Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 19
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Capítulo 19

La parálisis mágica

Cuando sonó el despertador, Aiden se quería morir.

Apenas había pegado ojo. Había dado tantas vueltas en la cama que había desmontado las sábanas y había terminado durmiendo sobre el colchón.

Le dolía la cabeza, tenía los músculos agarrotados y un cansancio que le dificultaba conseguir la fuerza de voluntad necesaria para levantarse.

Una hora después estaba cruzando las puertas de la facultad en dirección al aula número tres y, una vez dentro, se sentó en uno de los asientos de las últimas filas.

Era una sala bastante grande, con capacidad para más de ciento cincuenta alumnos, pero solo había una veintena distribuida por el aula, a pesar de que solo quedaban dos minutos para el comienzo de la clase y que apenas había pasado un mes desde el inicio del curso.

Cuando entró la profesora, una señora mayor vestida con un traje marrón y un maletín con pinta de pesar varios kilos, los últimos alumnos rezagados apuraron para entrar en el aula y encontrar un hueco.

—¿Puedo sentarme contigo? —le preguntó una voz.

Cuando levantó la cabeza vio a Rian de pie a su lado. Aiden parpadeó unas cuantas veces, intentando mantener la calma. Durante las clases que había tenido de aquella asignatura, se había sentado solo y no había sido consciente de la presencia del otro chico en el aula.

Finalmente asintió y se movió un asiento, dejándole el hueco libre. El fin de semana, cuando habían hablado, Rian había mencionado que tenía dos asignaturas de primero. Al final, las carreras que estaban estudiando ambos tenían muchas materias comunes y no era de extrañar que coincidieran.

—Gracias —contestó sentándose a su lado.

Aiden tenía sentimientos encontrados. Por una parte, estaba deseando volver a tener una relación con Rian como antes. Por la otra, el hecho de pensar en perdonarle tan rápido, hacía que se replantease muchas cosas.

—No hay de qué —dijo dejando escapar el aire de los pulmones. Luego, poniendo todo el empeño que le quedaba, intentó mantener una conversación con él—. ¿Es complicada esta asignatura?

Tenía la sensación de que Rian iba a poner lo que estaba en su mano para que volvieran a recuperar su amistad.

—Bueno, no es de las más fáciles —reconoció encendiendo el ordenador—. Va a mandarnos hacer un trabajo bastante complejo. Si te esfuerzas lo suficiente no creo que tengas ningún problema. Si quieres incluso podemos estar en el mismo grupo.

Aiden levantó las cejas sorprendido, pero terminó asintiendo. Negarse a algo no era uno de sus puntos fuertes.

—¿Qué pasó? ¿Por qué suspendiste?

—Porque no lo entregué —dijo encogiéndose de hombros.

Aiden tuvo que hacer un esfuerzo por no reírse en voz alta. Aquella contestación era sumamente típica del Rian de antes.

—No te rías de mí, tuve un buen motivo —respondió Rian.

—¿No te apetecía?

—Qué va. La cosa es que no estuve durante la semana del examen porque volví a casa para apoyar a mi hermano.

Eri me había llamado por teléfono una semana antes para decirme que iba a empezar la transición.

Me pidió si podía volver para estar a su lado cuando se lo contara a mis padres.

No quería estar solo. Así que al día siguiente estaba en un avión de camino a casa.

—Hiciste bien —contestó Aiden.

—Haría cualquier cosa por él. A pesar de las discusiones… Eri es la persona de mi familia que más me importa y siempre lo será.

—¿Y cómo se lo tomaron tus padres?

—Pues bien. No olvides que siempre ha sido el hijo favorito. —Lo hizo sonar como broma, pero Aiden conocía todo lo que había detrás.

Era sorprendente cómo lo había gestionado. Estaba seguro de que no había sido sencillo para él.

—Me alegro —contestó, sin entrar en lo que escondía su confesión—. Espero tener la oportunidad de volver a verlo… La última vez no me llevé una buena impresión.

—Es cierto —dijo Rian ante aquel recuerdo.

Esbozó una sonrisa sincera que apenas le había visto desde que se reencontraron.

Su labio superior casi desaparecía, dejando al descubierto unos dientes bastante simétricos, a excepción de su colmillo izquierdo, que era más largo que el resto de piezas y se clavaba un poco en su labio inferior.

Le gustaba mucho aquella sonrisa. Un segundo después, al ser consciente de lo que estaba pensando, Aiden agitó la cabeza y apartó la mirada bruscamente.

La clase transcurrió sin mayor novedad. La profesora hizo una pequeña presentación del trabajo, les explicó la forma que tenían en el departamento de evaluar y empezó a hablar sobre las lesiones deportivas relativas al tren superior del cuerpo humano, que era el tema que iban a seguir durante los próximos tres meses.

Al finalizar la clase, los alumnos se levantaron y empezaron a recoger sus cosas para el cambio de clase. La profesora levantó los brazos y dio un grito para llamar su atención.

—El trabajo de la asignatura deberéis entregarlo, a más tardar, en la fecha del examen final.

Será por grupos de cuatro, a libre elección, y tenéis que hacer un estudio completo de cualquier lesión o enfermedad que afecte al tren superior del cuerpo.

Quiero que me contéis todo, por qué aparece, qué síntomas tiene, cuáles son los tratamientos y si tiene o no cura.

Mandadme un correo con los nombres del grupo antes del viernes.

—Al ver que le habían hecho caso asintió satisfecha—. Nos vemos el lunes.

Aiden y Rian salieron del aula y caminaron el uno al lado del otro en dirección a la siguiente clase. Aquella normalidad era extraña.

—Entonces, ¿de qué quieres que hagamos el trabajo? —preguntó Rian justo antes de separarse.

—Todavía nos queda encontrar a otros dos miembros, pero me gustaría hacerlo sobre la parálisis mágica.

Rian asintió.

—Es un tema interesante, aunque algo complejo. Podemos empezar a verlo la semana que viene, para no dejarlo para el final. —Se llevó la mano a la boca y se quedó pensativo—. Vamos a tener que hacer mucha investigación.

—Lo sé —Aiden esbozó una pequeña sonrisa y se removió el pelo, incómodo. Aquel tema era importante para él—. No te molesta, ¿verdad?

—Qué va —dijo con sinceridad, restándole importancia—. Voy a preguntar por el grupo si alguien se quiere unir y vamos hablando. ¿Te parece?

—Claro.

Se quedaron el uno frente al otro, sin saber muy bien qué más decir. Era extraño y necesitaba tiempo antes de sentir que poco a poco todo volvía a ser normal.

—Bueno…

—Sí, me voy a ir a clase, no te molesto más —le interrumpió Rian—. Pasa un buen día y nos vemos luego.

Aiden pudo ver el esfuerzo que el chico estaba haciendo por mantener aquella conversación de forma agradable.

—Claro —dijo Aiden despidiéndose de él con la mano.