Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 35 - Rian
50%

Capítulo 35 - Rian

El golpe

No tuve tiempo de procesar todo lo que Caleb nos estaba contando y tampoco habría podido hacerlo de ninguna manera. Los sentimientos de Aiden me anulaban por completo. Sentía rabia, ira y una profunda traición por cómo el entrenador había decidido gestionar las cosas.

Llevábamos casi media hora corriendo, dando vueltas a la facultad y, a pesar de que lo había intentado en varias ocasiones, Aiden no había querido dirigirme la palabra. Supuse que era suficiente lidiar con aquella noticia y yo quería darle el espacio que necesitaba.

Cuando por fin volvimos a la sala de entrenamiento, Caleb había hecho un croquis poco detallado en una de las pizarras.

—Bien, antes de comenzar con un entrenamiento básico, voy a daros toda la información que tenemos sobre la prueba clasificatoria de este año.

No me mires así, Aiden, que es información que se le ha enviado a todo el mundo por igual, y la recibí justo antes de que llegaras a mi despacho.

La idea que han explicado en el aviso deja entrever que será una prueba de resistencia de alto alcance.

Entre todas las opciones que hay me decanto por una búsqueda del tesoro o yincana en modo supervivencia.

—No va a ser fácil —comenté.

—No, no lo va a ser, pero vosotros tampoco partís con desventaja. No han dado detalles de cómo ni dónde. Seguramente quieran evaluar vuestra resistencia mágica, física y mental.

Ese tipo de pruebas combinaban desafíos físicos exigentes, como escalada, habilidades de supervivencia, cómo orientarse, resolución de problemas, trabajo en equipo y fortaleza mental.

Todos los años buscaban la manera de poner a los magos en serios aprietos para pasar a la ronda de los duelos.

Era un secreto a voces que querían hacer un corte de calidad.

—¿Y cómo vamos a enfocar el entrenamiento de estos… —Aiden hizo una pausa para mirarse el reloj que tenía en la muñeca—, dos días?

Estaba casi cien por cien convencido de que nunca lo había visto tan enfadado y eso que yo había sido el causante de la mayoría de sus problemas en el pasado. Era como un sentimiento más profundo, más oscuro.

—Pues planificando, en realidad. —Cuando pensaba que Caleb no podía sorprendernos más, me demostraba que todavía podía hacerlo con facilidad—.

Chicos, sé que estáis molestos, de verdad, no es necesario que nos dediquemos a fulminarnos con la mirada el día entero.

Esta primera prueba, aunque es diferente cada año, lo que busca es encontrar debilidades como pareja y vosotros apenas las tenéis.

Vamos a hacer un par de entrenamientos con el simulador, para que os adaptéis un poco y reforzar vuestro vínculo y luego nos centraremos en la teoría —dijo señalando un libro que tenía abierto sobre la mesa.

El vínculo estaba bien, no necesitábamos reforzar nada y menos después de lo que habíamos hecho la otra noche. Todavía notaba el tacto de Aiden sobre mi piel. Por razones obvias, no dije nada.

El primer asalto fue lamentable. No nos coordinamos en absoluto y fallamos todas las veces que quisimos.

Era cierto que la mayor parte de los problemas eran por mi culpa, estaba algo verde y todavía no me había acostumbrado a la diferencia de poder que había experimentado Aiden.

Y él estaba demasiado enfadado para pensar con claridad.

El segundo apenas se lo podría categorizar como tal. Si durante el primero fallamos, en ese fuimos lamentables.

Al terminar el tercero, Caleb apagó el simulador conteniendo un resoplido frustrado.

Estaba insatisfecho, pero no había sido nada realista al presuponer que daríamos la mínima talla en la competición sin margen de mejora.

Aiden y yo no éramos las mismas personas que entonces y nuestra magia había evolucionado en consecuencia.

Si durante los entrenamientos físicos Aiden se mostró gruñón, con la parte teórica alcanzó otro nivel de malestar.

Estaba tan exasperado que me estaba dificultando atender a las explicaciones de Caleb.

Era como tener un ruido sordo taladrándome la cabeza de forma constante.

Supongo que mi falta de concentración no ayudó a mitigar la irritabilidad de mi compañero.

Por eso, cuando Caleb dio por concluida la sesión, abandonó la sala de entrenamiento sin mirar atrás.

Ni siquiera se me ocurrió pasar por el vestuario a recoger mis cosas antes de salir corriendo detrás de él.

No había tardado más de un par de segundos en reaccionar y aun así, cuando lo alcancé ya estábamos fuera del edificio.

Grité su nombre un par de veces, llamando la atención de algún estudiante que pasaba por la zona; él me ignoró por completo.

No sabía si a propósito o porque estaba perdido en sus pensamientos, aunque si tuviera que decantarme por una elegiría la segunda opción.

Antes de que pudiera seguir alejándose, lo agarré por el antebrazo y tiré de él con fuerza, obligándolo a detenerse.

Necesitaba hacerle entender que estábamos juntos en aquello. Quizás, por ese motivo, no estaba ni remotamente preparado para la reacción que tuvo.

Se deshizo de mi agarre con un movimiento brusco, molesto por mi contacto, y cuando sus dedos tocaron mi pecho salí impulsado hacia atrás.

Había sido un golpe brutal que a cualquier otra persona le habría roto una costilla.

