Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 18
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Capítulo 18

El perdón

Los días fueron pasando sin mucha novedad. Aiden asistía a clase por las mañanas y entrenaba por las tardes. Ya se empezaba a adaptar a su nueva vida, las clases eran aburridas y los entrenamientos largos, pero sabía que aquello era por lograr un objetivo.

Lo que tampoco era novedad era la frialdad que demostraba Rian en todo momento. El mago había dejado de intentar hablar con él. Solo le decía lo estrictamente necesario y muchas veces se lo dejaba escrito por correo para no tener que hablar en persona.

En teoría era lo que él quería. En realidad, le ardía en cada poro de su piel. Le dolía su indiferencia, lo fácil que le había resultado rehacer su vida y le molestaban los sentimientos que no podía evitar tener.

Se descubría a sí mismo pendiente de Rian todo el rato, buscándolo con la mirada a cada momento.

Lo observaba mientras apuntaba cosas en el móvil, con el ceño fruncido.

Lo miraba cuando les gritaba algún error recurrente y se llevaba las manos al pelo, desesperado, cuando lo volvían a cometer diez segundos después.

Se fijaba en cómo se pasaba las manos por el pelo, despeinándose. Lo seguía llevando algo largo, haciendo que unos cuantos mechones negros le cayeran sobre la frente si se lo revolvía en exceso.

Se había dado cuenta de que se llevaba la mano al pendiente de su oreja, aquel que él mismo le había hecho, cada vez que estaba preocupado.

Odiaba darse cuenta de aquellos pequeños detalles y no ser capaz de hacer nada para remediarlo. Al igual que odiaba darse cuenta de cómo se le iluminaban los ojos a Rian, haciendo que el azul se viera más intenso, cada vez que él concentraba su poder.

Tal era el suplicio que sentía, que empezaba a detestar ir a entrenar cada tarde. Quería mantenerse alejado, quería ser frío y quería no echarlo más de menos, pero lo hacía más que nunca.

◆◆◆

Aquella tarde, Thiago y él habían decidido salir a cenar para despejarse.

Su amigo estaba preocupado por su actitud y quería ayudarle a desconectar un poco.

Después de mucho debatir, habían decidido ir a un restaurante en el centro de la ciudad, donde pensaban comer carne hasta reventar.

El local estaba decorado con motivos florales.

En una de las paredes había una ilustración preciosa, de un paisaje de montaña donde había muchos cerezos en flor.

Las luces eran cálidas y tenues y el ambiente era íntimo, gracias al hilo musical que sonaba por la radio.

Los chicos se habían sentado en una de las mesas del fondo y estaban ordenando los primeros platos mientras hablaban de uno de los animes de temporada que estaban viendo los dos a la vez.

Como no siempre podían verlo de forma simultánea, aprovechaban los fines de semana para comentar todo lo sucedido hasta la fecha.

Estaban recordando una de las escenas de acción cuando el móvil de Aiden, que descansaba boca abajo encima de la mesa, empezó a emitir pequeños pitidos. El joven, después de echarle un vistazo, volvió a dejarlo en la misma posición. No pasaron más de treinta segundos cuando volvió a sonar.

—¿No deberías contestar? —preguntó Thiago, juzgándolo con la mirada—. O ponerlo en silencio, al menos. Ya sabes, por educación.

Aiden se sonrojó antes de silenciarlo.

—No es nadie —dijo al final.

—Obviamente alguien sí que es —respondió Thiago de nuevo, alzando las cejas, esperando que su amigo fuera sincero.

Aiden resopló y se le escapó una pequeña sonrisa incómoda.

Estaba un poco avergonzado, pero había pensado que la mejor opción para olvidarse de Rian era conociendo a otras personas.

Después de mucho meditar, y sabiendo que no podía ligar por Instagram sin acabar saliendo en las noticias, se había descargado una aplicación de citas y llevaba un par de días hablando con varias personas.

Como no había subido una foto de su cara, con el objetivo de mantener el anonimato, mucha gente no estaba interesada en mantener una conversación con él, excepto Noah, con el que llevaba hablando de todo y nada desde hacía un par de días.

Después de explicarle a su amigo la situación, le enseñó una foto del chico.

—Mmmm, bueno, es guapo de cara —comentó Thiago, mientras observaba la pantalla con detenimiento.

—Sí, no está mal, la verdad.

—Si ese es su verdadero aspecto, claro —añadió.

—Parece que quieres añadir algo más. —Aiden lo miró esperando que terminara. Su amigo siempre tenía algo más que decir.

Thiago se llevó un pedazo de carne a la boca antes de contestar.

—Igual no es la mejor idea del mundo que empieces algo con ese chico —aclaró.

Aiden puso los ojos en blanco.

—¿Lo dices por Rian? —preguntó algo molesto. Cuando su amigo asintió, resopló—. No tiene nada que ver. Tampoco quiero nada serio, solo… distraerme.

—Apoyo las distracciones.

