Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 40
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Capítulo 40

Agua

Tal y como Aiden había adelantado, el agua era un aislante mágico.

El lago era pequeño, diminuto en realidad. Ni siquiera estaba seguro de que se pudiera considerar un lago. Parecía un pozo. Estaba bien oculto entre árboles frondosos que solo les permitieron el paso después de lanzar unos cuantos hechizos contra ellos.

Rian se había tirado al agua antes de que el otro chico pudiera hacer nada y dedicó los siguientes cinco minutos a explorar el fondo, saliendo a cada rato para coger aire.

Aiden estaba sentado en la orilla con gesto taciturno. No le estaba haciendo ni pizca de gracia que su compañero lo tratara con aquella delicadeza.

Cuando Rian emergió en aquella ocasión, haciendo fuerza con los brazos para sentarse sobre la tierra, no pudo evitar que sus pensamientos siguieran otros derroteros. Se apartó los mechones de pelo mojado de la frente y Aiden negó con la cabeza. Qué guapo era el muy capullo.

—En uno de los laterales, a unos doce metros de profundidad, hay una cavidad en la piedra que lleva a un túnel estrecho, sin salida. —Le explicó todavía con la respiración entrecortada—. Al fondo está la runa. Puedo sentirla.

Aiden asintió apartando la mirada de las gotas de agua que le descendían por la mandíbula y se centró en las palabras que estaba diciendo.

—He hecho un par de pruebas y creo que tardaré aproximadamente un minuto entero.

—¿Ida y vuelta? —preguntó Aiden con un nudo en el estómago.

A pesar de que no tenía experiencia como nadador, le parecía que estar más de dos minutos bajo el agua era excesivo para alguien sin el entrenamiento adecuado.

Rian asintió, quitándole importancia.

—Más subir y bajar. Creo que dos minutos es el tiempo máximo que aguantaría sin perder el conocimiento.

—Debería hacerlo yo —propuso incapaz de quedarse en un segundo plano más tiempo.

—¿Has hecho natación en algún momento?

—No.

—¿Entonces?

—Ahí abajo estamos en las mismas condiciones —explicó.

Rian le sostuvo la mirada durante tanto tiempo que pensó que terminaría claudicando. Cuando chistó y le hizo un gesto con la mano desechando esa opción como si fuera una tontería, Aiden se dio cuenta que ni siquiera la había valorado.

Algo dentro de su pecho ardió con fuerza. Sacando fuerzas de donde no sabía que las tenía, mantuvo todos aquellos sentimientos desagradables en su interior y le hizo un gesto con la cabeza a su compañero para que intentara conseguir la runa de una vez.

No tuvo que decírselo dos veces. Rian se hundió de forma controlada en el lago, hasta que el agua le rozó las clavículas. Sus manos, todavía aferradas al borde, le mantenían a flote. Se notaba que estaba nervioso, quizás de forma excesiva, y eso tampoco sería de ayuda.

—Vamos allá —dijo el mago para sí mismo en poco más que un susurro.

Luego, hizo tres respiraciones lentas y profundas antes de impulsarse con fuerza hacia abajo.

Aiden contempló con el ceño fruncido cómo las ondulaciones del agua desaparecían poco a poco. Luego, le tocó esperar.

Empezó a contar los segundos que pasaban. Uno, dos, tres.

Nunca había sido bueno esperando de brazos cruzados. Siempre había sido más de actuar antes de pensar en las consecuencias.

Cuarenta y dos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro.

Se puso en pie incapaz de aguantar ni un segundo más en aquella posición. El corazón le martilleaba el pecho y notaba una sensación desagradable en la boca del estómago. Quería convencerse a sí mismo de que todo iba a ir bien. Que Rian lo conseguiría, pero…

Noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve.

Rian era un mago extraordinario pero un humano corriente.

Rian nunca había vivido sin magia.

Rian, debajo del agua, no era nada.

Las manos le temblaban mientras contemplaba la superficie del lago y su agua cristalina.

Luego, cogió aire y saltó al agua de cabeza.