Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 34 #2
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Capítulo 34 #2

—No entiendo a qué te refieres. ¿El plazo de inscripción termina hoy? Aún quedan meses para la primera prueba —preguntó confuso.

—¿Meses? La primera prueba empieza el martes. El lunes es el desplazamiento de los equipos a la Arena.

Si Caleb dijo algo más, Aiden no lo escuchó. Su cerebro acababa de colapsar.

Era imposible. No podía estar hablando en serio.

—¿Cómo? —preguntó unos segundos después aún aferrado a la idea de que todo era un malentendido y sus oídos le habían engañado. Se negaba a creer que Caleb hubiera dicho que quedaban dos días para el torneo. No podía ser cierto—. ¿A qué te refieres con que el lunes es el desplazamiento?

Mientras el entrenador seguía tecleando a toda velocidad, Aiden pensó que perdería los nervios.

Era imposible que aquella información se le hubiera olvidado por el camino.

Había tenido la oportunidad de contarle millones de veces que la primera fase de la competición era a finales de noviembre.

Si Rian y él no hubieran hecho las paces, ¿con quién lo habrían mandado a la competición?

Además, se habían visto el día anterior y habían estado hablando de la vida, ¡la vida!

—¡Caleb! —protestó Aiden unos minutos después al verse incapaz de aguantar más aquella incógnita.

En aquel momento, Rian entró en el despachó algo agitado. Tenía una fina película de sudor cubriéndole la frente y el pelo despeinado, como era habitual.

—Siento el retraso —susurró al fijarse en lo ocupado que estaba Caleb—. Mi hermano está obsesionado con volverme loco y que falten dos meses para navidades no parece tiempo suficiente para nada…

—Da igual, porque, al parecer, el tiempo es relativo —se quejó Aiden interrumpiéndole, notando como el enfado le recorría el cuerpo. Como Caleb no empezara a darles respuestas pronto era muy posible que empezara a romper cosas.

—¿A qué te refieres? —se interesó Rian sentándose en la silla que estaba a su lado.

Aiden desvió la mirada, fijándose en su nuevo compañero. En ese momento fue consciente de que él era su entrenador y quien estaba, teóricamente, preparándolo para la competición. Como si una pequeña luz se iluminara en su interior, entrecerró los ojos y lo escrutó con la mirada.

—Rian, ¿sabes las fechas de la competición de este año? —Su compañero sabía algo al respecto y no le había dicho nada…

Aiden apretó los puños con fuerza, notando como su magia chisporroteaba entre sus dedos.

No. Se negaba a desconfiar de él.

—¿A qué te refieres? —preguntó con la vista fija en sus manos, atento a la magia que se acumulaba a su alrededor—. La primera ronda es en enero y la segunda en marzo.

—¿Y la clasificación?

—¿De qué hablas?

—¿Por qué no respondes y dejas de hacer más preguntas?

—Joder, Aiden, primero deberías tranquilizarte un poco —añadió mirando a su alrededor.

Seguramente era algo relacionado con los hilos dorados que Rian siempre mencionaba—.

Y segundo, no tengo entendido que haya ningún tipo de clasificación o fase previa.

No sé cómo se organizarán ese año, esa parte de la planificación la llevaba Caleb.

Aiden asintió al no notar ningún tipo de engaño a través del vínculo.

Aun así, no podía relajarse y Caleb seguía ignorándolos.

Dejándose llevar por un impulso, extendió el brazo por encima del escritorio y le bajó la pantalla al portátil del entrenador.

No fue tan suave como debería, pero sí lo suficiente como para no romper nada.

Esperaba que el entrenador valorase el gesto.

—Si ya has terminado —comentó Aiden cuando los ojos de Caleb se cruzaron con los suyos por encima de la mesa—, Estamos esperando a que nos aclares lo del lunes.

—¿Qué lunes? —preguntó Rian sin saber de qué estaba hablando.

—Caleb me ha dicho antes de que llegaras que el lunes nos vamos a la Arena.

—¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? —preguntó Rian con los ojos muy abiertos.

—Chicos, relajaos. Ya he mandado la preinscripción y está todo en orden —respondió el entrenador, quitándole importancia.

