Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 27
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Capítulo 27

La promesa

Había momentos en la vida en los que todos los astros se alineaban.

Ese era uno de ellos. Rian, Thiago y Aiden estaban sentados en una mesa en una de las salas de trabajo de la biblioteca.

Aunque en un principio pareciera imposible que los tres pudieran compartir espacio sin terminar tirándose algo a la cabeza, habían tenido que poner de su parte para ayudarse mutuamente a completar un boletín de física.

Tenían el mismo profesor y, al ser incapaces de terminarlo cada uno por su cuenta, habían quedado para intentar completar los diez ejercicios.

Aquel viernes, después de muchas horas de trabajo, ya tenían resueltos ocho de ellos y llevaban casi una hora con el planteamiento del noveno.

—Creo que si aplicamos esta fórmula —dijo Aiden, girando su ordenador para que pudieran ver lo que señalaba—, y luego esta, ya podremos despejar la incógnita.

Thiago miró la pantalla con detenimiento y levantó las cejas sorprendido.

—La primera aportación útil que haces —lo felicitó, asintiendo, mientras empezaba a anotar en su libreta.

—No le hagas caso, está amargado, como siempre —intervino Rian.

—Al contrario que tú, que pareces encantado de tener que volver a estudiar esta asignatura por segundo año consecutivo, yo no soporto la física.

—Dijo nadie nunca después de haber elegido una ingeniería.

—No tienes ni idea de lo que hablas.

—¿Y tú sí?

—¿Os podéis callar ya? —intervino Aiden—. A este ritmo no vamos a terminar nunca.

Llevaban toda la tarde igual. Sabía que en la escuela superior nunca habían tenido una relación estrecha, si bien aquello era excesivo.

Thiago no soportaba lo que Rian había hecho, y Rian…

Rian era Rian. No soportaba nada, aunque tenía que admitir que con él estaba siendo especialmente permisivo.

No tenía una mala palabra, intentaba ser agradable y no le negaba nada.

Por ese motivo estaba con ellos. Aiden le había pedido ayuda para resolver el boletín y allí estaban.

—¿Tienes algo mejor que hacer? —preguntó Thiago con ironía—. Además, son las ocho todavía.

Aiden se debatió unos instantes, pensando en si debía contestar o en qué decir. En ese momento, su móvil vibró de nuevo y decidió contárselo.

—Pues sí, la verdad —Thiago levantó las cejas, esperando a que continuara y Rian frunció el ceño confuso—. He quedado más tarde.

En realidad, no había tomado una decisión hasta aquel momento.

Necesitaba salir por ahí y despejarse. Sabía de sobra que no era la mejor decisión y que, posiblemente, no estaba siendo justo con Noah.

Quería pasar un rato sin estar pensando en Rian.

Tenía que sacárselo de la cabeza cuanto antes o perdería la poca cordura que le quedaba.

—¿Con quién has quedado? Pensé que iríamos a cenar a la hamburguesería —preguntó Thiago.

Aiden se pasó la mano por el pelo. Tenía la atención absoluta de sus compañeros y le flaquearon las fuerzas. No sabía qué reacción iban a tener, pero se podía hacer una idea. Thiago se había cansado de repetirle que lo suyo con Rian era cuestión de tiempo; él se empeñaba en negar la realidad.

Ignoraba a propósito todo lo que tenía que ver con Rian: los latidos incontrolados de su corazón, la forma en la que siempre lo buscaba con la mirada en cualquier lugar, lo nervioso que se seguía poniendo cuando sus manos se rozaban…

No podía seguir así. Necesitaba pasar página.

Era lamentable que, a pesar de lo que habían vivido, el chico todavía tuviera tanta influencia sobre él.

—He quedado con Noah —respondió y contuvo el aliento esperando sus reacciones. La cuestión era que ninguno de los dos reconoció ese nombre.

—¿Qué Noah? —preguntó Thiago antes de desenroscar el tapón de la botella y beber.

—El chico de la app de citas —le recordó lo más tranquilo que pudo ocasionando que Thiago se atragantara con el agua.

Su compañero de habitación lo miraba como si estuviera loco, con los ojos abiertos, sorprendido, mientras se intentaba recuperar de haber respirado agua. Aiden le aguantó la mirada, no estaba dispuesto a desviarla y encontrarse con los ojos azules de Rian.

—¿Estás de coña? —preguntó y supo que detrás de esa pregunta había mucho más. Prácticamente podía escuchar todos sus argumentos.

