Capítulo 33
Caleb
Aiden:
Tenemos que hablar.
¿Estás en tu despacho mañana?
El mensaje que Aiden me había enviado hacía un par de horas todavía seguía en la pantalla de mi teléfono. No había encontrado valor para contestarle. No sabía con exactitud qué habría pasado. Me sentía en un callejón sin salida.
Si él o Rian habían averiguado algo de la competición, estaba jodido.
Desde el comienzo de la temporada me había tomado ciertas licencias e ido por libre, mintiendo a todo el mundo.
Si lo miraba con perspectiva, me daba la sensación de que había cometido un error tras otro, pero si salía bien, y todavía tenía fe en ello, me coronaría como el mejor entrenador. Un visionario.
Cogiendo fuerzas donde ya no las tenía, desbloqueé el móvil y escribí una respuesta rápida.
Yo:
Claro. Ven cuando quieras.
Si la llama estaba a punto de llegar al bidón de gasolina, de nada servía soplar con fuerza.
Pasé casi toda la noche en vela, dando vueltas en la cama mientras buscaba soluciones a problemas
imposibles. Cuando el despertador sonó cerca de las nueve de la mañana, estaba cansado, adormilado y de mal humor, un cóctel explosivo.
Darme una ducha de agua fría me pareció una gran idea hasta que estuve debajo del chorro. No había contado que estábamos en pleno invierno y las temperaturas de interior de Mayak hacían que el agua saliese casi congelada. Me dolieron hasta los huesos.
El chat que compartía con mis compañeros del Dorogoy estaba ardiendo. Llevaban unas semanas emocionados por ver a mis pupilos en acción y todos sabían que Rian todavía no había dado su brazo a torcer.
Sarah: ¿Cómo van las apuestas?
Jan: Se paga tres a uno que los chicos de Caleb no pasan las eliminatorias.
Juls: ¿Y cómo está el tema de que no haya equipo para competir? Poco se habla de eso.
Sarah: Obviamente es un hecho.
Juls: Yo solo hablo con factos .
Kiara: Tú hablas por hablar. Caleb lo hará bien.
Pam: Caleb lleva jugando con fuego desde que se lesionó, empecinado en ser algo que no es.
Dom: ¿Ya estás de nuevo? Te avisaron de que bajaras el grado de agresividad.
Pam: Paso de vosotros, ya me daréis la puta razón. Sabéis que lo que digo es verdad.
Dom: ¿Y cuál es tu verdad?
Pam: Que Caleb es un puto duelista de nuestro equipo, no un jodido entrenador de críos.
Sarah: ¿Críos?
Tony: Creo que deberías ver alguno de los duelos de esos «críos». Te dan mil vueltas, campeona.
Pam: ¿Y?
Sarah: ¿Cómo que «y»? ¿Eres gilipollas o te lo haces?
Pam: Esos críos que me dan mil vueltas ni siquiera son un equipo. Son dos niñatos que no han sabido aprovechar las oportunidades que han tenido.
Dom: Tienen talento.
Juls: El talento sin esfuerzo no es nada.
Sarah: Aiden tiene potencial para conseguir lo que él quiera solo. Si Rian no ve la oportunidad que tiene delante, que se meta en individuales. Les dará mil vueltas a todos.
Pam: Jamás ha entrenado para estar en individuales.
Tony: Jamás ha entrenado para nada. Te recuerdo que su antigüedad en los duelos es de tres años.
Sarah: Ni eso.
Tony: Cierto, ni tres años. A ver qué respondes ahora.
Laura: Creo que se os está yendo la pinza. Caleb lo hará bien.
Will: Caleb lleva tres días sin dar señales de vida porque es un puto cagado. Sabe lo que ha hecho y las repercusiones que tendrá.
Sarah: ¿Tú que sabrás?
Will: Sé más que tú, gilipollas.
Sarah: Hablar contigo es peor que discutir con mi perro, te lo juro.
