Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 24
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Capítulo 24

Un cúmulo de sentimientos

El moratón que tenía en el pecho había cambiado de color.

En aquel momento tenía un tono azulado y le seguía doliendo al tacto.

Caleb no le había dejado retomar los entrenamientos al cien por cien.

La mayor parte del tiempo se la pasaba corriendo o haciendo algún ejercicio de concentración.

En alguna ocasión, le permitían bloquear los ataques que le lanzaba Thiago, pero poco más.

Rian no había dicho nada sobre el incidente y lo seguía tratando como siempre, lo cual era bueno, aunque sabía que tarde o temprano le acabaría preguntando.

Como cada noche, al llegar a casa, se había cambiado de ropa y había salido a correr.

La falta de entrenamiento diario le había estado pasando factura y, si no se cansaba como era debido, a la noche no conseguía conciliar el sueño.

Su cerebro tenía la manía de subir el volumen en cuanto cerraba los ojos.

En aquel momento llevaba un ritmo bastante bueno y, aunque ya llevaba casi una hora, se sentía con fuerzas suficientes para recorrer otros diez kilómetros.

No siempre le había gustado correr, más bien al contrario.

Con el paso del tiempo había aprendido a atesorar aquellos momentos donde estaba a solas con sus pensamientos.

Como ya era costumbre, Rian solía ocupar la mayor parte del tiempo que tenía, aunque su compañero también lo tenía intranquilo.

Thiago llevaba comportándose de forma extraña las últimas semanas y, con la excusa de que solamente era suplente, no se estaba esforzando como debería.

Había ido posponiendo el momento de hablar con él, pero ya no podía hacerlo más.

Con aquel pensamiento, dio media vuelta y corrió de camino a casa.

Cuando entró por la puerta del piso, estaba tan exhausto que no fue capaz de formular ni una palabra. Había decidido hacer un esprint en el recorrido de vuelta; no había previsto que se había alejado demasiado y le había supuesto más esfuerzo de lo esperado.

—Hola a ti también —dijo Thiago mirando como cerraba la puerta tras él—. ¿Te encuentras bien? Estás un poco rojo —añadió, señalando el color de sus mejillas y orejas.

—Acabo de llegar de correr —dijo entre jadeos—. Lo raro sería lo contrario.

—Bueno, siempre sospeché que en realidad te ibas a una cafetería y que era puro postureo —aclaró de una forma tan sincera que Aiden se quedó con la boca abierta.

—¿Por qué? —preguntó confuso.

—No lo sé. —Su cara estaba transmitiendo mucho más de lo que decían sus palabras.

—¿Qué pasa?

—Creo que deberías volver a competir con él. —Al ver que Aiden lo miraba de una forma un tanto extraña, decidió aclararlo para que no hubiese dudas—. Con Rian.

—¿Por qué dices eso?

—Porque es lo que ambos queréis. Repite que está empeñado en intentar buscarte un compañero, pero en realidad no le vale ninguno. No puede ser más obvio que quiere ser él el que compita contigo.

Era algo que se negaba a plantearse de verdad.

—No entiendo por qué me dices esto ahora —repitió Aiden preocupado—. Mi intención era hablar contigo para convencerte de que fueras mi compañero. Estoy seguro de que si hablamos con Caleb te sacarán de suplente.

—Eso no va a pasar. No es una buena idea.

—¿Por qué no? Nos complementamos bien. No entiendo qué tiene que ver Rian en todo esto.

—Pues, básicamente, porque es vuestro sueño, no el mío.

¿Me gustan los duelos? Sí, porque es una forma de demostrar el control que tienes sobre tu magia.

Te enseñan a afrontar desafíos, tienes que aprender a reaccionar rápido y bien.

Es interesante, aunque… —Hizo una pausa, pensando qué decir a continuación—.

Creo que me gustaría intentar otras cosas.

—¿Qué cosas? —Aiden lo miraba de una forma extraña, como si no fuera capaz de entender lo que su amigo le estaba diciendo.

—Llevo un tiempo pensando en meterme en el ejército y hacerme soldado de exploración —confesó al final.