Aiden sonrió y Thiago negó con la cabeza, dejando escapar un suspiro. Le divertía hablar de citas con él. Desde que su compañero había dejado lo que fuera que tuviera con Lev hacía un tiempo, había salido con un par de chicos más, pero no le duraban más de una semana.

—No tengo intención de quedar con él ya… Solo digo que es posible que en un tiempo sí que me lo plantee —reconoció Aiden finalmente.

—Que no coincida con los exámenes finales si no quieres suspender. Ni con los entrenamientos, ni cerca del campeonato, ya que estamos —comentó Thiago, con su tono de voz habitual, mientras engullía un trozo de carne cubierta de salsa.

—Consultaré contigo mi agenda cuando llegue el momento.

—Vaya, la primera idea inteligente que sale de tu boca en toda la noche.

◆◆◆

Cerca de las doce, los dos chicos ya iban de camino a casa.

—¿Por qué no me has contado lo de Nadya? —preguntó Thiago rompiendo el silencio en el que estaban envueltos. A pesar de que no se lo había dicho directamente, era obvio que ya no estaban juntos.

Aiden lo miró de reojo y pudo apreciar el sentimiento que había detrás de aquellas palabras. Thiago había sido su confidente durante años y aquella era la primera vez que no le contaba algo tan importante para él.

—Me daba vergüenza.

—¿Vergüenza por? —preguntó confuso.

—Porque siento que nada es permanente en mi vida. Que pierdo todo lo que me importa y porque me arriesgué a una relación, poniendo en juego una amistad, sin tener claro que fuera a funcionar. —Aiden se tapó la cara con las manos.

—Eres estúpido. No hay nada por lo que tengas que avergonzarte de eso. Al contrario.

—Gracias por la parte que me toca, supongo.

—¿Quieres hablar de ello?

—No, no hay mucho que decir. Supe que no iba a funcionar antes de verano, pero quise intentarlo. O al menos me convencí a mí mismo de que quería hacerlo. Sin más. Antes de empezar a organizar el viaje a la universidad fui a verla y lo dejamos. Ojalá todo fuera más fácil.

—Ha sido la decisión correcta. Al final tú… Mierda —susurró Thiago de repente.

—¿Qué…? —empezó Aiden. No hizo falta que siguiera.

Vio a Rian, caminando en dirección contraria acompañado por Kioko.

Supuso que los dos eran bastante cercanos porque ya los había visto juntos en más de una ocasión.

Cuando sus miradas se encontraron, el gesto del entrenador se descompuso por completo, aunque se recuperó enseguida.

La distancia que los separaba se fue haciendo cada vez más pequeña hasta que apenas se encontraban a un par de metros.

Estaba nervioso, fuera de lugar y su amigo tiró de él para que no se detuviera.

—¿Qué tal, chicos? —saludó Rian con una voz rara, mientras evitaba mirar a Aiden.

Thiago, consciente de la situación tan incómoda que estaba a punto de suceder, saludó a ambos con un gesto de cabeza. No se puso a darles conversación y Aiden lo agradeció profundamente.

Justo cuando Rian estaba pasando por su lado, se quedó paralizado, clavado en el suelo, incapaz de moverse. No podía seguir fingiendo.

La mano de Aiden se movió antes de que pudiera controlarla, agarrándole de la muñeca e impidiéndole seguir avanzando.

No supo por qué lo había hecho. Su cuerpo había reaccionado de forma instintiva y su mano se movió por voluntad propia.

No podía entenderlo. Ni siquiera sabía lo que le quería decir, pero no soportaba la idea de seguir ignorándose fingiendo que no había pasado nada.

Como si nunca hubieran sido más que simples conocidos.

En cuanto sintió su contacto, Rian se detuvo. Estaban los dos al lado, hombro con hombro, cada uno mirando en una dirección.

Rian se dirigió a Kioko, que lo esperaba un par de pasos más allá.

—Ve tú. Luego hablamos.

—Vale, llámame al llegar —respondió ella con voz preocupada.

Aiden soltó el agarre de Rian, dejando caer el brazo.

—¿Aiden? —lo llamó Thiago. El chico lo miraba con las cejas levantadas, una clara pregunta de si debía esperar por él o dejarle espacio.

—Ve sin mí —respondió con la voz queda.

—Nos vemos en casa, entonces.

—Sí, no tardo.

Thiago asintió con gesto serio antes de despedirse con un movimiento de mano y echar a andar.

Rian y Aiden se quedaron un rato en silencio, parados en mitad de la acera.

No estaban en una zona muy concurrida, pero había un par de bares que animaban el ambiente.

Cuando un grupo de personas se acercó, Rian se movió y se colocó delante de él para dejarles pasar.

Apenas los separaban unos cuantos centímetros, aunque todavía se sentían como los miles de kilómetros que los habían distanciado aquellos dos años, y que aparentaban haberse hecho más largos de aquellas semanas.

—¿Te apetece tomar algo? —preguntó Rian un rato después, rompiendo el silencio.

Aiden supuso que había asentido, pues cinco minutos después estaba sentado en un soportal con un vaso rojo de plástico lleno de cerveza en la mano.