Will: Di lo que te dé la gana, Caleb tendrá que dar la cara ante la junta y todos sabemos el resultado de esa reunión.
Jan: Eso es problema de Caleb, no tuyo.
Will: Claro, porque tu concepto de equipo es pasarte a los demás por el forro de los cojones.
Tony: Como sigas así, te voy a echar del grupo. Primer aviso.
Dom: Uuuuu, el capi se pone intenso.
Pam: Dale, capi.
Holly: Enséñale quién manda.
Finn: ¿Podéis parar de colapsar el chat? Así no hay quien se concentre.
Will: ¿Concentrarse? ¿En qué? ¿En cagar? Era tu única tarea de hoy.
Jan: Me parto.
Dom: ¡Buuuuum!
Pam: En toda la cara, joder.
Tony ha expulsado a Will del chat
Aparté la mirada del móvil para asegurarme de que nadie me iba a atropellar al cruzar. No había contestado a los mensajes de ninguno de mis compañeros. Will tenía razón, iba a tener que dar la cara y mis esperanzas de que saliera todo bien estaban al mínimo.
Nada más llegar a la sala de entrenamientos, fui directo a mi despacho. Todavía tenía algo de papeleo que adelantar y, aunque mi cabeza estaba en otro lugar, intenté dejar todas mis preocupaciones a un lado.
Mis dedos se movieron por las teclas del ordenador de forma autónoma.
Llevaba mucho tiempo encargándome de aquellas tareas y no necesitaba dedicar el cien por cien de mi atención para sacarlas con una calidad decente.
Durante las siguientes cuatro horas solo levanté la mirada de la pantalla para comer un par de frutos secos cuando mi estómago empezó a rugir con fuerza.
Al mirar el reloj, pasaba de la una del mediodía.
Todavía podía seguir trabajando un poco más, pero no tenía intención de quedarme en la facultad el día entero y Aiden aún no había dado señales de vida.
Justo cuando estaba a punto de rendirme y mandarle un mensaje, tres golpes en la puerta me sobresaltaron.
Tardé dos segundos en darle paso a la persona que estuviera al otro lado, mientras contenía el aliento ante la esperanza de que fuera el chico.
Al asomar la cabeza del joven mago por el hueco de la puerta, le sonreí y lo invité a entrar. Aunque estaba abierto a cualquier cosa que pudiera ocurrir, que Rian acompañara a Aiden no entraba ni en mis mejores sueños. Aquello podía ser algo muy bueno, o muy malo.
—Vienes acompañado, por lo que veo —dije mientras evaluaba sus energías. Ambos estaban sumidos en una aparente calma.
—Entrenador —me saludó Rian al mismo tiempo que hacía un gesto con la cabeza y cerraba la puerta tras él.
De los dos chicos, Aiden me parecía el más abierto y el más fácil de leer, por lo que me centré en él. Me di cuenta de que retorcía las manos con nerviosismo y que su pierna se movía impulsivamente, aunque aquello no era novedad alguna.
Al ver que ninguno de los dos se mostraba dispuesto a romper el silencio, decidí hacerlo yo. Si pensaban que estaba tranquilo se equivocaban.
—¿Y bien? ¿Qué es lo que os trae por aquí? —pregunté intentando mantener una postura calmada.
Aiden desvió la mirada a Rian, quien ya lo estaba observando con detenimiento y pude apreciar un ligero brillo en sus ojos. Quizás a cualquier otra persona le habría pasado desapercibido. A mí no. Yo estaba acostumbrado a tratar con ellos y ya empezaba a conocerlos a la perfección.
Una sensación de calor me subió por el pecho ante la expectativa. Podía tratarse de un error, pero lo dudaba.
—Rian y yo estuvimos hablando ayer. Teníamos mucho que arreglar, problemas que arrastrábamos de hace años.
—Ajá.
—Y… bueno, lo cierto es que estamos llegando a un punto de entendimiento mutuo. Todavía tenemos cosas que hablar y resolver…
—Nos gustaría volver a competir juntos —terminó su compañero por él.