Por suerte, el escudo que activé en el último segundo fue suficiente para evitar lamentar daños mayores.

Aun así, fui incapaz de protegerme por completo.

El impacto hizo que me golpease la espalda contra el suelo con fuerza, antes de deslizarme un par de metros por el camino de tierra.

Mientras intentaba recuperar el aliento, noté como los brazos me picaban por los arañazos que me había causado, haciendo que el frío que había sentido por salir poco abrigado en pleno mes de noviembre se transformara en una quemazón desagradable.

No hice amago de volver a ponerme en pie, solo me incorporé hasta quedarme sentado en el suelo y analicé los daños que había sufrido mi cuerpo.

No tenía nada roto y ningún arañazo era lo suficientemente profundo como para causarme problemas, pero iba a tener que pasar por la enfermería para que me los desinfectaran bien.

No quería más cicatrices, me llegaba con la de la ceja.

Aiden me miraba impasible, a un par de metros de distancia.

Tenía los ojos opacos, sin brillo. Parecía que no había nadie al otro lado.

No podía saber con exactitud qué sentía, ya que el vínculo se había cerrado por completo.

Aquello también me sorprendió, era la primera vez que veía que alguien podía hacer algo así.

Después, como si todo fuera un espejismo, Aiden reaccionó. Se acercó a mí con la preocupación brillándole en la mirada mientras unas palabras de disculpa salían de su boca una y otra vez.

—¡Rian! Lo siento muchísimo, de verdad. No sé por qué reaccioné así. —Me tendió una mano para ayudarme a levantarme.

Durante unos instantes pensé en rechazarla, pero no quería seguir alimentando esa brecha que se había abierto entre nosotros.

La acepté y dejé que tirara de mí. Varias personas se habían parado cerca y nos observaban con curiosidad, aunque nadie había sido lo suficientemente valiente, o estúpido, para meterse entre dos miembros del equipo de duelos que estaban teniendo problemas evidentes.

Notaba el pecho dolorido y no pude evitar que una mano se situase justo en el punto del impacto. Hacía tiempo que la magia de Aiden no me hacía daño de verdad.

—Joder, Rian, lo siento, perdóname —repitió.

Al ver que no le contestaba, me agarró de las mejillas con las manos, levantándome la cabeza, haciendo que nuestras miradas se encontraran.

La preocupación salía por cada poro de su piel. Lucía arrepentido, aunque no lo podía saber. Era incapaz de notar nuestro vínculo. Además, sus ojos brillaban como de costumbre, pero la imagen de ellos sin vida se me repetía en bucle.

Di un paso atrás, rompiendo el contacto y me dio la sensación de que algo más se resquebrajó.

—Estoy bien —contesté. Mi mano seguía haciendo presión en la parte baja del esternón.

Sentía un dolor bastante profundo en aquella zona, lo que era un claro indicativo de que Aiden había utilizado muchísima magia para golpearme.

—No pareces bien.

—Bueno, fue un golpe fuerte. —Intenté sonreír para quitarle importancia.

Cuando vi su expresión supuse que había quedado más como una mueca extraña.

—Perdóname, no sé qué me pasó.

Yo tampoco lo podía saber y eso me preocupaba más. No sabía si había sido consciente de lo lejos que estaba en ese momento.

De cómo se había apagado por completo su luz.

—No importa. —Me sacudí el pantalón intentando quitar los restos de tierra, pero la humedad había hecho que se quedaran impregnados en la tela blanca.

Un par de hilos de sangre me resbalaban por los brazos hasta las muñecas, dejando un rastro pegajoso y caliente a su paso. No quería decirlo en voz alta, tampoco era necesario que se sintiera más culpable de lo que ya lo hacía, aunque me había destrozado por completo.

Me limpié la sangre contra la camiseta, empeorando mi aspecto por momentos. Me iba a ir de allí con aquella sensación rara entre nosotros, y no me gustaba.

—Voy a ir hasta la enfermería un momento, no quiero que se me infecte ningún corte. Sé que estás preocupado por la competición. Todavía podemos entrenar duro este tiempo que nos queda. Tenemos el domingo y parte del lunes. Todo va a ir bien.

Aiden no dijo nada, se limitó a asentir. No hizo amago de irse a ningún lado y yo no sabía cómo debía comportarme con él. No sabía si dejarle tiempo o intentar hablar las cosas antes de que se enfriaran.

—¿Te parece si nos vemos luego? —insistí al ver su pasividad.

—Claro —confirmó con una sonrisa tan falsa que me costó no poner los ojos en blanco—. Avísame cuando llegues a tu cuarto.

—Lo mismo digo.

No pude evitar preocuparme. Aiden estaba tan lejos de estar bien…

Me despedí nuevamente antes de caminar hacia el interior de la facultad, de camino a la enfermería.

Cuando llegué a mi cuarto para pasar el sábado por la tarde tirado en cama, viendo videos de torneos pasados, todavía no había tenido ninguna noticia de Aiden. Ni siquiera había leído el mensaje que le había mandado hacía un par de horas.

El domingo tampoco dio señales de vida.

El lunes, después de contactar con toda la gente que lo conocía y que podía llegar a saber dónde estaba, me subí a un avión en dirección a la competición, sin la certeza de que Aiden fuera a aparecer.