Derrota Colateral (Victoria 2) Capítulo 6
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Capítulo 6

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Cuando Aiden y Thiago entraron en la sala, el entrenamiento ya había empezado hacía rato y se encontraron con todos los duelistas alrededor de Caleb, escuchando las palabras que les dedicaba el entrenador.

En cuanto Aiden reconoció a Olivier e Igor, se paró en seco, haciendo que Thiago chocara contra él.

—¿Qué pasó? —susurró este, sin llamar la atención del resto de magos.

—Son Olivier e Igor —le contestó Aiden, en el mismo tono, mientras le daba pequeños toques en el brazo.

—Lo sé, los estoy viendo —respondió confuso.

—Tú no lo entiendes.

—Lo entiendo perfectamente porque nos has contado la historia más veces de las que puedo recordar: que te empezaste a interesar por los duelos cuando viste su combate en la tele, bla, bla, bla —aclaró, moviendo la mano en círculos.

Antes de que Aiden pudiera replicar, Caleb levantó la mirada y los vio acercándose.

—¡Aiden! ¡Thiago! Bienvenidos —gritó el entrenador—. Estaba deseando conoceros en persona. Pensaba que había registrado mal vuestra llegada y que todavía no os habíais instalado en Mayak.

Caleb les tendió la mano a ambos y les dio varias palmadas en los hombros mientras los miraba de arriba a abajo.

Aiden se la estrechó con fuerza, sonriendo.

Estaba ante uno de sus ídolos. Caleb era uno de los jugadores estrella del Dorogoy y, aunque una lesión lo había apartado de la Arena, se rumoreaba que volvería pronto a los duelos.

—Os veo bien, chicos. ¿Tuvisteis algún inconveniente para encontrar la universidad o vuestro alojamiento?

—No, fue bien. Hemos llegado tarde porque han filtrado mi teléfono y Thiago me ha estado echando una mano.

Caleb puso cara de preocupación y negó con la cabeza.

—Vaya, lo siento. Eres el tercero del equipo al que le pasa. Estamos trabajando con el departamento de ciberseguridad para evitar estas cosas, pero es complicado.

—Errores de novato —se justificó Aiden colocándose la mano en la cabeza.

—Recuerda que ya no eres un novato, ni sigues en la escuela superior. A partir de ahora llamarás mucho más la atención, sobre todo cuando empecemos a trabajar en serio —añadió Caleb antes de girarse hacia los alumnos—. Vamos, acercaros al resto que os presento.

En el Igrom había dos magos titulares por curso y un suplente que entrenaba con la pareja y estaba preparado para sustituir a cualquiera de ellos si era necesario. En cada entrenamiento se juntaban en el mismo horario y compartían el espacio.

Al estar metido en el mundo de los duelos, Aiden los conocía a todos, aunque no personalmente.

Kioko y Tara eran de segundo y eran compañeras desde la escuela superior. Se habían conocido en el primer año y desde entonces competían juntas. Qiang era el suplente de su curso.

En tercero estaban Olivier e Igor, a los que Aiden llevaba años siguiendo por redes sociales. Los admiraba tanto que tuvo que hacer uso de su autocontrol para no dejarse en ridículo cuando se saludaron. De suplente estaba Mei, pero aquel día no se había presentado al entrenamiento.

En cuarto curso estaban Bryan, Brie y Alexandre, los cuales habían ganado el año anterior el torneo de su categoría, haciendo que su fama subiera como la espuma. Habían logrado impresionar a mucha gente y sabía que solían entrenar con el Dorogoy en el estadio principal del equipo.

Y por último estaban ellos dos, Aiden como titular y Thiago como suplente.

—Bueno, voy a aprovechar que estamos casi todos para recordar un par de cosas.

No penséis que va solo para Thiago y Aiden.

Si estáis en el Igrom es porque sois los mejores; esto no implica que no debáis esforzaros o dejaros la piel en cada entrenamiento.