Tan pronto oí aquellas palabras tuve dos impulsos.
El primero era subirme a la mesa y gritar como si acabara de ganar el campeonato. Incluso marcarme una coreografía de baile improvisada.
El segundo era coger el móvil y mandar a la mierda a todos mis compañeros por dudar de mí.
Por suerte, supe mantener la compostura y solo esbocé una pequeña sonrisa.
—Pensaba que nunca llegaríais a esa conclusión —confesé.
Aiden me miró algo confuso.
—¿Esperabas que esto sucediera?
Asentí secamente. No hizo falta que dijera nada, Rian lo hizo por mí.
—Caleb me preguntó en varias ocasiones si estaría interesado en volver a competir.
—Los dos chicos estaban manteniendo una especie de conversación privada, yo aparentaba ser un mero espectador—.
La primera vez que me lo propuso, ni siquiera sabía que tú entrarías en el equipo.
Después me lo preguntó un par de veces en los últimos meses, pero siempre lo rechacé.
Yo… —Lo vi dudar de una forma tan evidente que estuve a punto de entrometerme.
Por suerte, no lo hice—. Yo no esperaba que tú estuvieras dispuesto a volver a competir conmigo.
Aiden ni siquiera parpadeó ante las palabras del otro chico y a mí me pareció muy confuso, ya que estaba viendo una parte de Rian desconocida para mí. Vulnerable. Supuse que para ellos era algo habitual abrirse así, porque el otro chico asintió con entendimiento.
Al ver que ninguno decía nada más, decidí esperar unos segundos de cortesía antes de volver a inmiscuirme.
—En realidad, da igual que fuera o no lo que yo estaba esperando.
Lo importante es que es lo mejor para vosotros y para el equipo —afirmé con rotundidad.
A pesar de que me estaba jugando mi futuro en aquella decisión, necesitaba que fuera firme—.
¿Estáis seguros de que esto es lo que queréis? —pregunté señalándolos a ambos.
No se detuvieron a pensarlo, los dos asintieron sin dudas.
Bien. Eso era bueno.
Estuvimos comentando los cambios que tendrían que hacer de aquel momento en adelante.
Debían volver a acostumbrarse el uno al otro, entrenar mucho y esforzarse.
Aunque el vínculo que compar tían era fuerte, llevaba un tiempo dormido y necesitarían unas cuantas sesiones de entrenamiento para que volviera a ser tan poderoso como años atrás.
Coloqué el planning encima de la mesa y le tendí una copia a cada uno. Cuando les había dicho que lo tenía todo preparado, era cierto. Llevaba redactado desde septiembre.
—Hay muchísimo trabajo que hacer y espero que lo toméis con ganas.
—Lo haremos —afirmó Aiden—. Daremos lo mejor de nosotros.
—No esperaba menos.
Una hora más tarde, dimos por finalizada la charla. No habíamos avanzado tanto como nos hubiera gustado, pero tenía muchas ganas de empezar a ver los progresos que, por fin, harían juntos.
—Chicos, descansad hoy porque mañana empieza lo duro. Pienso llevaros a la victoria —dije emocionado.
Aiden y Rian se miraron, sonriendo. Empezaba la cuenta atrás y no podían estar más emocionados.
◆◆◆
En cuanto me quedé solo en el despacho, me permití unos segundos de felicidad para mí mismo.
Me estaba recreando y las puntas de los dedos me picaban de ganas de mandar un mensaje por el grupo.
No lo hice, no todavía. Quería esperar a que la prensa se hiciera eco y luego compartirles la noticia.
Que pensaran hasta el último segundo que aquello iba a salir mal para luego estamparles la verdad en la cara.
El problema era que el tiempo jugaba en mi contra y que al día siguiente iba a tener una conversación extremadamente incómoda con los chicos. Solo esperaba estar a la altura y no enrevesar más la situación.