Capítulo 23
Un pequeño fallo
Las gotas de sudor descendían sin descanso por la sien de Aiden.
Tenía la camiseta empapada y respiraba de forma agitada.
Le estaban empezando a temblar las piernas del cansancio.
Acostumbrado a entrenar duro, aquello no tenía ni punto de comparación.
Rian les gritaba instrucciones a cada segundo.
No sabía en qué momento se había vuelto tan bueno.
Veía todos los errores que cometían y les explicaba la mejor forma de reaccionar ante cada situación.
Cuando ya llevaban casi media hora en el simulador a Aiden ya le costaba ver. El sudor se le había empezado a meter en los ojos y le picaban. Thiago estaba incluso peor que él.
Los enemigos que tenían delante eran de un nivel bastante alto.
Sintió por el vínculo que tenían que su compañero estaba preparándose para hacer un ataque simultáneo por lo que abrió su palma derecha y empezó a concentrar la energía que le quedaba.
No creía que fueran capaces de seguir combatiendo.
O aquel ataque salía bien o perderían de forma estrepitosa.
Thiago lo miró por el rabillo del ojo y asintió en el momento exacto en el que debían de pasar al ataque. Justo cuando Aiden estaba a punto de lanzar la bola de energía contra el contrincante, la mano le tembló y el ataque se desvió varios metros, impactando contra una de las paredes.
Aiden se miró la mano preocupado. Hasta aquel momento, ese pequeño temblor que le aparecía cuando utilizaba casi la totalidad de su poder no había sido suficiente como para impedirle combatir, pero era la segunda vez que le hacía fallar un ataque.
Flexionó los dedos una y otra vez mientras los miraba atentamente.
Estaba tan concentrado que perdió el hilo del combate y no fue consciente de donde estaba hasta que escuchó a Rian gritar.
—¡Aiden, muévete!
Aiden levantó la mirada para ver cómo el hechizo del rival le golpeaba con fuerza en el pecho, dejándolo sin respiración y lanzándolo varios metros en el aire. Justo cuando estaba a punto de impactar contra el suelo sintió la magia de Rian amortiguando el golpe.
—¿Se puede saber qué has hecho? ¿Por qué no te has protegido? —preguntó Rian enfadado, agachándose a su lado.
Aiden notó cómo lo dejaban en el suelo con cuidado mientras él intentaba recuperar el aliento. Le dolía una barbaridad el punto exacto donde lo habían golpeado. Al menos podía respirar de nuevo. Vio a Caleb llegar corriendo y agacharse a su lado mientras le agarraba la cara con las manos.
—¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?
—Sí, sí, estoy bien, solo dolorido —contestó Aiden incorporándose.
—¿Se puede saber qué te ha pasado? —inquirió de nuevo Rian, molesto.
Thiago estaba de pie a su lado y tenía bastante mal aspecto.
Debía de estar agotado. Aiden se incorporó con ayuda de Caleb, pero no pudo evitar hacer un gesto de dolor al estirar el abdomen.
Se levantó la camiseta y vio la zona del golpe.
Tenía el tamaño de un puño cerrado, estaba hinchado y había adquirido un color rojizo.
Aiden se pasó una mano por el incipiente moratón y lo palpó con cuidado.
Su cara se convirtió en una mueca de dolor instantáneamente.
—Lo siento —se disculpó al aire.
—No tienes que sentir nada, Aiden —le dijo Caleb todavía preocupado—. Rian, ¿qué nivel les has puesto?
—El cinco —respondió con la preocupación cubriéndole el rostro. Parecía que estaba a punto de vomitar.
Aiden se dio cuenta de que Rian solía ver cómo salía herido de sus entrenamientos o combates, eso explicaba la mala cara que tenía en aquel momento. Quizás estaba recordando la última vez.
—¿Y rondas? —preguntó Caleb confuso.
—Diez —contestó Rian.
—No lo entiendo —reconoció Caleb después de haber meditado un par de segundos—. Es un buen plan, quizás un poco fuerte, pero no deberían haber salido heridos… —Se giró hacia Aiden antes de preguntar—. ¿Qué te ha pasado? ¿Estás comiendo y descansando bien?
El implicado contuvo el aliento. Caleb había llegado a la misma conclusión que Rian. Si no tenía cuidado con su respuesta podía meterse en problemas. Si ellos se enteraban del temblor de sus manos, jamás lo dejarían combatir. No estaba dispuesto a renunciar tan rápido a su sueño.
—Me despisté —dijo al final.
—Te despistaste —repitió Rian levantando una ceja. Estaba claro que no se lo había tragado. Lo conocía demasiado bien.
—No todos somos tan perfectos como tú —intervino Thiago, al que ambos entrenadores fulminaron con la mirada. Aiden agradeció profundamente la intervención.
—Bueno, vete hasta la enfermería y que te den algo para la inflamación —dijo Caleb con una pequeña palmadita en la espalda—. Mañana si te encuentras mal no vengas al entrenamiento. Y Aiden…, no más despistes —añadió serio—. Rian, acompáñalo. Los demás vamos a estirar un poco.
Aiden siguió a Rian hasta el vestuario. Recogió la ropa que había dejado en la taquilla y fueron en silencio hasta la enfermería.
Allí, después de revisarle bien el golpe y asegurarse de que no tenía nada roto, le aliviaron la mayor parte del dolor con magia y le dieron unos antiinflamatorios y una pomada para los siguientes días.
Si fuera grave de verdad lo habrían trasladado a un hospital donde podrían darle una atención más rápida, pero no había sido el caso y solo curaban con magia las heridas causadas en la propia competición. Era parte del reglamento.
—No hagas mucho ejercicio en un par de días si no quieres sentir dolor —le aconsejó la enfermera antes de que se marcharan.
En cuanto la puerta se cerró tras ellos, Aiden suspiró.
Todo aquello era un engorro y no tenía ganas de lidiar con nada ni nadie.
Ni siquiera con Rian, que todavía no había abierto la boca desde que habían finalizado el entrenamiento.
Para su sorpresa, tampoco dijo nada en aquel momento.
Echó a andar por el pasillo hasta que lo perdió de vista, dejándolo solo en frente de la enfermería algo confuso.