Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 39 - Rian
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Capítulo 39 - Rian

La primera eliminatoria

Llevábamos caminando un buen rato y las piernas ya me empezaban a dar los primeros signos de fatiga.

No era que hubiéramos recorrido muchos kilómetros: el terreno era irregular, lleno de pendientes, piedras y restos de hojas que lo hacían bastante resbaladizo.

Sin contar con el árbol que casi me mata clavándome una rama en el abdomen. Me había librado de milagro.

Quizás cualquier otro día habría podido conservar mi energía mucho mejor; el problema era que estaba demasiado pendiente de Aiden, de que no se rompiera la cabeza contra una roca después de haber tropezado.

Además, mi imaginación no me ayudaba en nada.

Ya lo había visto morir en mi cabeza por más de veinte causas diferentes y lo peor de todo era que llevaba un ritmo envidiable.

Me sacaba varios metros de distancia y en ocasiones se alejaba tanto que necesitaba trotar para volver a acercarme a él.

Ah, y estaba muy cabreado. Él. Conmigo.

Había intentado entablar conversación, pero lo había dado por perdido después de que me ignorara como un ser inerte. No sabía cómo actuar con él. No sabía qué esperaba de mí. Habíamos pasado de besarnos a esto. A la más absoluta de las indiferencias. Suspiré. No entendía nada.

Habíamos estado yendo en dirección al sur desde hacía casi una hora.

Después de subirnos a un alto y ver un poco la disposición del terreno, habíamos decidido ir primero a la zona del lago, donde posiblemente estuviera una de las runas.

Además, seguir el cauce del río nos ayudaría a tener agua a mano y sería más fácil no perdernos.

Aquella prueba no era como las de la escuela superior, duraba mucho más tiempo y se podía alargar hasta el anochecer.

Además, no buscaba enfrentarnos a los otros duelistas, al menos no de forma directa.

Aunque en realidad la prueba era una especie de yincana, los duelos improvisados con otros participantes eran más que probables y, dadas las condiciones en las que se encontraba Aiden, prefería evitar esa opción por completo.

Casi media hora después, hicimos una pequeña parada. Era la segunda que hacíamos y aprovechamos para descansar un poco e hidratarnos. Había un calor pegajoso y sofocante en el ambiente. Daba la sensación de que no había aire suficiente.

Me dejé caer sobre una roca y bebí dando pequeños tragos. En las mochilas que nos habían proporcionado antes de entrar en la Arena había una botella de aluminio, un par de vendas y desinfectante para las heridas, una brújula y una especie de mapa que no habíamos sabido interpretar.

Aiden estaba de pie, dándome la espalda, observando atentamente el entorno. Aparentaba estar cansado, su respiración era un poco superficial y agitada y tenía el pelo pegado al cuello por culpa del sudor.

Aparté la mirada y me centré en nuestro alrededor.

La vegetación que nos rodeaba se movía de forma antinatural.

Los árboles tenían raíces que recorrían decenas de metros de distancia, las enredaderas cubrían el suelo como una trampa y había sombras densas y oscuras a las cuales no quería prestar más atención de la necesaria.

—Nos estamos aproximando al lago, deberíamos tener más cuidado —dije antes de ponerme en pie, con intención de retomar la marcha.

—Al contrario. Nadie nos va a sorprender allí. —Me tenía que llevar la contraria en todo momento o no estaría tranquilo—. El agua es un aislante mágico.

—Eso no lo sabes —protesté con la misma actitud de mierda que él llevaba desde el comienzo de la prueba—. No tiene que ser como en la escuela superior.

Aiden sonrió confiado y yo no pude evitar fruncir el ceño.

—No los veo tan creativos para cambiar algo que les funciona tan bien —replicó.

—Es imposible asegurarlo. —Era inevitable que la preocupación me recorriera el cuerpo. Si haber elegido la runa del lago nos traía problemas, sería solo culpa mía—. Vamos.

