Capítulo 34
De vuelta a los entrenamientos
Aquel día Aiden se despertó antes de que sonara la alarma, a pesar de que se había quedado despierto hasta tarde poniéndose al día con Thiago.
Volver a entrenar con Rian era mucho más de lo que se podía ver a simple vista.
Era tener a un compañero a su altura; recuperar a su amigo; volver a pensar en ganar la competición como una meta alcanzable. Demasiadas cosas a la vez.
Cuando salió de la habitación, se encontró a su compañero de piso desayunando en el sofá mientras revisaba los apuntes que tenía sobre las piernas.
La fecha de la prueba de acceso se acercaba y estaba intentando conseguir el nivel que necesitaba de forma desesperada.
Aiden lo veía acostarse tarde por las noches y levantarse antes de que saliera el sol.
Que alguien como Thiago estuviera dispuesto a madrugar tanto era un claro indicativo de todo lo que suponía para él.
—Buenos días —dijo en voz baja para no despertar a Axel—. ¿Quieres otro café?
—No queda en la cafetera. Si haces para ti, sí, gracias —aceptó y su voz sonó algo cansada.
—¿No quieres hacerme compañía?
—Estamos en la misma estancia. ¿Es necesario que acorte los tres metros que hay desde el sofá a la cocina?
—Te lo agradecería, la verdad —contestó intentando disimular la sonrisa.
Thiago resopló como respuesta, pero se levantó y arrastró los pies hasta la cocina. Se sentó en una de las sillas y dejó caer la cabeza contra las manos. Apenas eran las nueve de la mañana y ya estaba agotado.
—No te enfades —empezó Aiden sabiendo de antemano la respuesta de su compañero—. Quizás te estás esforzando de más. Tienes una cara de muerto que no puedes con ella.
—Si sabes que me voy a enfadar, es mejor que te guardes esos pensamientos para ti.
—No empieces. Si te vieras la cara cambiarías de opinión —aclaró Aiden mientras terminaba de preparar la cafetera y la ponía al fuego.
—No sé si eres consciente de la existencia de los espejos. Esa es su función, aunque no sé si es un spoiler para ti —protestó mirándolo con los ojos entrecerrados.
—Ja, ja, estás de un gracioso esta mañana…
Aquello le sacó una sonrisa a Thiago, una de verdad.
—Sí que estoy cansado, sin embargo, no queda tiempo.
—Dejó escapar un largo suspiro—. Soy consciente de que fue una decisión bastante precipitada y que no puedo decepcionarme si no lo consigo.
Aun así, quiero darlo todo. No quiero lamentarme después.
Ya tendré tiempo para descansar cuando pase el examen.
—Ya, pero a este paso empiezo a dudar de que consigas llegar vivo a él.
—Solo quedan quince días. Sobreviviré. —Se encogió de hombros y esperó a que Aiden depositara la taza de café encima de la mesa—. ¿Y tú qué? ¿Desde cuándo decides levantarte un sábado antes de la hora de comer?
Aiden lo fulminó con la mirada mientras se sentaba al otro lado de la mesa, enfrente de él.
—Jamás me has visto levantarme tan tarde, y llevamos viviendo juntos más de tres años.
—Uf, tienes razón, no hace falta que me recuerdes mis errores. Debí ser lo suficiente inteligente para huir de ti en cuanto pude.
—Imbécil.
—¿Me vas a contar ya qué te pasa?
—No me pasa nada.
Thiago resopló, poniendo los ojos en blanco.
—Estás empeñado en ponérmelo difícil. ¿Qué haces despierto a estas horas, Aiden? ¿Serías tan amable de contármelo?
—Qué graciosete estás, al final tenía que haberte dejado sentado en el sofá hundido entre tus apuntes.
—Qué sí, pesado, que sí. A ver, que es para hoy.
El día anterior habían estado hablando largo y tendido sobre su idea de volver a competir con Rian.
Para Aiden no había sido una conversación fácil.
Sabía que Thiago estaba enfrascado en su nuevo proyecto y que le había apoyado a la hora de volver a competir con el otro chico, pero en el fondo sentía que todo era un gesto feo de su parte.
Le daba la sensación de que estaba coleccionando errores, cometiendo uno detrás de otro.
—No es que me preocupe nada, solo que hoy Rian y yo tenemos el primer entrenamiento juntos y estoy nervioso —dijo al final.
—Mmmm, entiendo. ¿Cuánto tiempo crees que tardarás en sacarle de quicio? Podemos apostar algo. La última vez, habría perdido, fuiste más rápido de lo que esperaba, y eso que no tenía muchas esperanzas puestas en ti.
—Bah, paso. No sé por qué me molesto. Que sepas que me arrepiento de haberte dado ese café. No pienso preocuparme por ti nunca más.
Thiago se volvió a reír, divertido. Aiden creía firmemente que tocarle las narices era su pasatiempo preferido.
—Ya paro, es que es muy fácil meterse contigo —confesó y se encogió de hombros ante la mirada de su amigo.
Luego le dio un sorbo al café y se inclinó sobre la mesa, cambiando su tono vacilón por otro más confidente—.
No tienes por qué preocuparte por nada que tenga que ver con Rian.
