Capítulo 7
El AS
El despacho de Caleb era grande y elegante, nada comparado con aquel viejo cuarto que usaba Loan. El escritorio estaba colocado al fondo de la habitación y una vitrina que ocupaba toda la pared mostraba cientos de trofeos de diferentes tamaños y categorías.
—Ponte cómodo —dijo Caleb señalando una silla enfrente del escritorio.
Aiden tomó asiento mientras contemplaba la decoración de la sala.
En la pared colgaban las fotografías de los diferentes miembros del Igrom a lo largo de los años.
Generaciones de grandes duelistas que habían pasado a la historia.
También había un póster gigante con el escudo del Dorogoy, cubierto por más de una veintena de firmas.
Aiden no podía dejar de admirar las caras de felicidad de las fotos, los rostros de quienes habían cumplido los sueños que él siempre había sentido como inalcanzables.
Sintió un nudo en la garganta. Durante años había imaginado todo desde lejos, como quien persigue una quimera, pero allí estaba: sentado frente a la prueba de que existía de verdad.
Se prometió que algún día habría una foto suya en aquella pared; que brillaría con luz propia.
—¿Qué tal tu primer día en Mayak? ¿Te has adaptado bien?
Aiden asintió, nervioso. Era incapaz de mantener las piernas quietas.
—No puedo quejarme mucho.
—Siento el tema de la filtración de tu teléfono.
Tal y como te dije, no es la primera vez que le pasa a alguno de los miembros del Igrom —comentó apretando los labios—.
Si necesitas ayuda para gestionar lo que te está pasando, la facultad cuenta con un departamento especializado.
No te prives de hablar con ellos. —Caleb le tendió una tarjeta con un nombre y un número de teléfono que Aiden cogió sin mucho entusiasmo.
Para él no había cambiado nada, pero todo a su alrededor sí que lo había hecho—.
Si no, si prefieres, puedes hablar con Olivier.
A él le pasó a finales del curso pasado y seguro que te puede ayudar a gestionarlo.
—Claro —afirmó sin saber muy bien si aquel era el único motivo por el que lo había hecho llamar—. Lo haré.
Caleb tenía una sonrisa permanente en el rostro.
Era joven y había alcanzado la fama poco después de entrar en la universidad, quizás por ese motivo parecía comprender la situación en la que se encontraba.
Tenía el pelo marrón cortado sin mucho estilo, igual que la primera vez que Aiden lo vio a través de la pantalla.
Sus ojos, marrones oscuros, junto con su sonrisa transmitían amabilidad y confianza, una de las mejores cualidades de un entrenador.
Caleb solo llevaba en el puesto tres años, aunque daba la impresión de que lo llevaba haciendo toda la vida.
—Bueno, seguro que te estás preguntando por qué te he hecho venir y tampoco quiero robarte mucho más tiempo, así que vamos a ir al grano.
La directiva del Igrom lleva siguiendo tus pasos desde el primer torneo al que te presentaste, hace casi tres años.
La forma en la que te desenvolviste, la complicidad con tu compañero, tu energía…
Nos llamaron muchísimo la atención, aunque no fue hasta el torneo de verano de aquel mismo año cuando mostraste tu potencial.
Ese día te reservamos una plaza en el Igrom a la espera de que te graduaras en la escuela superior.
—Caleb se echó para atrás en la silla, relajado.
Hizo una pequeña pausa antes de continuar—.
A pesar de que los siguientes resultados no fueran todo lo buenos que esperábamos, conseguiste hacerte con la victoria y afianzaste la confianza que habíamos depositado en ti.
Aiden asintió sin decir nada y apretó los puños.
Siempre hablaban de él de forma individual, relegando a Thiago a un segundo plano.
Todavía no entendía los motivos por los cuales el Igrom solo le había ofrecido una plaza como suplente a su compañero.
Thiago no se había molestado, al contrario, había bromeado sobre que por fin se habían terminado sus fines de semana levantándose a las siete de la mañana.
Para Aiden aquello era como una herida abierta, escocía.
Lo que habían logrado lo habían conseguido juntos. Era injusto.
—No necesito que me digas que estás molesto con la decisión que se tomó respecto a tu compañero.
Lo sé bien. —Caleb puso una mueca con la boca; le había leído la mente—.
Es entendible y yo me sentiría igual de estar en tu situación.
Lo que necesito que comprendas es que si hoy llevas esta camiseta no es por la victoria que conseguiste hace unos meses en la final.
Es por tu potencial y lo mucho que has logrado en un periodo de tiempo tan breve.
Ese es el motivo principal por el cual tú tienes una plaza como titular y tu compañero como suplente.
—No entiendo qué tiene que ver eso con Thiago. Que yo haya tenido que esforzarme por seguir el ritmo de mis compañeros no significa que sea mejor o peor mago.
—Eres extraordinario, Aiden, y cuanto antes te hagas a la idea, mejor.
¿Qué tiene que ver esto con tu compañero?
Todo y nada a la vez. Vemos en ti a un futuro campeón y, para ello, necesitamos que forjes un vínculo fuerte, que tengas con tu compañero una sincronía como la que tenías con Rian. No podemos trabajar con menos.
Aiden asintió. No era nada nuevo. Él lo sabía, Loan lo sabía, Thiago lo sabía… pero no habían encontrado otra solución. Este último lo había salvado de otra derrota aplastante.
