Derechos y Sangre XXI
55%

XXI

Tras terminarme el café, puse la carpeta bajo el brazo y me dirigí tranquilamente a la biblioteca municipal.

El bibliotecario, un hombrecillo nervioso con gafas, hablaba en voz baja a pesar de que no había nadie más por allí.

Le mostré mi copia del recorte del museo, aquel en el que se había publicado el grabado de la foto familiar.

Echó un vistazo rápido a ambas caras y luego volvió a mirarme como si yo fuera claramente culpable de stupidité.

—Era la Revue de Bordeaux , señor. No se encuentran noticias de Sainte-Odile en ningún otro semanario de aquella época.

Me impartió esta sabiduría con un tono que daba a entender que hasta los niños pequeños deberían saber que solo la Revue de Bordeaux podía haber publicado una noticia sobre esta localidad. Pasé por alto su retintín y respondí: —Eh, ¿tener aquí ejemplares la Revue de Bordeaux?

El bibliotecario me condujo hasta una estantería metálica situada a varios pasillos de distancia, hizo un gesto desdeñoso y se marchó.

Eché un vistazo a los lomos de los libros.

Al parecer, alguien con las iniciales J.G.D.

había pagado en su día para que le encuadernaran en forma de libros una colección de números atrasados de la Revue de Bordeaux .

Toda la estantería estaba ahora repleta de un volumen tras otro de revistas centenarias con una encuadernación de cuero turquesa y marfil, a todas luces cara, con letras doradas.

Recorrí con el dedo los lomos polvorientos hasta que encontré los que llevaban las fechas de 1871 y 1872.

Los saqué y los dejé sobre una mesa cercana, junto a la fotocopia del grabado.

No tardé mucho en encontrar el número en el que aparecía el grabado, el de la tercera semana de marzo de 1872.

Saqué un pequeño diccionario del bolsillo derecho de mi camisa y empecé a componer una traducción aproximada.

Cuando terminé con la parte literal, reordené las palabras inconexas en frases que tuvieran sentido.

El texto que acompañaba a la foto decía, más o menos: —Nuestro colaborador, el fotógrafo M.

Vardaux, ha entregado en nuestras oficinas esta curiosa fotografía, que nos complace reproducir aquí.

El señor Ferdinand Casseul, terrateniente del pueblo de Sainte-Odile, al sur, debe de estar triplemente orgulloso de su hermosa familia: ¡el señor y su esposa Marie-Christine han sido padres de tres parejas de gemelos idénticos!

Los científicos consultados por esta publicación en de la Universidad de Burdeos afirmaron que tal fenómeno solo puede darse una vez entre cada 11,7 millones de nacimientos.

Si se había publicado en marzo, probablemente se había tomado unas semanas antes. A juzgar por lo que había leído en Madrid, supuse que, para cuando la familia Cassols apareció impresa, él padre ya estaría ocupando el mando de tropas rebeldes en algún lugar montañoso del norte de España.

Guardé con cuidado las copias en mi carpeta y saqué una hoja de papel: una lista de nombres y fechas de nacimiento conocidas de la familia Cassols. Era hora de visitar al párroco del pueblo.

El padre Lucien resultó ser una grata sorpresa respecto a lo que esperaba.

Aunque muchos registros de la Iglesia católica se han microfilmado y están a disposición del público en general en centros de investigación de muchos lugares, la mayoría no lo están, y los de Sainte-Odile se encontraban en este último grupo.

Había oído historias terribles de otros investigadores, que habían pasado horas en coche viajando a iglesias remotas en lugares apartados, solo para descubrir que al sacerdote local lo habían llamado ese mismo día para ir a otro pueblo y dar la extremaunción a alguien, o que simplemente no le había dado la gana quedarse allí sentado durante dos o tres horas tras la misa semanal, vigilando que nadie arrancara ninguna página de los libros sacramentales.

