Capítulo 4 #2
Durante los dos últimos años había perdido un poco la facilidad que tenía para hablar con la gente.
Se llevaba bien con todo el mundo, aunque solo tenía unas cuantas personas cercanas a las que podía considerar amigos de verdad.
Sabía que tenía que volver a confiar y eso, para él, era un reto. Tenía demasiadas cicatrices.
Al final, se sentó en una de las últimas filas, algo apartado del resto de estudiantes y sacó su portátil.
Como no tenía nada mejor que hacer, entró en la plataforma de la universidad y empezó a ojear los apuntes.
Los primeros temas eran algo introductorios; después entraban en materia con enfermedades inflamatorias y degenerativas, lo que más le interesaba de la asignatura.
Su madre lo había convencido para pasar el verano en casa, en los laboratorios de la empresa familiar, para hacerle un par de estudios y pruebas.
Era cierto que los temblores en las manos se habían intensificado en los dos últimos años, pero se encontraba bien.
Los médicos le habían dicho que podría tener algún episodio suelto de pérdida de control y que, si no había cambios en su evolución, todavía podría competir de forma profesional antes de que fuera limitante.
—¡Hola! —dijo una voz aguda—. ¿Está ocupado?
Aiden levantó la vista de la pantalla y se encontró a una chica sonriente. Tenía el pelo recogido en dos trenzas y un ligero rubor cubriéndole las mejillas. Estaba señalando la silla que estaba a su lado.
—Eh… —Aiden vaciló. Había decenas de sillas vacías, todas las de su alrededor, y, aun así, la chica estaba interesada en sentarse justo a su lado.
Al verlo dudar, se colocó el pelo detrás de la oreja con nerviosismo.
—Perdona, es que soy muy fan y no he podido evitar acercarme. Llevo siguiéndote en redes desde hace más de un año, y como estás aquí solo, y yo estoy sola, y… —La pobre estaba tan incómoda que Aiden no pudo evitar sonreír.
Luego, se movió a un lado y le dejó el asiento libre.
—Soy Aiden —le dijo, tendiéndole la mano.
—¡Ay, madre mía, claro que eres Aiden! Soy muy muy muy fan. De verdad. Mis amigas están hartas de escucharme hablar de ti. —La joven hablaba rápido, con una voz chillona y a él le hacía gracia su entusiasmo—. Te reconocí a primera hora, estabas sentado con Thiago. No me atreví a acercarme.
Aiden no se había acostumbrado a que lo reconocieran por la calle o le pidieran fotos, pero sus quinientos mil seguidores en Instagram no pensaban lo mismo.
Además, como había estado prácticamente recluido desde que ganó el torneo, no había vivido el impacto.
Cada vez que salía a la calle, veía cómo la gente se le quedaba mirando, o incluso lo señalaban, aunque pocas eran las veces que alguien se atrevía a acercarse y hablar con él.
—¿Y cómo te llamas? No me lo has dicho —comentó Aiden sin saber bien cómo debía actuar.
—¡Tienes razón! Perdona… ¡Es que estoy muy nerviosa! —La chica se tocaba el pelo a cada rato, recolocándoselo detrás de la oreja—. Me llamo Hailey.
—Y, ¿qué estudias?
—Pues ahora mismo estoy cursando enfermería. No estoy segura de que sea la carrera idónea para mí. ¿A ti te gusta la medicina? Cuando se publicó la carrera en la que te habías matriculado hubo muchas discusiones por Twitter.
Aiden se rascó la cabeza, sin saber cómo gestionar aquella conversación. ¿Qué le importaba a la gente lo que fuera a estudiar? Le parecía muy extraño, pero como iban a compartir clase durante el resto de la mañana, decidió dejarlo pasar.
La chica, al margen de lo mucho que sabía de su vida y lo entusiasta que era, había resultado ser bastante agradable. Se había mudado de un pueblo de la costa hacía un par de días, por lo que tampoco conocía mucha gente y se sentía sola.
Él entendía bien aquel sentimiento.
Se despidieron al final de la mañana, justo antes de que Aiden se fuera a comer. Las clases eran de nueve a dos y por la tarde, a partir de las cinco, empezaban los entrenamientos. Tenía planeado aprovechar aquellas horas muertas para ir a casa y descansar un rato para coger fuerzas.
—Pues nos vemos mañana, Aiden, ha sido un placer conocerte —dijo Hailey rodeándolo con los brazos.
La chica era bastante bajita ya que, a pesar de estar de puntillas, la parte superior de su cabeza apenas tocaba su barbilla.
—Lo mismo digo —respondió algo cohibido, dándole un par de golpecitos en la espalda.
Hailey le había agotado la batería social por completo.
Se despidió con la mano y empezó a bajar las escaleras. Antes de que pudiera alejarse y seguir andando, la joven lo agarró del brazo. Aiden se giró y la miró con las cejas levantadas, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para no ponerle mala cara.
—¿Crees…? ¿Crees que podrías darme tu teléfono? —preguntó ella mirando al suelo, con las mejillas sonrojadas—. Como vamos a ir a muchas clases juntos, pensé que sería bueno poder consultarnos cualquier duda que nos surja…
Aiden dudó, pero finalmente, asintió como respuesta. ¿Qué podría salir mal?
—Claro, apunta.