Capítulo 36
Muy lejos
Aiden nunca se había caracterizado por pensar dos veces las cosas, siempre había actuado por impulsos. De nada habían servido sus intentos de cambio; eran parte de quién era.
El viaje había sido largo y se había pasado las doce horas de vuelo perdido en sus pensamientos.
Había repetido en su cabeza una y otra vez la conversación que había tenido con Rian, hasta un punto en el que ya no estaba seguro de qué palabras se habían dicho de verdad y cuales su cerebro había añadido.
Se había lamentado hasta un punto en el que sus manos temblaban de pura frustración.
No era la primera vez que se daba cuenta de lo mucho que Rian había cambiado en aquellos dos años.
No quedaba nada de aquel chico prepotente, con tendencia a arreglar las cosas de malas formas.
Había madurado, superado sus defectos y convertido en un hombre.
Mientras, él seguía siendo un niño, todavía atado a su carácter infantil e inmaduro.
Y no solo Rian había crecido. Thiago también había cambiado y estaba centrado en sus proyectos de futuro.
No podía evitar pensar que era el único que seguía estancado en el pasado. Mientras que la gente de su alrededor maduraba y crecía, él no evolucionaba.
Él era el problema.
Cuando bajó del avión fue directo a la salida.
No se había molestado en llevar más equipaje que una pequeña mochila con lo necesario para un par de días.
Intentó encender el móvil, pero la falta de batería hizo que fuera imposible que emitiera un solo brillo.
Una vez fuera, cogió aire varias veces, respirando con profundidad.
Intentó convencerse de que no pasaba nada.
Iría trampeando los problemas de uno en uno.
Se acercó a uno de los taxis que estaban esperando justo a la salida de la terminal y le dio la dirección al conductor. Apenas intercambiaron un par de palabras durante los veinte minutos de trayecto; Aiden se centró en admirar el paisaje. No había nada tan verde como las praderas de Yameta.
El taxi estacionó al lado de la fuente, justo en frente de la entrada principal del Bhainn Daiocht. Tras pagar el viaje, salió del coche y se dirigió a paso apurado hacia la puerta.
Habían pasado algo más de cuatro meses desde la última vez que había estado allí. No se sintió como en casa, a pesar de que sí lo había sido durante los últimos años.
Era como si ya no perteneciese a ningún lugar.
Los estudiantes iban de un lugar para otro, vestidos con el uniforme del colegio y la nostalgia golpeó a Aiden con fuerza. Entre aquellas paredes había vivido momentos malos y buenos, pero le habían permitido conocer a sus amigos. Solo por eso, ya había merecido la pena la experiencia.
Un par de alumnos se acercaron a él al reconocerle y otros muchos lo saludaron por los pasillos. Todos se mostraron sorprendidos al verlo allí apenas unas horas antes de la competición. No le dio a ninguno la respuesta que buscaban. Se limitó a sonreír y a seguir avanzando.
La sala de entrenamientos permanecía igual que la última vez y eso que había un par de máquinas nuevas que habían comprado gracias al patrocinio de la empresa de su madre.
A pesar de que él ya no estaba en el equipo, Industrias Ashton había decidido continuar colaborando y promocionar a futuros duelistas.
—¿Aiden? —la voz inconfundible de Loan a su espalda hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas de forma instantánea.
Se pasó las manos por la cara, intentando borrar cualquier rastro de debilidad, antes de girarse hacia su antiguo entrenador.
Loan lo miraba con curiosidad, con las cejas levantadas y una pequeña sonrisa en el rostro. Parecía sorprendido de su presencia, y no era para menos, ni siquiera le había mandado un triste mensaje avisándole de que iba a ir de visita. En realidad, no había avisado a nadie.
Quizás su semblante no se mostró todo lo inexpresivo que pretendía, porque el gesto de Loan se tornó inquieto.
—¿Estás bien? —preguntó con el ceño fruncido, acortando la distancia que los separaba.
Aiden no llegó a contestar. Cuando vio la preocupación dibujada en la cara del entrenador, las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas sin ningún tipo de control.
Abrió la boca con intención de decir algo, pero solo le salió un pequeño sollozo.
Antes de poder hacer otro intento, Loan ya lo estaba abrazando con fuerza.
—Shhh —susurró el entrenador, subiendo y bajando la mano por su espalda, intentando consolarlo de alguna manera.
Estuvieron así casi diez minutos, hasta que Aiden paró de llorar y se trasladaron al despacho. La pequeña sala seguía estando igual que siempre, aunque en una de las paredes había varias fotos de Aiden, Rian, Thiago, Eire, Yuki y Stella, de las cuales no había sido consciente hasta la fecha.
Aiden se sentó en la silla que tantas horas había ocupado mientras estudiaba en la escuela superior. Loan le tendió una botella y se apoyó contra la mesa, quedándose justo en frente.
—¿Mejor? —preguntó el entrenador después de ver como el chico le daba un par de sorbos al agua.
—Sí, lo siento.
—No hay nada que sentir, faltaría más.
—Ya, bueno —dijo algo avergonzado—, mi idea no era ponerme a llorar nada más reencontrarnos. En realidad, ni siquiera tenía pensado llorar.
—Llorar no tiene nada de malo, al contrario. —Hizo una pausa, mirándolo detenidamente antes de seguir hablando—. No contaba con verte a escasas horas de la competición —confesó, y Aiden se concentró en sus manos, cuyos dedos estaban retorciéndose sin parar.