Estoy seguro de que esta vez él te lo pondrá fácil.
—¿Tú crees?
—Estoy segurísimo. El único que me preocupa ahora eres tú. Él sigue mirándote convencido de que eres la causa de que el sol salga todas las mañanas —añadió con gesto de desagrado.
Aiden sonrió al ver la mueca de su amigo, aunque perdió la fuerza al ser consciente de lo que intentaba trasmitirle con sus palabras.
—No creo que sea así —respondió y notaba una fuerte inseguridad.
—¿Por qué lo dices?
—Hay una cosa que no te conté —confesó y su voz tembló con inseguridad. Thiago no hizo amago de contestar, se limitó a alzar las cejas y esperar a que continuase—. Ayer, cuando decidimos competir juntos otra vez, también nos besamos.
Aiden tenía las manos colocadas encima de la mesa y sujetaba la taza de café con cuidado, intentando disimular el temblor en ellas.
No era nada relacionado con su magia, era un efecto físico de todos los cambios que estaban ocurriendo en su vida y en las implicaciones que tendrían a largo plazo. Tenía miedo.
—Si vas a decirme que besa mal, por favor, ahórratelo. No necesito datos tan específicos —respondió su amigo con una mueca de desagrado en el rostro.
—No, no. —Aiden dejó escapar una risa nerviosa—. No voy a hablar de eso.
—¿Entonces?
—No termino de confiar en él —pronunció aquellas palabras con una mueca de dolor.
Su relación con Rian jamás se había basado en la confianza porque se había sentido traicionado de tantas formas que le preocupaba no ser capaz de sanar aquellas heridas. Los sentimientos que tenía por él tampoco ayudaban nada.
—No creo que sean cosas incompatibles. Él sí te mira de forma especial —se reafirmó Thiago—. De todas formas, entiendo que tengas reparos.
—Reparos es una palabra suave de más para la inseguridad que siento. En el fondo no me sorprendería que hubiera cogido sus maletas esta noche y hubiera desaparecido. Creo que, si llego al entrenamiento y no está, sería como si, en el fondo, ya me lo esperase.
Thiago levantó las cejas y removió el café con cuidado meditando las palabras de su amigo.
—No va a ser fácil para él demostrarte lo contrario, pero creo que si quieres que funcione, y no me hagas decirte el qué, porque puede ser cualquiera de las dos cosas que estás pensando, vas a tener que arriesgarte de nuevo. Una vez más.
—¿Y si sale mal? Esta es mi última oportunidad. Si Rian me falla de nuevo…
Aiden sintió como Thiago se removía incómodo a través del vínculo. Aquella posibilidad le había alterado más de lo que dejaba entrever a simple vista.
—Si te vuelve a fallar me encargaré de que sea la última cosa que haga en su vida —determinó, y a Aiden no le dio la sensación de que lo estuviera diciendo de broma.
◆◆◆
El camino hasta la universidad se le hizo mucho más largo que de costumbre.
A pesar de que la charla que había tenido con Thiago le había ayudado a calmar los nervios, en el fondo no podía evitar sentirse intranquilo.
La reacción de Caleb el día anterior había sido excepcionalmente buena.
El tiempo que tenían para prepararse antes de la primera ronda de la competición era muy breve.
Noviembre ya estaba terminando y enero estaba a la vuelta de la esquina.
No podían despistarse si querían llegar a tener alguna oportunidad.
Antes de que se dieran cuenta, estarían viajando a la Arena.
Tan pronto como llegó al vestuario, fue directo a su taquilla para cambiarse. Hasta entonces, el compartimento de la derecha no tenía ninguna pegatina en la puerta. En aquel momento, ya no era así.
Rian Kane.
Aiden se quedó un rato contemplando aquellas dos palabras y lo que repre sentaban.
De repente, todo cobraba más sentido. Algo más que le aseguraba que era real.
Después de perderse un par de minutos en sus propios pensamientos e inseguridades, se puso la equipación y fue directo hasta el despacho de Caleb.
El entrenador estaba tecleando en su ordenador, concentrado en su tarea y, aun así, levantó la vista unos segundos cuando lo saludó.
—Hola, Aiden. Siéntate ahí que en nada estoy contigo —dijo señalando con la cabeza una de las sillas situadas al otro lado de su escritorio—.
Hoy tengo muchísimo papeleo. Como siempre, han sacado varios requerimientos de última hora y necesito dejar todo entregado antes de las doce de la noche si no queremos que nos penalicen.
Aiden frunció el ceño sin saber bien de qué estaba hablando su entrenador. Aunque supuso que sería algo de la organización del equipo decidió preguntar igualmente.
—¿Y eso? ¿La dirección del Igrom ha pedido algún informe? —preguntó dando por hecho que así era. Al final el entrenador les había hablado en múltiples ocasiones de las gráficas de rendimiento que elaboraba para la junta directiva—. Si necesitas que te ayude en algo…
—No, no, no te preocupes. Suficiente tienes tú con lo tuyo. Esto quedará terminado en nada. Si Rian y tú os hubierais decidido antes como estaba previsto, podía haberlo entregado hace tiempo, no el último día a última hora.