—No quiero que pienses que nos estamos aprovechando de alguna manera de él porque no ha sido así en ningún momento.
Desde que le hicimos llegar la carta de ingreso fuimos transparentes en ese sentido.
Al final, nosotros lo que queremos es conseguir victorias.
Quiero disculparme contigo si te ha parecido mal cualquier parte del proceso de admisión.
—Le estaba explicando las cosas con calma y precisión.
No quería que le quedara ninguna duda al respecto—.
Los chicos del equipo son muy buenos. Has visto a Olivier e Igor esta tarde, Kioko y Tana no se quedan atrás, incluso Mei y Quiang podrían igualar en técnica a cualquiera del Dorogoy con algo de tiempo, pero tú, Aiden, tienes un poder fuera de serie.
Contigo no aspiramos a ganar los torneos nacionales, sino a clasificarnos para el mundial y pelear por la victoria.
—Aiden abrió los ojos, sorprendido, incapaz de asumir lo que le estaban contando.
Nada tenía sentido. No sabía por qué esperaban tanto de él, si no era nadie.
Estaba empezando a notar el peso de la camiseta que llevaba—.
También he de reconocer que todavía estás lejos de alcanzar el nivel que esperamos de ti, por este motivo hemos decidido ponerte un entrenador personal para ti y tu compañero.
—¿Un entrenador personal? —repitió Aiden sorprendido.
—Sí, alguien que se va a centrar en ayudarte a ti a mejorar hasta que despliegues todo tu potencial.
Mientras no encontramos al candidato perfecto, seguirás entrenando con Thiago.
Esperamos que a principios de noviembre ya tengamos definida tu pareja.
Mi intención no es presionarte ni exigirte más de lo que estás dispuesto a dar.
Además, estoy aquí para ayudarte en cualquier cosa y resolverte cualquier duda que tengas.
Quiero que medites lo que te acabo de contar durante esta noche y mañana me consultes lo que no te ha quedado claro. ¿Te parece bien?
Aiden asintió, porque no sabía muy bien qué hacer o qué decir y tampoco parecía que esperaran nada en ese sentido de su parte. Ya lo habían organizado y, si quería estar allí, no tenía más remedio que aceptar las condiciones.
—Claro —dijo al final, ya que se veía que Caleb estaba esperando una afirmación en voz alta por su parte.
El entrenador se puso en pie y estiró la mano por encima de la mesa.
—Es un placer tenerte en el equipo.
Aiden se la apretó con fuerza.
—El placer es mío.
◆◆◆
Cuando Aiden llegó al vestuario, solo estaban Olivier e Igor.
Ya habían salido de las duchas y se estaban vistiendo.
Ambos se giraron cuando sintieron la puerta abrirse y le sonrieron cuando lo vieron.
Ellos habían sido la causa de que quisiera aprender a combatir.
Aún tenía grabado a fuego el primer duelo que vio y le costaba asimilar que ahora estaban en el mismo equipo.
Se concentró en respirar de nuevo porque durante unos segundos incluso se le había olvidado.
—Bienvenido, chico nuevo —dijo Olivier con una sonrisa—. No hemos tenido la oportunidad de presentarnos en condiciones.
Olivier era alto, moreno, con la tez oscura, donde llamaba la atención una cicatriz que le cortaba la ceja en dos. Aparentaba menos de los veinte años que Aiden sabía que tenía, quizás porque en su mirada todavía había algo inocente, casi infantil.
—Un placer —respondió y se secó la mano en el pantalón antes de estrecharle la mano.
—Hiciste un buen trabajo en la final del torneo —añadió Igor.
Igor era algo más bajo que Olivier. Tenía una mirada fría, donde destacaba el piercing rosa fosforito que tenía en la ceja izquierda.
Los dos chicos no solo eran compañeros de duelos, sino que mantenían una relación romántica desde hacía años que había causado más de un revuelo.
—Gracias —respondió Aiden nervioso.
—Este sábado por la noche vamos a ir por ahí a tomar algo por la ciudad. Thiago y tú deberíais venir, hay que hacer equipo —comentó Olivier guiñándole un ojo.
—¡Claro! —respondió Aiden con más entusiasmo de lo que pretendía, lo que hizo que ambos jóvenes sonrieran divertidos.
No podía rechazar la oportunidad de salir a cenar con sus ídolos.
Era el sueño de cuando tenía catorce años hecho realidad.
Aunque, por otro lado, sabía que Thiago lo fulminaría con la mirada cuando se enterara de que lo había incluido en aquel plan.
No se lo había contado y ya sabía que lo iba a odiar.
Estaba contento, de verdad que lo estaba, pero había sido un día muy largo.
No estaba acostumbrado a tanta atención.
No se acababa de hacer a la idea de cuánto esperaban de él y eso también le asustaba.
Desde siempre, todo el mundo había dado por hecho que no lograría nada.
¿Quién iba a esperar algo del joven que no tuvo ni una pizca de magia hasta los trece años?
En aquel momento era diferente… Confiaban mucho en él y no estaba seguro de ser capaz de cumplir con sus expectativas.
Y luego estaba el tema de la magia.
Aiden abrió y cerró la mano varias veces mientras notaba el cosquilleo de su poder debajo de los dedos. No había tenido temblores en las últimas semanas.
Lo tenía controlado.
No tenía otro remedio.