Capítulo 18 #2
Rian se había sentado en la otra punta del mismo escalón en el que estaba él.
Su cabeza descansaba apoyada contra la pared.
Tenía los ojos cerrados, el ceño fruncido y la comisura del labio curvado ligeramente hacia abajo.
Parecía que intentaba buscar algo con lo que romper el silencio, algo que decir, pero nada de aquello era tan sencillo.
Sus dedos jugaban con el vaso, dándole vueltas entre las manos.
—¿En qué carrera entraste? —preguntó Rian un rato después.
—Medicina deportiva.
—Nunca sospeché que te interesaría esa rama.
—Yo tampoco —dijo Aiden cortante.
Rian se removió incómodo y no tardó en llenar el vacío con palabras. Aquello no se asemejaba para nada a cuando eran amigos. Por aquel entonces, el silencio todo se sentía normal, cómodo.
—Yo estoy estudiando Pedagogía deportiva y, bueno, el año pasado no me fue genial y estoy con un par de asignaturas de primero pendientes —explicó Rian—. No he ido a clase estos días. Es posible que coincidamos en alguna.
—No me parece bien —confesó Aiden de forma brusca. Rian no debía estar como entrenador, debía estar entrenando. Era un duelista increíble y no tenía sentido que hubiera elegido otro camino.
—¿A qué te refieres? —preguntó Rian confuso.
—No creo que te interese mi opinión para nada. —Aunque acabara de dársela.
No tenía intención de revelarle sus pensamientos.
—Eso no es así —repuso—. Siempre me has importado. A pesar de la distancia he seguido muy de cerca tu carrera.
Podía intentar mantener una conversación civilizada con él, era un adulto, se suponía que podía gestionar todo aquello de la mejor manera.
Pero una cosa era que hablaran de temas banales y otra muy diferente era que Rian siguiera mintiéndole a la cara.
Como si realmente hubiera seguido sus pasos durante estos años y no se hubiera molestado en contactar con él.
—No sigas por ahí —le advirtió molesto.
—Tu victoria en el torneo… fue increíble —dijo sonriendo, haciendo caso omiso a sus advertencias.
Aquel comentario lo enfadó mucho más de lo que debería, haciendo que sus manos se contrajeran y se cerraran en dos puños.
El vaso de plástico se estrujó entre sus dedos, pero antes de que el contenido cayera al suelo o los manchara, Aiden activó su poder, manteniendo el líquido suspendido en el aire.
Lanzó el vaso hacia una esquina y lo controló para que cayera en la posición correcta.
Después hizo que la cerveza volviera a depositarse en su interior.
Había reaccionado rápido, el vaso volvía a estar lleno; aquella vez fuera de su alcance.
En ningún momento despegó la mirada de los ojos de Rian, por lo que pudo ver cómo el gesto del chico se había crispado.
—¿Ofendido por mi falta de talento de nuevo? —preguntó Aiden lleno de rabia.
El mago negó con la cabeza y puso una pequeña sonrisa irónica en la cara.
—Yo no he dicho eso —contestó molesto.
—Tu cara habla por ti.
—Igual no me conoces tan bien como crees.
—Tienes razón, no te conozco. No sé quién eres. Nunca lo supe —dijo con todo el enfado que llevaba dentro, aun sabiendo que aquellas palabras no eran ciertas.
—Tonterías. Eres la única persona a la que dejé acercarse a mí desde que era niño. Me conociste en cada una de las facetas de mi vida. —Hizo una pausa y se revolvió el pelo con las manos—. Nunca, jamás, me ofendió tu falta de talento, Aiden.
—Mientes. Recuerdo tu cara de desagrado. Y, aunque no lo hiciera, me la acabas de recordar.
Rian negó con la cabeza.
—Soy bueno, Aiden, soy muy bueno y siempre lo he sido.
—Aiden resoplo, pensando que la modestia nunca había sido una de sus cualidades—.
La cuestión es que tú eres mejor. Desde el principio.
La cara de desagrado de la que hablas era la envidia que me consumía al principio y la admiración que sentí después. Que todavía siento.
Aiden se sorprendió por sus palabras y por lo sincero que parecía.
—Me llevas ignorando estas dos semanas.
—¿Yo? Te llamé un montón de veces al día siguiente de nuestra conversación. Necesitaba hablar contigo. Aclarar las cosas. No contestaste. Ni siquiera me mandaste un mensaje. Pensé que era lo que tú querías.
Aiden parpadeó confuso.
—¿Me llamaste?
Rian frunció el ceño y asintió.
—Hasta rozar el acoso. Necesitaba hablar contigo.
Disculparme de nuevo y aclarar lo de… —Aiden notó cómo se sonrojaba.
Seguro que tenía coloradas hasta las orejas—.
Después de tantas llamadas, capté el mensaje.
No era lo que yo quería, pero lo entendí.
Supuse que necesitabas tiempo, estaba esperando a que procesaras todo antes de volver a intentarlo.
Rian mostró una expresión de vergüenza y se tocó el pendiente, con gesto distraído.
Aiden estuvo a punto de perder la cabeza por aquella respuesta. No era una reacción coherente, aunque estaba harto de que Rian pensara por él. Odiaba aquello, odiaba las consecuencias que había tenido aquella maldita costumbre.
—Deja de suponer cosas de una puta vez —gruñó, apuntándole con el dedo—. Si no te cogí las llamadas fue porque cambié de número. Obviamente, tú podías hacerlo; yo no, ¿verdad?
—¿Y qué querías? —preguntó, y parecía que quería saber de verdad la respuesta—. El otro día te largaste.
—Un día llevaba años sin saber nada de ti y al siguiente eras mi entrenador.
—Vale. Tienes razón, no pensé que hubieras cambiado de número. No se me pasó por la cabeza.
—La inteligencia siempre fue más rápida que tú —dijo aquel comentario para intentar bajar la tensión del ambiente y surtió efecto, porque Rian sonrió.
Aquel gesto hizo que se estremeciera. Siempre le había encantado aquella sonrisa. Aiden no supo qué contestar, se había quedado embobado mirándole.
—¿Qué debo hacer? —preguntó, poniéndose serio de nuevo.
—¿Para qué?
—Para estar bien contigo. Sé que la cagué, ¿vale?
Llevo arrepintiéndome de las decisiones que tomé desde entonces.
Pero no puedo hacer nada más que repetirte las veces que sea necesario que lo siento.
De verdad. —Hizo una pausa mientras lo miraba con atención—.
Voy a ser tu entrenador. Necesito hacer las cosas bien.
Aiden cerró los ojos y llevó las manos a los lagrimales, haciendo un poco de presión.
—Hablar. Comunicarte conmigo —dijo, sintiéndose exhausto.
—Vale —aceptó Rian y sonó casi como una promesa—. Lo haré a tu forma. Quiero… Quiero que volvamos a ser amigos.
Aiden lo miró, debatiéndose internamente sobre qué decisión tomar. Al final, asintió. Podían intentar ser amigos, aunque no estaba seguro de que fuera a funcionar.