Capítulo 28
Otro error más
Aquel día no había entrenamiento, pero Aiden se había pasado dentro de la máquina de simulación desde primera hora de la mañana.
El desplante que le había hecho a Noah el día anterior todavía le ocasionaba un sentimiento de desagrado en la boca del estómago.
Además, no había tenido la oportunidad de hablar con Rian desde que se había ido de la biblioteca y eso lo tenía intranquilo.
Estaba tan distraído que, antes de que pudiera darse cuenta, una ráfaga de magia le dio de refilón en el cuello, trayéndolo de vuelta al presente. Aiden se llevó la mano a la zona dolorida y el simple contacto con sus dedos le hizo poner una mueca. Le escocía más de lo que esperaba.
Después de finalizar el último ataque se dejó caer sobre el suelo con la respiración entrecortada.
Por mucho que entrenara y agotara su poder, no conseguía acallar las voces de su cabeza, las que le decían que debería perdonar de verdad a Rian.
Que debería arreglar las cosas definitivamente con él: olvidar el pasado de una vez y centrarse solo en el futuro.
Pero no podía. No era capaz. Aquella situación le superaba.
Se arrastró como pudo, con la poca energía que le quedaba en el cuerpo hasta uno de los bancos y, después de beber una cantidad ingente de agua, se empezó a secar el cuerpo con una toalla.
Estaba empapado y las gotas de sudor le resbalaban por la mandíbula hasta caer sobre la ropa.
Cogió el móvil y se miró la pequeña herida que se había hecho en la parte baja del cuello, muy cerca de su clavícula derecha.
Era redonda, rojiza y le dolía a rabiar.
Aiden suspiró y dejó caer la cabeza hacia atrás.
—Vaya mierda —susurró, aunque no había nadie a su alrededor para escucharlo.
Justo cuando estaba sacando la cabeza de la camiseta, que se le pegaba al pecho y asemejaba su segunda piel, escuchó como la puerta se abría y se cerraba a su espalda. Ni siquiera se molestó en mirar si alguien había entrado en la sala, dejó caer la prenda sobre el suelo y se secó el pecho.
—Mira a quién tenemos aquí —dijo la voz inconfundible de Olivier—. Y luciendo abdominales.
Aiden se giró con una sonrisa en la cara que poco a poco fue desapareciendo hasta quedar en una mueca. Olivier e Igor no venían solos, Rian estaba con ellos.
—¿Qué hay? —los saludó antes de volverse y seguir a lo suyo.
Sabía de sobra que sus compañeros irían a hablar con él, pero estaba haciendo todo lo posible por retrasar ese momento. Aunque solo fueran unos segundos mientras pensaba en cómo debía comportarse con Rian.
En cuanto llegaron a su altura, Olivier se sentó a su lado y le puso un brazo sobre los hombros, mientras que Igor y Rian se quedaron de pie, en frente de ellos.
—Estás sudado —dijo Olivier mirándolo de arriba a abajo.
Aiden sonrió.
—¿Te has dado cuenta de eso tú solito? —respondió con una ceja levantada.
—¿Llevas mucho entrenando? —intervino Rian, con la voz algo más seca que de costumbre.
—Desde la mañana.
—Tienes que descansar. No puedes forzarte y arriesgarte a una lesión —dijo tras comprobar en el móvil que pasaban de las siete de la tarde.
—Lo sé. —Lo sabía, pero necesitaba desconectar de todo lo demás que le preocupaba.
Olivier se movió a su lado y notó cómo su dedo le recorría la pequeña herida que se acababa de hacer entrenando.
Se apartó de forma brusca para huir del dolor.
—¿Y esto? —preguntó con una pequeña sonrisa en los labios.
—No es nada —respondió quitándole importancia. No quería tener que aguantar ningún sermón por haberse pasado entrenando y eso sería lo que pasaría si Rian se enteraba de lo que había sucedido.
La cuestión fue que sonó mucho más a la defensiva de lo que pretendía, haciendo que la pequeña mueca de Olivier se transformase en una sonrisa de oreja a oreja.
—Vaya, entonces tu cita de ayer sí que fue bien. Justo le estaba comentando a Igor que no deberías distraerte con esas cosas. Imagino que fue bien, ya que no has aparecido en el periódico.
—Y yo le decía que se dejara de meter en tu vida y se centrara en la suya —intervino Igor, fulminándolo con la mirada—. A ver si el chaval no va a poder acostarse con quien le dé la gana.
En ese momento Aiden fue consciente de lo que estaban pensando: que aquella marca era un chupetón y sus dedos acabaron sobre ella de forma inconsciente.
Buscó la mirada de Rian de forma inconsciente.
Cuando sus ojos se cruzaron sintió el impulso de desmentir aquello.
De decirle que no era cierto, que la cita nunca se había llevado a cabo.
Luego se dio cuenta de que no tenía por qué hacerlo. Ellos no eran nada. Ya no.
Rian debió interpretar su silencio como una confirmación, porque se puso visiblemente incómodo; se llevó una mano al pelo mientras desviaba la mirada.
—Creo que debería irme ya —dijo con los ojos fijos en algún punto detrás de él.
El ambiente se volvió pesado. Los sentimientos que había en el aire empezaron a incomodarle y Aiden se puso en pie con intención de impedir que se fuera.
Había sido un acto reflejo, pero fue capaz de controlarse y no abrir la boca hasta que vio como Rian salía de la sala de entrenamientos y la puerta se cerraba tras él.
Pasaron varios segundos antes de que volviera a sentarse. En ese momento fue consciente de que sus dos compañeros todavía estaban allí, a su lado, y lo estaban mirando con curiosidad.