—No, ¿por qué debería estarlo? —lo desafió, aunque no entendía bien por qué le afectaba tanto.

Necesitaba que alguien le dijera que estaba haciendo lo correcto. Que sus decisiones eran algo más que un cúmulo de errores.

—¿En serio? —preguntó Thiago de nuevo.

En realidad, también había mucho detrás de aquellas dos palabras.

Rian tenía un gesto indescifrable. Su rostro estaba en calma, su mandíbula estaba relajada, sus ojos… Sus ojos sostuvieron por un instante un peso que no estaba dispuesto a colocar en palabra. Ardían.

Aiden abrió la boca, sin saber muy bien qué decir.

¿Debería explicarse? No había hecho nada malo, pero al mismo tiempo sentía que lo había traicionado.

El entrenador no le había hablado de Kioko, ni le había explicado qué tipo de relación tenía con la chica.

No entendía por qué, en su caso, tendría que ser diferente.

Antes de que pudiera decidirse por unas palabras o por otras, Rian se levantó sin decir nada y salió de la biblioteca dejando todas sus cosas tiradas encima de la mesa.

Estaba tan confuso que el golpe que dio la puerta al cerrarse lo sobresaltó de tal manera que terminó dando un pequeño salto en el sitio.

—¿Qué pretendías? —preguntó Thiago un rato después, tras asegurarse de que Rian no iba a volver e interrumpirlos—. ¿Esperabas que hiciera algo al ponerle celoso? Ya te adelanto que eso no va a pasar. Parece mentira que le conozca yo mejor que tú.

—No pretendía nada. Según él somos amigos, ¿cómo iba a saber yo que iba a ponerse así?

—A veces eres más estúpido de lo que aparentas —protestó Thiago, suspirando—. No sé en qué situación os encontráis porque huyes de cualquier conversación que lleve su nombre, pero si esperas que Rian te encare de alguna manera cuando dices esas cosas, vas por mal camino.

Aiden entrecerró los ojos, algo perdido.

—¿A qué te refieres?

—¿Acaso no te has dado cuenta que no discute contigo?

—Yo le he oído gritarme muchas veces, la verdad.

—Eso es para ayudarte, yo me refiero fuera de los entrenamientos.

Desde que os habéis vuelto a cruzar el uno con el otro, solo veo como tú le reprochas cosas y él se queda callado.

No te lleva la contraria, no te replica, está extremadamente calmado y, cuando las cosas le sobrepasan, se larga sin decirte nada.

—Thiago señaló con la cabeza la puerta por la que acababa de salir el mago—.

Entiendo que te resulte complicado gestionar todo lo que te está pasando, aunque no creo que lo estés haciendo bien.

Genial. De repente, la culpa era suya.

—Lo que me faltaba por escuchar. Según tú, ¿qué es lo que no hago bien? —preguntó enfadado.

Thiago suspiró y se colocó bien las gafas, que se le habían ido resbalando por el puente de la nariz. Parecía incómodo. Aquella conversación estaba fuera de su zona de confort y, al mismo tiempo, se veía en la obligación de advertirle.

—No tienes que perdonarle o ser su amigo; ni hacer nada con lo que no te sientas a gusto, pero conoces sus sentimientos. Y aunque no me cae bien, no me parece correcto que le hagas daño. Hay comentarios que no aportan nada, que quizás deberías ahorrarte.

—¿Sentimientos? ¿Qué sentimientos?

—No me trates de estúpido.

—No te trato como nada.

—Es eso o que eres más tonto de lo que pensaba.

—¿Qué quieres que haga, entonces? ¿Me quedo quietecito en casa sin hacer nada? Esperando ¿qué? ¿Qué tengo que esperar? ¿Qué va a pasar?

La respiración de Aiden se había vuelto más errática con cada palabra que salía de sus labios. Ni siquiera entendía sus propios sentimientos. La posibilidad de que Rian sintiera algo por él…

Thiago puso una sonrisa cansada mientras negaba con la cabeza.

—Puedes hacer lo que quieras, Aiden. Líate con medio campus, está perfecto si es lo que te apetece, pero no lo digas delante de él. No vas a ganar absolutamente nada y, cuando no pueda más, lo terminarás alejando de nuevo.

◆◆◆

Aiden no se presentó a la cita y desinstaló la aplicación después de disculparse con Noah, aunque ni siquiera había esperado a que el chico le respondiera.

Había huido del conflicto como llevaba haciendo con cientos de cosas en su vida.

Como huía de su enfermedad. Como huía de la verdad. Como huía de Rian.