Derrota Colateral (Victoria 2)
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Capítulo 1
Un sueño
El sonido del silbato, que indicaba el final del duelo, resonó por dentro de Aiden.
El público se había puesto en pie, gritando.
Veía las pancartas agitándose en el aire, el confeti sobrevolando la Arena, la gente levantando los brazos, aplaudiendo, abrazándose…
En aquel instante, el mago empezó a ser consciente de lo que sucedía a su alrededor y, al mismo tiempo, parecía que aquello lo estaba viviendo otra persona. No era él. No podía serlo.
Buscó a su compañero. Thiago tenía los ojos cerrados, las manos apoyadas en las caderas y, aunque respiraba de forma agitada, Aiden solo percibía paz a través del vínculo.
Cuando sus miradas se encontraron, sonrió.
No era una sonrisa deslumbrante, sino más bien pequeña y tímida.
Fue suficiente para él, para devolverle los pies al mundo real.
Aiden reaccionó levantando el puño en dirección al cielo, en señal de victoria.
Los sentimientos que tenía dentro se fueron transformando poco a poco en una emoción difícil de controlar.
Las lágrimas empezaron a recorrerle las mejillas, así que inclinó la cabeza hacia el suelo, intentando huir de las cámaras.
No quería que lo pillaran en un momento tan vulnerable.
Habían ganado.
Después de todo el esfuerzo y la dedicación, había logrado ganar el torneo nacional, cumpliendo el sueño más ambicioso que tenía.
Le hubiera encantado poder viajar en el tiempo, retroceder a cuando era pequeño y se sentía perdido.
Le gustaría decirse que las cosas iban a salir bien.
Que se convertiría en el gran mago que siempre quiso ser.
Que no se preocupara por lo que iba a tener que vivir durante los siguientes años. Al final merecería la pena.
Aiden se dejó caer sobre las rodillas y ocultó la cara entre las manos.
En aquel momento, rodeado de la felicidad más absoluta, el recuerdo de Rian irrumpió de forma abrupta.
Era su sueño. Habían hablado miles de veces sobre cómo lograrían ganar la competición juntos.
Que conseguirían levantar el trofeo los dos a la vez.
El chico no sabía dónde estaba Rian. Ignoraba si le iba bien y su recuerdo apenas lo perturbaba o si, por el contrario, lo estaría viendo desde el otro lado de la pantalla.
Tampoco tenía forma de saber si seguía convencido de que desaparecer, de la forma en la que lo había hecho dos años atrás, había sido la mejor decisión.
O si al final se había llegado a arrepentir.
Aiden desconocía todo aquello y no pudo evitar preguntarse si le gustaría estar allí a su lado.
El brazo de Loan lo sacó de sus pensamientos. Su entrenador lo abrazó de repente y, como estaba desprevenido, ambos terminaron en el suelo.
—¿Estabas llorando? —le preguntó Loan preocupado. Aún se adivinaba el rastro de las lágrimas por la cara y los ojos enrojecidos—. ¿Estás herido? ¿Estás bien?
Aiden sonrió.
—Estoy más que bien.
Era cierto. Daba igual que el recuerdo de Rian todavía le ocasionara un nudo en el pecho. Estaba feliz. Había cumplido un sueño.
◆◆◆
Los siguientes minutos pasaron muy rápido.
Se fueron a cambiar para la entrega de premios, mientras ponían por las pantallas algunos de los momentos más emocionantes del duelo para el disfrute de los espectadores.
Para Aiden era extraño verse a sí mismo a través de la pantalla, lo volvía más real.
Antes de que pudiera darse cuenta estaba subiendo a un pequeño podio, donde le dieron la medalla y el trofeo.
Cuántas veces había imaginado el tacto frío del metal y pasar las yemas de los dedos por las vetas de su nombre grabado…
Estaba seguro de que el Kettou lo pondría en la vitrina principal, donde descansaban los anteriores.
Ese trofeo quedaría expuesto como un recordatorio de sus logros.
Solo hacía cinco años que tenía magia, pero se había coronado como campeón.
Eso debería ser lo único que importaba.
Aiden estaba sonriendo tanto que le empezaba a doler la cara.
Al terminar una competición, el protocolo era estándar. Después de la victoria era habitual que el dúo ganador hiciera una pequeña entrevista que se retransmitía en directo por todas partes. Estaba convencido de que, al día siguiente, encontraría varios videos por YouTube comentando su actuación.