Afortunadamente para mí, el padre Lucien fue tan servicial como cauteloso.

Después de explicarle lo que buscaba, accedió amablemente a traer los libros sacramentales y colocarlos sobre un escritorio frente al suyo; así podía hojear los registros mientras él se ocupaba de la contabilidad parroquial y me vigilaba.

Fui directamente al registro de nacimientos para confirmar lo que ya sabía.

Efectivamente, allí estaban los nacimientos de Charles-Marie-Isidore y Louis-Stanislas-Raymond el 13 de junio de 1859, bautizados al día siguiente.

Y luego, unas páginas más adelante, el 16 de mayo de 1862, las encontré.

Las hermanas Nicole-Amélie-Lourdes y Anne-Ludivine-Madeleine.

Nicole. Colette.

Apunté los datos en una hoja. Me pregunté si habría habido uno o dos abortos espontáneos después de eso, dada la inusual interrupción en los nacimientos en aquella época de partos sucesivos: las dos niñas siguientes no nacieron hasta unos cinco años más tarde.

El 1 de agosto de 1866 habían nacido Françoise-Marie-Joséphe y Francine-Marie-Claire, completando así la familia que ahora conocía por aquella fotografía.

Y entonces, 29 de octubre de 1878, bautizo de una niña, a la que se llamaría Louise-Marie. Nacida el día anterior, hija de Nicole de Cassols. —Père inconnu , padre desconocido. Esta debía de ser la niña que, sin culpa alguna por su parte, había provocado el suicidio de Ferdinand de Cassols.

Me recosté en la silla, tratando de imaginar este suceso en el contexto de la familia que había llegado a conocer estas últimas semanas.

Una familia de clase alta con raíces nobles, rica quizás en terrenos y honor, pero no en mucho más.

El padre regresa a casa destrozado anímicamente tras otra guerra perdida pero hinchado de orgullo por recibir la visita de un «monarca» ungido por Dios, y se encuentra a su hija adolescente a punto de dar a luz a un hijo ilegítimo.

Revisé los apuntes que había tomado en el cementerio de Barcelona: la lápida indicaba que Fernando había fallecido ese mismo año, 1878.

Para entonces, la vida debía de parecerle poco propicia de ofrecerle sorpresas agradables.

Me pregunté si los registros de entierros contendrían alguna referencia a Fernando, teniendo en cuenta lo que Danielle me había contado sobre su suicidio y la tumba sin identificar en algún lugar de la finca de los Cassols.

Dejando a un lado los registros de bautismos, hojeé el registro parroquial de entierros hasta que encontré el año 1878.

Como era de esperar, no aparecía mencionado, pero en ese año sí encontré este asiento:

Jeanne Marie Cassols, fille bâtarde de Colette Cassols.  28 novembre 1878. Mourit de pneumonie. Enterré a la fosse commune.

La hija ilegítima de Colette. Murió de neumonía, siendo aún una niña pequeña, y fue enterrada en la fosa común.

Así pues, en algún momento después de noviembre de 1878, tras haber sido repudiada por su familia, Colette Cassols debió de emigrar.

Esto encajaría con el hecho de que se hubiera trasladado a California, a tiempo para el censo de 1880, en el que figuraba como empleada en la mansión de los Blackwood, tras el accidente mencionado en el periódico, aquel en el que había salvado la vida de Mathilda Blackwood, pero había perdido dos dedos…

Y de golpe me quedé estupefacto. Pasé rápidamente a otra página de la carpeta, la fotocopia de aquella foto que me había mostrado Olin, el retrato de estudio de su bisabuelo Henry cuando era un niño pequeño, señalando algo mientras su madre lo sujetaba con firmeza y miraba fijamente a la cámara.

Por la forma en que lo sujetaba, se le veían claramente ambas manos. Y no le faltaba ningún dedo.

La mujer que sostenía a Henry Olin en la foto no era la que había sido asesinada en Cincinnati en 1886.