Al contrario. Sabéis que cada año el Dorogoy escoge a los más aptos de este equipo para entrenar con ellos.

Suelen ser los alumnos de último curso, aunque tras la lesión de Scott es posible que necesiten a más duelistas.

—Hizo una pausa dramática en la que Aiden se podía escuchar el corazón—.

Demostradme que sois los mejores, enseñadme lo mucho que estáis dispuestos a dar y quizás consigáis una entrevista.

—Los magos miraban a Caleb sin parpadear mientras los nervios se percibían en el ambiente.

Aquella oportunidad era única—. Los entrenamientos estándar de este año serán de lunes a viernes de cinco a ocho.

A medida que se acerquen los campeonatos me reservo el derecho de adaptar los horarios según crea conveniente —añadió Caleb, revisando las anotaciones que había hecho en ellos.

—¿De lunes a viernes? —preguntó Tara preocupada—. ¿Te has olvidado de lo mal que nos fue el año pasado a pesar de entrenar a diario?

Aiden también había entrenado duro incluso los fines de semana.

Todavía recordaba los combates exhaustivos con Loan durante el sábado y parte del domingo.

Tendría que haber descansado más, pero los nervios por la competición lo acechaban.

Le llamó la atención que, aquel año, las sesiones fueran más cortas.

—Sí y también recuerdo que no aprobasteis ni una en el primer semestre —añadió Caleb con gesto serio—.

Necesitamos encontrar el equilibrio y, con las pautas de entrenamiento que tengo pensadas, creo que será suficiente.

Bueno, basta de cháchara —dijo dando una palmada—, empezamos.

Como es el primer día vamos a tomárnoslo con calma.

Comenzamos con un trote ligero y vamos intercalando un par de ejercicios físicos para calentar.

Por cierto, Aiden, cuando terminemos de entrenar vente a mi despacho. Me gustaría hablar contigo de una cosa.

El chico asintió como respuesta y se unió al resto de sus compañeros.

Empezaron el entrenamiento saliendo a correr alrededor del recinto universitario.

El sol incidía con fuerza y la temperatura era bastante agradable por lo que, un par de minutos después, casi todos estaban jadeantes.

Como Aiden estaba acostumbrado a las largas distancias, apenas se sintió fatigado después de media hora a trote ligero, tan solo tenía una película de sudor cubriéndole el cuerpo.

Tras hacer un par de flexiones, movimientos de agilidad y algunos estiramientos, Caleb les estuvo explicando algunas técnicas de defensa cuando se encontraban en posiciones complicadas.

Para ponerlo en práctica, Olivier e Igor hicieron un pequeño combate de demostración.

Los ataques de Olivier eran fuertes y rápidos, pero los de Igor eran muy precisos, por lo que el combate estuvo igualado hasta el final.

Aiden los observaba con la boca abierta.

Aquella exhibición no tenía nada que ver con el combate que había visto.

Los dos chicos habían crecido mucho como profesionales.

Olivier se impuso al final y celebró la victoria con una sonrisa, levantando dos dedos de cada mano.

El mago había ganado muchos premios en las últimas temporadas, labrándose una reputación importante.

Era, sin duda, el mejor duelista no profesional del momento.

Después siguieron con las pruebas individuales.

Caleb los puso en grupos de dos, mezclados por años, y les mandó lanzar ataques y defenderse por turnos.

Cada diez minutos hacían cambio de compañero, terminando enfrentándose todos con todos.

Aquello fue bastante nuevo para Aiden. No solo podía practicar con alumnos de cursos superiores, sino que, al variar sus adversarios, no podía llegar a confiarse.

Cuando se quiso dar cuenta, ya habían pasado tres horas; Caleb anunció el fin del entrenamiento y los mandó al vestuario.

—¿Hablamos un minuto? —le preguntó el entrenador, poniéndole una mano encima del hombro.

No sabía de qué querría hablarle, ni si tendría algo que ver con la filtración de su teléfono. Estaba nervioso y expectante a partes iguales y no sabía por qué.