Aiden ya había oído hablar de esa parte del ejército a Rian. Era el sueño de su hermano y el motivo por el cual habían tenido tantos problemas en el pasado. La empresa de su familia llevaba años patrocinando aquellos viajes, proporcionándoles toda la tecnología de detección de grietas.

A pesar de que no era raro que a muchos jóvenes les interesara aquella salida profesional, Aiden no lo entendía.

Aquellos soldados tenían que superar un entrenamiento muy duro antes de ser aceptados en la academia.

Y una vez dentro, tenían el riesgo constante de que los cálculos fallaran y quedarse atrapados del otro lado de la grieta para siempre. Los llamaban los perdidos.

—¿No dices nada? —preguntó Thiago al ver que su amigo seguía absorto en sus propios pensamientos.

—La verdad es que estoy sorprendido. No me esperaba para nada que quisieras meterte ahí… —confesó—. Las últimas pruebas fueron en julio, justo antes del campeonato nacional. ¿Por qué no te presentaste entonces?

—Ya, bueno, no podía dejarte tirado. Necesitabas un compañero que hiciera que dejases de dar pena en las competiciones.

—Joder, ahora me siento culpable —dijo Aiden tapándose la cara con las manos.

Era muy consciente de que había encontrado a los mejores amigos que podían existir. Siempre estaban apoyándolo, incluso cuando él no era consciente.

—No tienes por qué. Lo hice porque quise, pero ahora…

Ahora puede ser el momento en el que me haga a un lado.

Tú ya no me necesitas, ni siquiera para entrenar.

Tienes a Rian, o a Katrice, y acaban de anunciar una convocatoria extraordinaria para el acceso.

Creo que me gustaría intentarlo. Sé que no tengo la preparación física necesaria, aunque no puedo evitar pensar que, quizás, este sea mi momento.

Thiago estaba emocionado por el nuevo rumbo que iba a tomar su vida y Aiden no podía hacer otra cosa que no fuera alegrarse por él, aunque era consciente de que, si lo aceptaban, se iría muy lejos.

—Bueno, si es lo que quieres, tienes mi apoyo, aunque te echaré de menos como compañero —respondió con una sonrisa.

—Lo sé, aguantar a Rian sigue siendo complicado, aunque a ti parece que ya no te desagrada tanto… —Thiago levantó una ceja mientras se le elevaba una de las comisuras del labio y por alguna razón aquello hizo que Aiden se sonrojara y apartara la mirada.

—A mí no… —empezó y no supo bien qué decir.

—Ya, puedes engañar a todo el mundo si quieres, incluso a Rian, pero a mí no me tomes por tonto. No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de cómo os miráis, o cómo siempre estáis pendientes el uno del otro. Es extremadamente molesto.

—¿Y qué se supone que debo hacer ahora?

—¿Y a mí qué me cuentas?

—Eres el único con el que puedo hablar de estas cosas.

—¿No tienes más amigos? —Suspiró resignado—. Qué suplicio. A ver, cuéntame. Hablasteis y ¿qué pasó luego? Porque lo que sé es que después de ignorarlo durante una semana habíais decidido volver a s er amigos . —Thiago hizo énfasis en aquella última palabra.

—No hay más novedades que contar.

—¿Qué relación quieres tener con él?

—No lo sé.

—¿Por qué te declaraste?

—No lo sé —repitió—. Tampoco fue una declaración como tal.

—Joder, Aiden, ¿alguna vez en tu vida vas a pensar las consecuencias antes de actuar? No sé para qué tienes un cerebro si pareces empeñado en no utilizarlo para nada.

—Cómo te pasas conmigo… Estábamos hablando y no sé, me dejé llevar por el momento…

—¿Dirías que ha sido un error?

—Supongo que no. Rian siempre ha sido alguien muy importante para mí.

Thiago suspiró.

—¿Por qué estás teniendo esta conversación conmigo y no con él?

—Porque no sé qué decirle…—se quejó Aiden.

—Pues exactamente lo que me estás diciendo a mí.