—Lo siento —susurró.
—No hay nada que sentir. Es complicado —contestó Igor, poniendo una mueca triste.
—Lo es —confesó—. No sé cómo gestionar lo que siento o lo que debería de sentir. Se supone que tendría que saber qué es lo correcto, o cómo comportarme con él.
Olivier le puso una mano sobre el hombro, infundiéndole ánimos.
—No hay nada correcto o incorrecto. Hay sentimientos y razones. Sea cual sea la decisión que toméis, estará bien. —Había mucha experiencia en aquellas palabras.
Igor y él llevaban saliendo juntos muchos años. Habían sido portada de revistas de cotilleo en numerosas ocasiones, y la prensa rosa siempre esperaba una mala mirada o una palabra fuera de tono para sacar conclusiones. Nunca lo habían tenido fácil.
—¿Cómo lo hacéis vosotros? ¿Cómo lográis que funcione? Os pasáis el día juntos, entrenando, en clase, en la residencia de estudiantes… ¿Cómo hacéis para llevaros tan bien siempre?
Esa pregunta les sacó una pequeña carcajada a los dos chicos.
—No es tan sencillo, Aiden, nada lo es —contestó Igor y miró a Olivier con infinito cariño—.
Ollie y yo llevamos juntos desde siempre.
Primero fuimos amigos, luego mejores amigos y después novios, y de eso hace casi seis años.
Nos conocemos mejor que nadie y estar juntos es una decisión que tomamos los dos todos los días.
Y aun así, si crees que es fácil estás equivocado.
—Le hago enfadar cinco de cada tres días. Soy un desastre y él lo sabe. Discutimos bastante porque somos muy diferentes y, como tú dices, pasamos mucho tiempo juntos. Pero le quiero — dijo Olivier encogiéndose de hombros y miró a su compañero con una sonrisa—. No me mires así, sabes que es cierto.
—Lo sé —respondió Igor.
Aiden los miraba con tantas dudas... Sabía que desarrollar sentimientos era algo muy habitual entre compañeros. Tenías al lado a una persona con la que pasabas mucho tiempo, con la que compartías aficiones y que comprendías mejor que a nadie.
Y, aún así, no era tan simple. Si la relación fracasaba, el futuro profesional de la pareja normalmente también se terminaba. Había mucho en juego como para tomarlo a la ligera.
—¿Pasó algo que hizo que decidierais arriesgarlo todo e intentar ser pareja? —curioseó Aiden. Quizás aquella era una pregunta muy íntima y no estaba seguro de si querrían responderle. Para su sorpresa, Olivier soltó otra carcajada.
—Teníamos catorce años, las hormonas revolucionadas y éramos mejores amigos. No lo pensamos de más.
—Es cierto —afirmó Igor—, y por culpa de ello tuvimos un montón de problemas años después. Ver que la relación en pareja perjudica tu rendimiento en la Arena no es plato de buen gusto para nadie.
—Correcto. Una discusión puede hacerte perder un torneo.
Un par de besos tontos puede distraerte antes de empezar un duelo.
Si tu pareja sale herido de gravedad… Puedes llegar a perder la cabeza.
—Olivier negó efusivamente ante algún recuerdo desagradable—.
Es lo más complicado que he hecho en la vida y, a pesar de lo malo y los cientos de problemas, no hay día que no agradezca tenerlo a mi lado.
Igor se sonrojó hasta las orejas ante las palabras de su novio. Olivier sonrió ante la tierna reacción del chico y se pasó la lengua por el labio inferior antes de girarse hacia Aiden y retomar la conversación.
—No sé qué relación tienes a día de hoy con Rian, no conozco los detalles de lo que habéis pasado, solo conozco lo poco que nos contaste.
—Hizo una pausa y le puso una mano sobre el hombro—.
Pero igual deberíais aclarar en qué punto estáis y a qué punto queréis llegar.
Si tienes claro que no va a pasar nada entre vosotros, estaría bien que él lo supiera.
Más que nada porque si yo estuviera en su lugar y el chico que me gusta tuviera un chupetón de ese tamaño en el cuello… me sentiría como una mierda.
Aiden puso los ojos en blanco.
—No es ningún chupetón. Es una herida que me hice hace diez minutos entrenando. Así que supongo que debería agradecerte el malentendido.
Olivier se fijó otra vez en la pequeña herida, que había empezado a adquirir cierto tono morado.
—Ahora que lo dices…
Aiden se encogió de hombros y no le dejó continuar.
—Da igual, es lo de menos. No sé lo que Rian piensa; creo que ni siquiera él mismo sabe lo que quiere. Y tampoco estoy seguro de querer arriesgar lo que tengo ahora sin ninguna garantía. Me da miedo, me da absoluto pavor que desaparezca de nuevo.
—Nunca vas a tener garantías de nada. Y nunca podrás saber lo que piensa si no le preguntas, aunque lo puedes intuir. Si conserváis el vínculo, puedes hacerte una idea.
Aiden agitó la cabeza y se puso en pie. No le apetecía seguir manteniendo aquella conversación.
—Ni siquiera sé lo que quiero.
—No te presiones. En algún momento lo sabrás.
—Exacto, de todas formas, intenta hablar con él para que te solucione el tema del compañero. Como siga poniendo trabas, irás al torneo tú solo.
Aiden se giró de golpe, mirando a su compañero de equipo con los ojos muy abiertos mientras sentía cómo el enfado le iba creciendo por dentro.
—¿Qué acabas de decir?