—Tenía la visita pendiente, pero yo tampoco contaba con hacerla de este modo.
—¿Qué pasó?
—Supongo que has oído que Rian y yo nos hemos vuelto a encontrar —empezó Aiden con una pequeña sonrisa.
Loan se mordió el labio inferior, intentando ocultar una sonrisa, mientras asentía.
—Lo cierto es que cuando se filtró vuestra foto hace unas semanas me quedé impactado.
De todas las personas con las que podías encontrarte en Mayak, te encontraste con él, con Rian.
—Se quedó un segundo pensativo, rememorando el momento exacto en el que vio la noticia—.
Tengo que reconocer que fuiste mi tema de conversación favorito durante casi una semana.
Aiden sonrió. Loan había sido un pilar en sus últimos años y, aunque ya no fuera su entrenador, sabía de sobra que siempre podía contar con él para cualquier cosa.
—¿Qué pensarías si te dijera que él va a ser mi compañero en la competición del martes?
Loan levantó las cejas y su sonrisa se hizo más ancha.
—Te diría que me sorprende, pero estaría mintiendo. Rian y tú —Loan se rio y negó con la cabeza—, bueno.
—Rian y yo, ¿qué? —preguntó frunciendo el ceño.
—Supongo que ahora que ya no soy tu entrenador puedo decirte estas cosas —comentó pasándose la mano entre los mechones rubios que todavía tenía por la altura de los hombros—.
La relación que teníais, quitando todos los problemas que causasteis al principio, era muy especial.
Yo siempre intuí que además de la evidente amistad había algo mucho más profundo entre vosotros.
Daba igual lo mucho que os enfadarais, siempre lograbais hacer las paces y viniendo de Rian yo lo veía como un milagro.
Solo te escuchaba a ti, solo tenía ojos para ti.
Una vez que os reencontrarais, sabía que solo era cuestión de tiempo.
Aiden notó cómo se sonrojaba.
—Sí, algo me han dicho. —Al ver a Loan mirándolo con curiosidad, Aiden se pasó la lengua por los labios, sonriendo algo avergonzado de lo que estaba a punto de revelar—. En la primera conversación que tuvimos después de reencontrarnos le confesé que había estado enamorado de él.
—Ostras, Aiden —dijo riéndose—. Seguro que lo desestabilizaste por completo.
—Se podría decir eso, sí.
Los ojos de Loan se abrieron de par en par.
—Y mientras me cuentas esto yo no puedo evitar pensar en por qué no recibí ni un solo mensaje de tu parte informándome de este cotilleo —bromeó intentando hacerle sonreír.
—Fue algo sin importancia. Yo seguí enfadado con él mucho tiempo, puede que todavía lo esté —confesó en voz algo más baja.
—Es normal que estés enfadado todavía, pero si ahora competís juntos supongo que todo será más fácil.
—Puede que sí, aunque en realidad es algo bastante reciente. Me costó mucho aceptar su presencia, verle allí después del daño que me había hecho fue muy complicado.
—Me imagino. Cuando vino a verme justo antes de tomar aquella estúpida decisión, le dije que se arrepentiría.
Me alegra saber que mi intuición sigue siendo precisa.
—Aiden se dejó caer sobre el respaldo de la silla y se llevó las manos a la cabeza.
Le dolía el cuerpo de llevar tantas horas sentado—.
Y, bueno, entonces ¿ahora estáis juntos?
—El implicado puso los ojos en blanco—. No me mires así, sé de sobra que hace dos años los sentimientos eran correspondidos.
—Sí. No. La verdad es que no lo sé.
—Si no lo sabes tú…
—Cuando te digo que es muy reciente, me refiero a que hace tres días que decidimos volver a competir juntos y dos desde que se lo dijimos al entrenador.
Ese día le conté lo de la parálisis mágica —explicó con la voz queda.
Loan lo sabía; era la única persona, fuera de su familia o de su reducido círculo de amigos íntimos, que conocía la verdad—.
Fue súper comprensivo y bueno, nos liamos un poco.
—No quiero saber cómo se pueden liar dos personas un poco, pero no hace falta que me des detalles. Prefiero seguir viviendo en la ignorancia. Por lo que me cuentas, todo iba bien. ¿Pasó algo entre vosotros?
Aiden resopló y le contó la jugarreta que les había hecho Caleb, explicándole detalles previos para que se pudiera hacer una idea clara del contexto.
—Entiendo —respondió Loan con gesto pensativo.
—La cosa es que yo salí de allí con la rabia consumiéndome por completo.
Estaba tan, tan enfadado que… —La voz se le rompió y tuvo que coger aire un par de veces para poder seguir el relato—.
Cuando Rian me sujetó el brazo para que dejara de huir yo lo veía todo negro y yo…
Yo… —Loan esperó pacientemente mientras Aiden encontraba las palabras exactas para contar lo que había sucedido—.
Me deshice de su agarre y lo aparté de mí, lanzándolo por el aire.
La magia se me escapó de los dedos. Ni siquiera sabía que era él quien me estaba tocando.
Le hice daño —las lágrimas volvían a descender por sus mejillas sin cesar—, y yo me quedé vacío.
—¿A qué te refieres con vacío? —preguntó Loan preocupado.
—A que no he vuelto a tener ni una gota de magia desde entonces.