Capítulo 2 - Rian
Una decisión equivocada
Golpeé con los nudillos la puerta del despacho de Caleb y abrí sin esperar respuesta. En cuanto me vio, me sonrió abiertamente mientras terminaba de apuntar algo en su portátil.
—¿Qué tal, Rian? ¿Cómo van las cosas?
—Bien, sólo quería hablar contigo un momento. ¿Te pillo ocupado?
Caleb era el entrenador principal del equipo universitario y uno de los mejores jugadores profesionales del mundo. A pesar de que se había tenido que alejar de la competición por una lesión en la rodilla hacía unos años, seguían contando con él.
Tener la oportunidad de trabajar a su lado, aprendiendo de uno de los mejores, era algo increíble. Había tenido mucha suerte.
—Para nada, cuéntame. ¿Ha pasado algo?
—No, todo va bien. Solo quería avisarte de que me tengo que ausentar un par de días. Tengo un problema familiar y me gustaría irme a casa —aclaré.
—No te preocupes. —Le restó importancia, haciendo un gesto con la mano—. ¿Estarás en la presentación de los de primero? Estoy revisando los datos de sus matrículas y casi tenemos la plantilla completa.
—Lo intentaré, aunque no puedo prometerte nada. ¿Algún perfil interesante?
—No te haces una idea de cuánto. Estoy seguro de que van a conseguir sorprenderte incluso a ti. —Su mirada me estaba intentando transmitir mucho más que sus palabras. No llegué a entender el qué.
Sonreí, emocionado. Por lo que Caleb me había contado, una de mis principales funciones sería ayudar a los de primero con los entrenamientos, para que pudieran mejorar su técnica y pulir pequeños vicios que hubieran acarreado de sus anteriores equipos.
—No lo dudo. —Estaba deseando conocerlos.
—Una última cosa, Rian, ¿al final decidiste repetir con las dos asignaturas que te quedaron el año pasado? —me preguntó curioso.
No era algo típico. Muchos estudiantes preferían pasar de curso, arrastrando las materias. Yo pensaba diferente. Cuando Caleb me ofreció ser el segundo entrenador, mis prioridades cambiaron.
Después de abandonar los duelos, me sentí perdido durante mucho tiempo, hasta que vi las alternativas que tenía.
Hacerme entrenador se convirtió en mi siguiente objetivo, y poder hacerlo en ese equipo era más de lo que había soñado.
Además, con Aiden había estado de acuerdo en repetir curso, aunque al final no se había dado el caso.
Perder un año no significaba nada para mí si a cambio tenía la oportunidad de ser el segundo entrenador del equipo.
Sabía que Caleb me apoyaría, fuera cual fuese la opción que eligiera.
—Sí —contesté—. Solo tengo dos asignaturas y clases tres días a la semana. Puedo cubrirte siempre que lo necesites.
—Genial, Rian, da gusto contar contigo.
—El placer es mío.
Caleb asintió y se puso en pie. Guardó un par de folios en el maletín del portátil y se preparó para marcharse. En ese preciso momento, vi como una idea se le pasó por la cabeza. Paró de recoger y me miró con interés, evaluándome de algún modo .
—¿Qué pasa? —pregunté confuso.
—Me gustaría saber algo. —Se pasó una mano por el pelo corto, sin llegar a despeinarse. Lo tenía marrón oscuro, de un color muy similar al de sus ojos.
—Claro, dime.
—Tú… —Entrecerró los ojos un instante, buscando las palabras exactas que decir—. ¿Estarías interesado en volver a competir?
Parpadeé sorprendido.
Aquello me sentó como un jarro de agua fría, no lo iba a negar. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que había entrenado.
Desde la última vez que le había visto.
—¿Yo? —pregunté solo para verificar que no había entendido mal.
Caleb soltó una carcajada.
—Claro, ¿quién si no? Estamos solos en el despacho.
Era cierto y aquella posibilidad me estaba afectando mucho más de lo que debería.
¿Volver a los duelos? Competir de forma profesional siempre había sido todo a lo que aspiraba en la vida.
Solo había renunciado a ese sueño para que Aiden pudiera conseguir el suyo.
Sin embargo, la idea de convertirme en el compañero de alguien más me generaba bastante desagrado.
Negué con la cabeza. Llevaba un año siendo entrenador y quería seguir así. No podía ser compañero de nadie que no fuera Aiden, ni quería. Si continuar siendo duelista hubiese sido una opción, habría seguido a su lado.
—Esa etapa ya la dejé atrás. Ahora no estoy interesado en competir. —Medio mentira, medio verdad, pero nadie tenía por qué saberlo.
—Por supuesto, lo entiendo. Nada, disfruta de tu tiempo en familia y nos vemos a la vuelta —añadió y se dirigió hacia la puerta a paso apurado.
Levantó una mano en gesto de despedida antes de cruzar el marco y desapareció sin mirar atrás.
Yo me quedé allí, quieto, en medio del despacho, con la mirada perdida. Me había dejado con una sensación extraña en el pecho y los recuerdos de una etapa que intentaba olvidar.
◆◆◆
Volví a la habitación de la residencia donde me llevaba alojando más de un año y saqué la mochila del armario.
Metí unas cuantas mudas y fui a coger el autobús hasta el aeropuerto.
Era hora de regresar a casa. Cuando volviera, las clases ya habrían empezado.
Esa era la otra parte buena de tener solo dos asignaturas: no me iba a perder gran cosa.
Erik me necesitaba y yo pensaba apoyarlo en lo que pudiera. Quizás no había sido el mejor hermano, quizás habíamos tenido nuestros problemas, sobre todo durante mi adolescencia, pero era parte de mi familia. En aquel momento, me necesitaba más que a nadie y yo quería estar allí para él.