Aiden no tardó en seguir mis pasos. Yo no paraba de buscarlo con la mirada, pero él me ignoraba dándole más importancia a cualquier piedra en el camino que a mi propia presencia.

Algo más tarde, mi paciencia se agotó por completo.

—¿Vas a seguir así mucho tiempo? —pregunté molesto.

—¿Así cómo?

Resoplé enfadado. Odiaba que se hiciera el estúpido conmigo.

—Lo sabes bien.

—No sé nada, Rian.

—¿Y por eso me llevas ignorando desde que apareciste en la Arena?

—No te estoy ignorando. Solo estoy concentrado.

—Estás enfadado conmigo y no logro entender el motivo. Tendría que ser yo el que esté molesto —repuse alzando algo la voz.

A quién quería engañar. La prueba había pasado a un segundo plano antes de empezar siquiera.

—Odio que me infravalores y lo haces todo el rato. No quiero que me cuides como a alguien roto. Me ahogas.

Mis cejas se levantaron al escuchar aquellas preguntas con un tono bastante impertinente. Mi buen humor se había agotado hacía rato y mi paciencia colgaba de un hilo. Aiden, por otro lado, jugaba conmigo como si estuviera blandiendo una katana.

—Eso no es así y lo sabes de sobra. Desapareces, me… Da igual, no merece la pena —dije enfadado y continué caminando a paso apurado, esquivando toda la vegetación que se había hecho más frondosa a medida que aumentaba la humedad.

Incluso tuve que darle una patada a una rama que había amenazado con enredarse en mi tobillo.

No estaba acostumbrado a que me tratara con tanta indiferencia. Quería poder tenerle entre mis brazos y compartir un par de besos de nuevo. Echaba de menos su cercanía.

Aiden se colocó a mi lado, dándome la impresión de que había escuchado mis pensamientos.

—Perdona —susurró y su voz sonó bastante melancólica—.

Sé que no estoy poniéndote las cosas fáciles.

No quería preocuparte al desaparecer el fin de semana, ni que pensaras que no iba a aparecer en la competición.

Quiero disculparme por tantas cosas, Rian, de verdad…

Lo que más siento es no saber encontrar la forma de acortar esta distancia que hay entre nosotros —Mi corazón latía rápido, nervioso—. No quiero perderte.

Tenía intención de hacerme el enfadado un rato más, aunque me fue imposible después de escuchar la fragilidad de su voz. Me giré hacia él.

—Yo tampoco quiero perderte, Aiden. No otra vez.

Su mano se posó sobre mi hombro y tuve que camuflar el escalofrío que sentí con una pequeña tos.

No nos beneficiaría que él supiera la profundidad de mis sentimientos, aunque mi corazón desbocado era imposible de ocultar.

Tragué saliva al notar como esa mano se iba deslizando hacia mi cuello, antes de que sus dedos se enredaran entre el pelo.

Su contacto me quemaba. Sus ojos me observaban con atención, analizando cualquier detalle de mi rostro que pudiera indicarle que aquello me incomodaba de alguna manera, cuando era todo lo contrario.

Solo quería tenerlo más cerca. No lo sentía a través del vínculo, pero lo seguía conociendo a la perfección.

—Sigues enfadado conmigo —me susurró de nuevo y no era una pregunta, sino más bien una afirmación.

—Sí, y tú conmigo, aunque esa parte no la acabo de entender.

Él me sonrió y mi corazón se saltó un latido. Quería besarle. Necesitaba besarle.

—¿Te parece bien que lo hablemos al llegar a casa? —propuso con una actitud mucho más tranquila.

No. No quería correr un tupido velo y posponer algo que podría hacernos daño a los dos ni hacer algo que impidiera que Aiden y yo tuviéramos un futuro, pero al mismo tiempo no quería obligarle a tener una conversación para la cual no estaba preparado. Esperaría todos los días que le hicieran falta.

—Parece un buen plan —contesté al final y, si notó que mentía, no dijo nada al respecto.