Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 22
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Capítulo 22

Caleb

Caleb sacó el móvil del bolsillo trasero de sus pantalones y, tras deslizar el dedo por la pantalla, entró en la aplicación de mensajes.

Tenía el ceño fruncido mientras pedía un favor poco ético.

Sabía que aquello estaba mal, y se metería en un lío si salía a la luz, pero le estaban presionando y sabía, por experiencia propia, que la opinión pública jugaba un papel imprescindible en la vida de cualquier deportista.

Tan pronto como pulsó el botón de enviar, bloqueó el teléfono y lo dejó encima de la mesa, boca abajo.

Ya se estaba arrepintiendo y, aunque todavía podía dar marcha atrás, no lo haría.

Llevaba casi tres años siendo entrenador y era algo que le gustaba. Al principio, se lo había tomado más como un castigo. Se había lesionado, no podía seguir en la competición y la dirección del Dorogoy lo había relegado a un segundo plano.

Últimamente ya no pensaba lo mismo.

Entrenar al Igrom se había ido convirtiendo, poco a poco, en la razón por la que se levantaba cada mañana.

Ni siquiera su lesión había conseguido quitarle la ilusión.

Le gustaba pensar que sus sueños habían ido evolucionando, igual que él.

En aquel momento, con los magos que tenía en el equipo, se veía ganando los torneos aquella temporada.

Sentía tanta sincronía con ellos, que incluso se estaba planteando pedirles a los directores más recursos para poder presentarse el año siguiente al mundial.

El pitido que indicaba la recepción de un mensaje resonó por todo el despacho y Caleb casi se lanzó a por el dispositivo.

Tim:

¿Qué necesitas?

Caleb:

Que se filtre esta foto.

Caleb se llevó el pulgar a la boca y empezó a mordisquearse la uña con nerviosismo.

Aquella manía la había dejado atrás hacía mucho tiempo, pero en momentos como aquel no podía controlarse.

Quizás la culpabilidad que sentía tenía algo que ver.

Su corazón latía más rápido de lo normal y tenía una fina película de sudor cubriéndole la frente.

Además, no podía evitar mirar hacia a la puerta del despacho, aun a sabiendas de que era casi de madrugada y que nadie iba a entrar.

No quedaba ni un alma en el recinto a aquellas horas.

Tim:

¿De dónde la has sacado?

¿La has hecho tú ?

Caleb:

Tengo mis fuentes.

Tim:

¿Estás seguro?

Con un título gancho la haré viral en diez minutos.

Puede que en menos .

Caleb:

Sí.

Haz que parezca que vuelven a competir juntos.

Tim:

Madre mía, vas a conseguirme un ascenso con esto…

«El Igrom junta a Rian Kane y Aiden Ashton para el torneo de invierno».

¿Te gusta ?

Caleb:

No, odio la prensa rosa, pero es justo lo que buscaba.

Gracias.

Por la mañana, después de que la noticia se hiciera viral y sus jefes le llamaran para hacer un control de daños, se hizo el loco.

Repitió las mismas palabras que ellos le decían.

Les dio la razón cuando dijeron que podían demandar a la revista que había sacado la noticia.

Incluso propuso llamar a un contacto que tenía para que retiraran aquella foto, la cual acompañaba a un titular engañoso.

Rian y Aiden no volvían a competir juntos y, para el equipo, aquella no era una buena situación.

Si todo el mundo se empeñaba en creer que los dos magos volvían a ser compañeros, sería complicado de desmentir.

Además, llevaban intentando que se propiciase esa situación desde principio de temporada.

Cuando la foto desapareció de internet, casi doce minutos después de ser publicada, tenía casi un millón de visualizaciones y, media hora después, cientos de influencers compartían la captura en las diferentes redes sociales.

Al día siguiente, Aiden y Rian fueron portada en el periódico deportivo nacional.

Nadie hablaba de otra cosa. Incluso varios reporteros se habían acercado a Industrias Ashton para entrevistar a Hanna, la madre de Aiden.

Todo era un caos. Su caos.

Los dos chicos se presentaron en su despacho.

Rian parecía más preocupado por el otro mago que por el alboroto que había.

Aiden, por el contrario, no entendía cómo se había hecho pública una foto tomada dentro de la propia sala de entrenamientos.

Caleb, por razones obvias, ya se había anticipado a los posibles contratiempos y les estuvo explicando que cualquier alumno de la Universidad de Mayak tenía acceso a las instalaciones.

—No le deis mayor importancia a la noticia. Con el paso de los días todo volverá a la normalidad —intentó tranquilizarlos, aunque su pierna se movía con un tic nervioso.

—Era cuestión de tiempo que esto pasara —contestó Aiden encogiéndose de hombros. Tenía la impresión de que ya nada lo podía sorprender.

—¿El equipo lo va a desmentir? —preguntó Rian, y Caleb no pudo evitar preguntarse si lo que realmente estaba esperando era que lo obligasen a competir de nuevo.

—Por supuesto. Haremos un comunicado oficial esta tarde, no os preocupéis. Vosotros seguid como siempre y no hagáis caso a la prensa.

Pudo ver en las miradas de los dos chicos ese sentimiento que llevaba buscando desde que se habían reencontrado unos meses atrás.

Anhelo.

Aiden y Rian asintieron y poco después abandonaron el despacho. Hasta ese momento Caleb no había podido respirar con tranquilidad.

La culpa era un sentimiento abrumador.