Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 11
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Capítulo 11

La cena

A las diez y cinco, el telefonillo sonó tres veces, indicándole a Aiden que tenía que bajar.

Aquella noche habían quedado algunos de los miembros del Igrom para ir a cenar a un restaurante y luego a tomar una copa.

La idea era tener la oportunidad de conocerse un poco más, pero al final solamente iban a asistir Aiden, Olivier, Mei e Igor.

Los demás se habían disculpado con un par de mensajes por el grupo del equipo y Thiago le había dicho que pasaba del tema, sin rodeos.

Por suerte, el restaurante quedaba de camino y no había tenido que salir antes de tiempo de casa.

—Pásalo bien —le dijo Thiago desde el sofá, sin despegar la vista del televisor—. No hagas ninguna estupidez.

Aiden sonrió mientras terminaba de calzarse los tenis y se ponía un jersey de punto por encima de la camisa blanca.

—Nunca haría tal cosa.

Thiago bufó como respuesta y Aiden salió del piso para encontrarse con sus compañeros en la calle.

Era verano, hacía calor y se agradecía el fresco de la noche.

Estuvieron hablando durante toda la cena sobre duelos. Comentaron sus experiencias en los torneos, los momentos más complicados que habían tenido que pasar y cómo los habían sobrellevado.

—Aiden, ¿qué tal te va con tu compañero? ¿Os compenetráis bien? Si no me equivoco solo lleváis un par de meses juntos —le preguntó Mei cuando estaban con el postre.

Él sabía que tarde o temprano saldría aquella pregunta. Tanto Olivier e Igor como Kioko y Tara llevaban entrenando y compitiendo juntos muchos años. Aiden, por el contrario, no había repetido compañero en más de dos torneos.

—Sí, la verdad es que me costó convencerlo de que participara conmigo, pero al final creo que salió bastante bien —contestó cogiendo un buen trozo de la tarta de chocolate que se había pedido.

—Bueno, está claro que fue bien porque el resultado lo dice todo —añadió Igor.

—Sí, eso es obvio, de todas formas, creo que con Rian tenías más afinidad —comentó Olivier—. Estuvimos viendo las competiciones en las que habías participado en cuanto Caleb nos avisó de que eras el nuevo fichaje del Igrom. Y el segundo torneo de tu primer año…, fue una auténtica locura.

—Es cierto, nos llamó un montón la atención que en los siguientes años no continuaras compitiendo con Rian. Más que nada porque los compañeros que tuviste después fueron bastante lamentables —corroboró Igor—, sin ofender.

Aiden no quería mentir. Estaba cansado de buscar excusas y evadir preguntas, solamente porque no tenía las respuestas. Suspiró antes de contestar.

—Para qué os voy a engañar. Con Rian todo era muy fácil, su talento siempre fue increíble, pero es difícil competir con alguien que desapareció de la noche a la mañana —añadió Aiden encogiéndose de hombros.

Olivier se atragantó con el agua que estaba bebiendo y empezó a toser intentando recuperar el aliento.

—¿Cómo dices? —preguntó Mei sorprendida.

—Que Rian se fue después de ese torneo. Cuando salí del hospital, unos días después del duelo, no pude encontrarlo. Había dejado el equipo, el colegio, se había cambiado de teléfono… Desapareció del mapa. No he vuelto a saber nada de él desde entonces. Hasta ayer.

—¿No volvisteis a hablar en estos dos años, hasta ayer? —repitió Mei incrédula—. Me parece surrealista. ¿Pasó algo entre vosotros?

—No lo sé, supongo. —Aquella incógnita lo llevaba acompañando desde entonces.

—Eso explica la cara que pusiste en el entrenamiento —dijo Olivier al ver que todo cobraba sentido—, con gesto de quien acaba de chupar un limón.

Estabas a punto de explotar. Pudimos sentir cómo se crispó el ambiente en la sala.

Tu magia estaba en todas partes. Necesito que me cuentes cómo haces para tener una proyección así.

Aiden no pudo contener una sonrisa y los demás se rieron dándole la razón.

A partir de ese momento siguieron hablando de duelos, omitiendo el tema de Rian.

Quizás eso fuera lo mejor. Aiden no sabía cómo gestionar sus emociones, tenía sentimientos encontrados.

Por una parte, quería ignorar a Rian, hacerle ver que no seguía afectado porque lo abandonara de aquel modo, pero, por otro lado…

quería gritarle, quería comportarse como un crío inmaduro y hacerle daño, tanto como él le había hecho.

Ninguna de las dos opciones era buena y lo sabía de sobra.

Además, lo había visto el día anterior. Sus miradas se habían encontrado y Aiden no había percibido ninguna emoción detrás del azul de sus ojos.

Incluso cuando se habían cruzado en la puerta del despacho, verlo tan cerca, tan real, había hecho que bajara la guardia por completo.

A pesar de ello, Rian ni siquiera lo había saludado, había rehuido su mirada y se había alejado de allí a toda velocidad.

Otra prueba más de que no lo quería cerca.

Aiden dejó la cucharilla con la que se estaba tomando la tarta encima del plato y lo alejó un poco de él.

Se le habían quitado hasta las ganas de comer chocolate.

El frío de la noche lo golpeó con fuerza tan pronto como salieron del local. Las temperaturas descendían lo suficiente con el paso de las horas como para necesitar una buena cazadora.

El plan inicial de aquella noche era acercarse hasta el bar de copas de moda. Por lo que le habían contado, era un ritual de iniciación que se llevaba perpetuando los últimos treinta años al menos y ya casi era un requisito entre los nuevos alumnos. Así que pusieron rumbo a la zona.

Sus nuevos compañeros charlaban y se reían en voz alta, mientras Aiden caminaba con la cabeza gacha mirando hacia el suelo. Normalmente él sería el primero en unirse a la diversión, pero desde el día anterior le suponía un esfuerzo. Cada sonrisa era una ligera agonía.

Cuando apenas llevaban unos doscientos metros de camino, lo sintió.

Aquella energía, aquel calor que le subía por el pecho.

Levantó la mirada de golpe y lo vio, a unos diez metros de donde estaban ellos, en la puerta de un bar.

Para Aiden aquel momento implicaba un antes y un después en su día; nadie era consciente de ello.

El mundo seguía girando, aunque para él todo se hubiera detenido.

Rian tenía un vaso en la mano y estaba con Kioko. Se le veía relajado y todavía tenía el amago de una sonrisa. Daba la impresión de que le había ido bien desde que se habían separado y aquel pensamiento hizo que la bilis le subiera por la garganta.

Los metros que los separaban se fueron acortando y Aiden tenía la impresión que el tiempo estaba transcurriendo a cámara lenta.

Era una situación irreal, un sueño. No podía creerse que estuviera a punto de pasar al lado del que había sido su mejor amigo, e iba a hacer como si nada.

Ignorando lo que había pasado entre ellos.

Lo que no pudo pasar.

Sus compañeros intercambiaron un par de palabras con Rian, mientras Aiden se hacía el despistado mirando el teléfono.

Cuando vio que la conversación había concluido, se guardó el móvil en el bolsillo y apuró el paso.

Quería marcharse de allí lo antes posible y olvidarse de todo, pero no pudo hacerlo.

Una mano lo había agarrado de la muñeca, reteniéndolo.

Su mano.