Capítulo 10
En shock
Aiden estaba sentado en el sofá, con los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido.
Llevaba el día entero lidiando con el enfado, la confusión y la tristeza a partes iguales.
Todavía no podía creerse que después de aquellos dos años se hubiera encontrado con Rian en mitad de un entrenamiento, con el papel de su nuevo entrenador.
Además, no habían intercambiado ni una palabra.
Cuando sus ojos se encontraron en la distancia, Aiden había notado como todo a su alrededor se volvía borroso.
Si no hubiera sido por Thiago que había roto el contacto visual, no sabía qué habría pasado.
Era como si el más profundo de sus anhelos y su mayor miedo fueran lo mismo, y se acabaran de convertir en realidad.
—¿Qué? —preguntó Thiago, colocándose delante de su campo de visión.
—¿Qué de qué? —respondió Aiden confuso.
—No sé, tú sabrás, llevas tirado ahí desde que terminó el entrenamiento sin decir nada. Supuse que querrías hablar.
Aiden se tapó los ojos con las manos. ¿Quería hablar? Ni siquiera sabía qué decir. Su interior era un cúmulo de sentimientos descoordinados.
—No tengo mucho que decir, la verdad —confesó encogiéndose de hombros. Al menos no por el momento. El lunes tendría que volverle a ver, entablar una conversación, y no estaba mínimamente preparado.
—Yo creo que sí que tienes mucho que decir. Me sorprende que seas el único que no lo vea —suspiró Thiago frustrado.
—Gracias. Me gusta que no veas venir mi próxima jugada —respondió Aiden con una ligera sonrisa, a lo que su amigo replicó chascando con la lengua.
Sabía que todo lo que Thiago hacía era para hacerle reaccionar de alguna manera y lo apreciaba, de verdad que sí, pero en aquel momento no sabía qué hacer. Ni qué pensar. O qué debía sentir.
—Y, ¿qué vas a hacer?
Había muchas preguntas para las cuales no tenía respuesta y que necesitaba saber para poder llegar a tener una relación cordial con Rian.
Había perdido los nervios nada más verlo.
El enfado lo golpeó con fuerza y, sin darse cuenta, empezó a concentrar tal cantidad de energía que podría haber llegado a ser peligroso.
Aún debía agradecerle a Thiago el haberse puesto delante, o haberle obligado a mirarle. Ni que bromeara con él para distraerlo.
—¿Qué voy a hacer? Nada. ¿Qué quieres que haga?
—¿No vas a hablar con Rian? —volvió a preguntar Thiago escéptico.
—Y decirle ¿qué? No sé si es que te has olvidado de lo que pasó. De todas formas, puedo hacer el esfuerzo y te lo resumo brevemente: él se fue y me dejó atrás. Fin. No creo que tenga nada que hablar con él.
En realidad, sí que tenía mucho que decirle, pero no estaba preparado.
Aparte del enfado y la rabia, también se había agitado algo en su interior.
Rian había significado muchísimo para él, en todos los sentidos.
Aquellos dos años lo habían vuelto más mayor, más maduro y más guapo.
Sabía que los sentimientos que pudiera llegar a tener en aquel momento no eran más que un reflejo de lo que había sentido antes, pero estaban allí y eso ya le resultaba frustrante.
Le molestaba que el hecho de verlo de nuevo lo alterara de aquella manera.
—Te doy tres días —dijo Thiago sin dirigirle la mirada.
Estaba claro que no pensaba que fuera a aguantar más de ese tiempo sin hablar con él.
—Joder, tío, eres imbécil. Vete un poco a la mierda —gruñó Aiden, poniéndose en pie y encerrándose en su habitación.
Le dolía que no confiase en su fuerza de voluntad porque ya se estaba resquebrajando y necesitaba algo a lo que aferrarse.