Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 17 - Rian
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Capítulo 17 - Rian

Error tras error

Llevábamos dos horas entrenando y lo único que había logrado sacar de su boca eran un par de gruñidos y resoplidos.

No me había saludado al verme y ni siquiera me había dirigido la palabra de forma directa.

En realidad, esquivaba mi mirada constantemente.

Era frustrante, pero lo entendía. Joder.

Igual todo había sido por culpa de un impulso.

A lo mejor se arrepentía de habérmelo dicho y esa posibilidad me oprimía el pecho con fuerza.

No quería aceptar aquella opción. Me negaba a rendirme tan rápido.

Thiago, para intentar ayudar, era el que contestaba muchas veces por su compañero. Me explicó el punto en el que estaban en el entrenamiento, los problemas que habían tenido el curso anterior y los ejercicios que habían seguido desde entonces.

Yo había estado tomando notas en el móvil.

Había grabado un par de vídeos, capturando unos movimientos que ambos hacían y que tendríamos que corregir en el futuro próximo.

A pesar de ello, por algún motivo que no comprendía, me sentía orgulloso de él.

Del mago en el que se había convertido. Esperaba que él viera lo lejos que había llegado, y todo lo que lograría en los próximos años.

Cuando apenas quedaban unos quince minutos para el fin del entrenamiento les propuse hacer un pequeño duelo entre ellos.

Quería volver a ver la magia de Aiden al máximo de su potencial.

Llevaba ya una semana omitiendo parte de mis responsabilidades y necesitaba empezar a buscarle un compañero, no podía seguir retrasándolo.

Una parte de mí sabía qué cualidades debía tener el mago para que su sincronización fuera perfecta; la otra parte sabía que sería casi imposible encontrar a alguien de su nivel.

—¿Os parece bien? —pregunté. Necesitaba estar seguro de que serían capaces de seguir el entrenamiento. Thiago asintió y fue la única respuesta que recibí—. ¿Aiden?

No me miró, pero se puso en posición. El duelo comenzó de forma suave, aunque tras un par de piques por parte de Thiago, el mago empezó a atacar en serio.

Justo cuando estaba a punto de cortar el duelo, Aiden levantó una mano para lanzar un hechizo.

Thiago no estaba preparado para recibirlo y me puse alerta por si debía intervenir.

El problema fue que un pequeño temblor en su mano hizo que su poder se desviara y no llegase hasta su objetivo.

No entendía bien qué había pasado. No sabía si aquel temblor era debido al cansancio, a la presión por tenerme a un par de metros mirando o algo más.

Quizás solo me lo había imaginado. Miré a Thiago, que tenía los ojos puestos en su amigo con el ceño fruncido.

Rápidamente cambió la expresión de su cara y lo vaciló por fallar el ataque.

Intenté quitarme aquel pensamiento de la cabeza.

No debería darle más importancia de la que tenía, pero, aun así, hice un pequeño apunte en mi móvil. « ¿¿Temblor?? ».

—Bueno, creo que lo podemos dejar por hoy… —comenté, intentando no mostrar la preocupación que me comía por dentro.

Lo vi alejarse un poco y secarse el sudor de la cara. Parecía pensativo y estaba muy serio. No sabía qué le pasaba. Había algo que le estaba rondando la cabeza.

Se levantó y caminó hacia el vestuario sin decirme nada. Como ya era habitual.

Apreté los puños con fuerza.

Entendía la situación, de verdad que sí, aunque me dolía más de lo que jamás podría reconocer en voz alta. Thiago me miró con un gesto raro antes de despedirse brevemente y abandonar la sala.

Me llevé la mano al pelo, frustrado.

¿Qué esperaba de mí?

¿Qué debía hacer?

◆◆◆

Aquella noche estaba sentado en la silla del balcón de mi habitación.

Llevaba viviendo en la residencia de estudiantes más de un año y aquel era mi rincón favorito.

Mi cuarto estaba ubicado en la última planta, la cual compartía con los miembros del Igrom y del resto de clubs deportivos de la Universidad, y desde ella tenía unas vistas increíbles de la ciudad de Mayak.

Muchas veces, sentarme allí era suficiente para despejarme después de un largo día; en aquel momento no lo sentía así.

Estaba tenso y ni siquiera una ducha de agua caliente me había ayudado a relajar los músculos.

Era increíble cómo la mente decidía recordar ciertos fragmentos de tu vida de repente sin que hubiera ningún desencadenante.

Por eso, cuando las palabras de Loan volvieron a mi cabeza, más de dos años después, no pude hacer otra cosa que cerrar los ojos y dejar caer la cabeza hacia atrás, contra la pared.

«—Deseo que todo te vaya bien, Rian. Cuando pasen los años y mires hacia atrás espero que no te arrepientas».

Y vaya si me arrepentía. Lo había hecho aquel día, unas cuantas horas después, subido al avión y lo seguía haciendo a diario. Al final, había logrado autoconvencerme de que había tomado la mejor decisión. Que iría bien. Que estaríamos mejor así.

En aquel momento, sentado en aquella terraza, no podía evitar pensar dónde estaríamos Aiden y yo si no me hubiera ido.

Quizás habríamos ganado el torneo en su segundo año.

Quizás habríamos estado durmiendo en habitaciones contiguas durante la escuela media, una vez que yo repitiera curso.

Quizás habríamos vuelto a su casa, o a mi pueblo, a pasar las vacaciones.

Quizás nuestro vínculo se habría vuelto sólido y nos entenderíamos sin necesidad de mirarnos.

Quizás no seríamos solo amigos. Quizás él y yo habríamos…

Agité la cabeza, sacando aquellos pensamientos de mi mente, todavía notando como las mejillas me ardían de la vergüenza, a pesar de estar solo. De nada valían aquellos quizás. Yo había tomado una decisión y Aiden había tenido que aprender a vivir con ella.

Ahora Aiden había tomado su decisión: mantenerse lo más alejado posible de mí, y yo no lo podía culpar. Tenía que aceptarlo y hacerle la vida lo más fácil posible.

Abrí los ojos y miré al cielo, en el que se podían apreciar cientos de estrellas. Suspiré profundamente.

Joder, dejarle tranquilo era lo último que quería hacer.