—¿Entonces es cierto?

—Sí.

—¿Y ya está? ¿No piensas decir nada más? ¿En qué momento pensabas decirnos algo al respecto?

—Ahora —contestó con una tranquilidad desquiciante para Aiden.

Estaba tan enfadado… Se tapó la boca con la mano y empezó a contar hasta diez. Al terminar, al ver que no se tranquilizaba, contó hasta veinte. Luego hasta treinta. Paró al llegar a cien.

Rian, por el contrario, mostraba una calma un tanto extraña.

—Lo siento, chicos. Sé que esto no es una forma agradable de enteraros de algo así, pero no he podido hacer nada al respecto.

Vosotros fuisteis mi apuesta esta temporada y era primordial que volvierais a confiar el uno en el otro.

Teníais que recuperar la complicidad que sentíais cuando competisteis juntos en la escuela superior.

Necesitaba que vosotros también la vierais antes de decidir dar el paso y haceros compañeros de nuevo.

Entiendo vuestro enfado y estaré aquí para discutir todos los puntos que queráis a vuestra vuelta del torneo.

Ya os adelanto que no os va a gustar ninguna de las respuestas que os voy a dar.

El Igrom me confió vuestro fichaje con el objetivo de que compitierais juntos y, si hubierais sabido que la clasificación era en noviembre, ni siquiera os lo hubierais planteado.

—Después de hablar durante tanto tiempo seguido, dejó escapar un suspiro y se echó para atrás en la silla.

Antes de continuar, centró su atención en Aiden—.

Sabes que la búsqueda de tu compañero fue algo que te mantuvo intranquilo mucho tiempo.

Si llegas a saber el poco tiempo que quedaba, hubieras presionado mucho más y yo necesitaba que hicieras las paces con Rian antes.

No sé qué os pasó hace dos años y tampoco me importa.

Solo sé que sois unos magos increíbles por separado, pero unos fuera de serie cuando estáis juntos.

Aiden tenía los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido.

No estaba nada contento y aquella vaga explicación no le servía de nada.

Contaba con menos de setenta y dos horas para entrar en la Arena y lo iba a hacer de la mano de un mago con el que solo había entrenado una vez en los últimos dos años.

Rian abrió la boca un par de veces antes de que algún sonido saliera de ella. Parecía igual de impactado que él.

—Vamos a ir a lo loco. Ni siquiera entiendo por qué piensas que es una buena idea. Hace años que no entrenamos juntos como compañeros. Sí que es cierto que estos últimos meses he podido ver un poco su evolución y, aun así, no es lo mismo.

—Eso no me preocupa —descartó Caleb haciendo un gesto con la mano, quitándole importancia—.

Estáis más que preparados para superar las pruebas por separado.

Tened en cuenta que, como en todas las competiciones, se presentan duelistas sin experiencia o que no son lo suficientemente buenos.

Que vais a pasar el primer corte es una realidad.

Además —dijo y sonrió—, las dos veces que competisteis juntos fuisteis los primeros clasificados.

—¡Llevábamos meses entrenando juntos! ¡Meses! En esta ocasión creo que el total de horas suma dos que, en resumen, es el entrenamiento del otro día.

Caleb se rio y aquello molestó a Aiden de tantas maneras que era imposible definirlo con precisión.

—Aiden, has entrenado tantas horas con Rian que, a pesar de los años y la distancia, todavía os compenetráis de maravilla.

Cuando estáis en la sala de entrenamiento a veces siento que orbitáis el uno alrededor del otro.

—Caleb hizo un movimiento con las manos, como si quisiera explicar algo imposible —.

Durante un tiempo, al principio de curso, dadas vuestras reticencias iniciales, llegué a pensar que me había equivocado, que había sido un error.

Quizás por eso también presioné en emparejarte con Katrice.

Pero solo necesité veros en un par de ocasiones compartiendo espacio para ver el motivo por el cual os fichamos.

Sois como dos piezas de un mismo puzle, encajando a la perfección.

Sé que estáis enfadados ahora; lo superaréis. ¿Listos para empezar a entrenar?