Primero le tocó el turno a Loan, quien también estaba eufórico.
La mitad de la victoria se la debía a él, por lo que le había enseñado durante aquellos casi tres años.
Por haberle dado la oportunidad de unirse al equipo y por haber sido, sin duda, el mejor entrenador que había tenido hasta el momento.
La otra mitad de la victoria se la debía a Thiago, que estaba sentado a su lado, limpiándose la suciedad de las uñas. Si no fuera por él, no habría llegado a tener un compañero que estuviera a su altura.
—Gracias —le dijo Aiden, en voz baja.
A pesar de que ambos magos se encontraban apartados del foco mediático, Thiago miró a su alrededor, antes de responder.
—No me tienes que agradecer nada.
—Eso no es cierto. Si hemos ganado hoy es gracias a ti.
—Lo sé —dijo con una prepotencia que Aiden sabía que no sentía.
—En serio. Gracias. Por haber venido, por haber dado todo por la victoria. No te haces una idea de lo que significa esto para mí.
—Sí que lo sé, Aiden. Somos compañeros. —Thiago lo miró con las cejas levantadas. Luego elevó un hombro—. Y bueno, muy a mi pesar, también somos amigos. Además, la victoria es completamente tuya. Yo solo he cubierto el cupo para que te dejaran participar.
No le dio tiempo a contestar nada más, ya que la entrevista de Loan había finalizado y era su turno.
—Anda, vete, te están esperando —instó Thiago, al ver que su compañero se había quedado clavado en el suelo. Resopló, se puso en pie y tiró de Aiden para que se moviera—. Una vez más, insisten en que nos dejes en ridículo. ¿Cuándo aprenderán que no tienes el don de la palabra…?
—Oh, vamos, cállate —protestó el implicado, tapándose la cara con las manos e intentando reprimir los nervios que le carcomían por dentro.
No había dado demasiadas entrevistas. Todavía estaba en la escuela superior y la ley protegía a los alumnos menores de edad. En un par de meses, cuando entrara en la universidad, todo cambiaría. Mientras tanto, las cagadas que podía cometer en público estaban limitadas.
Siempre que le ponían un micrófono delante de la cara se le trababa la lengua y terminaba diciendo algo raro, o contando un chiste que no tenía gracia, a pesar de haber repasado las respuestas antes. Era lamentable.
Aiden suspiró y caminó hasta el joven que lo estaba esperando frente a la cámara.
Colocó las manos a la espalda para que no lo vieran retorcerse los dedos debido a lo nervioso que estaba.
Sabía que era muy probable que al día siguiente Thiago y él fueran portada en muchas de las revistas de deportes y prefería ahorrarse un titular vergonzoso.
El reportero le acercó un micrófono enorme a la cara antes de hablar.
—Aiden Ashton, enhorabuena. Hoy has estado brillante. Después de los resultados de los últimos torneos, estábamos esperando verte ganar. ¿Cómo te sientes?
El chico cogió aire y contó hasta tres antes de responder. Aquella pregunta era fácil, podía hacerlo.
—No tengo palabras. Estoy contento. —Fue lo único que se le ocurrió—. Esto es por lo que llevo luchando los últimos tres años y, al fin, lo hemos conseguido. Thiago ha sabido anticiparse a las técnicas de nuestros rivales: los ha bloqueado por completo —elogió girándose hacia su compañero.
Su vínculo recibió el halago negando con la cabeza, lo que le sacó una pequeña sonrisa.
El reportero asintió, satisfecho, antes de proseguir.
—Después de que tu compañero Rian Kane dejase los duelos, te vimos bastante perdido, en cuanto a compañeros se refiere. ¿Crees que Thiago es el reemplazo definitivo?
Aiden tuvo que hacer uso de su autocontrol para que el gesto de su cara no lo delatase.
—Thiago es un compañero increíble. —Era verdad—. He tenido toda la suerte del mundo de que aceptara acompañarme hoy. —Nadie sabía lo mucho que le había costado convencerle—. Sin él, está claro que esta victoria no habría sido posible. —Otra verdad.
El reportero encajó la evasiva con una sonrisa.
—Muchas gracias Ashton, te deseamos lo mejor.
Aiden dejó paso a Thiago y, cuando las cámaras lo perdieron de vista, su impostada alegría se esfumó por completo.