla que espesaba por momentos.
Veinte minutos después, cuando el calor era casi insufrible, Aiden se detuvo sobre una roca, jadeando.
Después de beber los últimos tragos de agua que le quedaban en la botella, se replanteó lo que estaba haciendo.
No podía controlar su magia y no podía evitar la sed intensa que ya empezaba a sentir.
Seguir avanzando podía llegar a ser peligroso, pero en el fondo sentía que iba en la dirección adecuada.
—Estamos a punto de llegar —afirmó a pesar de no saber nada con seguridad. Simplemente, lo intuía. Su compañero no puso en duda ninguna de sus palabras, lo que reforzó su teoría—. ¿Puedes continuar?
Rian, haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban, siguió avanzando, utilizando los árboles que había en aquella zona para apoyarse en ellos y mantener el equilibrio. Ya no corrían, más bien arrastraban los pies por el terreno.
No hizo falta caminar mucho más para descubrir que había llegado al lugar del que las duelistas del Kroff habían hablado.
El terreno descendía de forma abrupta un par de metros más adelante de donde se encontraban.
Aiden tragó saliva y miró a su alrededor, por lo que parecía, estaba exactamente en el cráter de un volcán.
—Joder —susurró para sí mismo mientras observaba la zona.
No era una elevación, ni estaba en la cima de una montaña, era de lo más extraño, pero eso explicaba el calor descomunal que llevaban sufriendo desde hacía varios kilómetros. El humo se elevaba hacia el cielo de forma descontrolada, sin seguir la típica forma de columna.
Aiden se frotó los ojos mientras intentaba observar con detenimiento el lugar exacto en el que se encontraría la runa.
Sabía con seguridad dónde estaba sin necesidad de verla.
En medio del cráter, entre miles de grietas donde se podía ver el color rojizo de la lava que había debajo, sobresalía una pequeña roca que debía de tener un par de metros de altura.
Sabía que estaba allí, el dilema iba a ser llegar y tocarla con las manos.
—Dala por perdida. —Aiden se giró hacia su compañero—.
Por favor. No tengo fuerzas casi para mantenerme en pie y seguir proporcionándonos un escudo a los dos.
Mi magia depende de mi condición física y siento que el agua me drenó.
No puedo ir a buscar la runa y protegerte.
Tampoco puedo ayudarte si vas a buscarla.
En más de una ocasión había pensado que Rian ya no era el mismo de antes. Verlo decir aquellas palabras fue la confirmación definitiva. El chico que él había conocido jamás aceptaría una debilidad sin luchar. Nunca se rendiría.
En el fondo, eran la suma de todas las experiencias que habían vivido y aquella semifinal que pasaron juntos había cambiado a Rian. Ya no volvería a poner la victoria encima de su bienestar. Nunca más.
—Encontraré una solución —afirmó con una confianza que no sentía—. Puedes alejarte un poco para huir del calor y descansar. Aquí estamos solos.
Vio una tormenta pasar por los ojos azules de Rian, pero no le respondió nada, ni siquiera con una leve inclinación de cabeza. Solo se dejó caer en el suelo con gesto taciturno.
Durante la siguiente media hora, Aiden estuvo analizando la situación, buscando alrededor del cráter alguna zona más segura que las demás.
El pequeño matiz era que la circunferencia tenía casi un kilómetro de diámetro y los quinientos metros que había hasta la runa le derretirían la piel a cualquiera que intentara llegar.
Cansado de andar en círculos, se acercó a la cresta del cráter mientras pensaba una y otra vez en las distintas posibilidades.
Él llevaba años corriendo y sus marcas eran realmente buenas.
Podía correr un kilómetro en menos de tres minutos.
¿Sería aquel tiempo suficiente para poder llegar a la runa, tocarla y volver sin sufrir las consecuencias?
No lo tenía del todo claro, aunque quizás la magia de Rian bastara para protegerlo.
No le extrañaba que Maeve y Chrisa hubieran decidido no arriesgarse. Cualquiera que pensara durante dos segundos se daría cuenta de que era una misión suicida.
Pero él no pensaba.
Antes de que Rian pudiera reaccionar siquiera, Aiden estaba corriendo de camino a la runa.