Dentro de la locura CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

A las ocho de la tarde, la sala de reuniones de la Jefatura Superior de Madrid parecía un avispero.

Aquel espacio multifuncional, donde se realizaban actos conmemorativos, se impartían cursos o como en ese caso, se organizaban operativos de cierta complejidad, bien podía pasar por un coqueto teatro, con un pequeño escenario en uno de sus fondos que se elevaba frente a unas veinte filas de butacas de tela roja.

Sobre el escenario, tratando de orquestar a todas las unidades que tendrían que actuar en aquella peculiar obra, se encontraban el inspector jefe Corcobado, escoltado por el comisario de la Brigada Provincial de Policía Judicial, cuya mera presencia servía por sí sola para demostrar a la audiencia la importancia que desde la Jefatura se le daba a aquel operativo.

Entre los asistentes, se encontraban en primera fila los jefes y responsables de las distintas unidades que con carácter de urgencia habían sido reclamadas: GEO, sistemas especiales, medios aéreos, guías caninos e incluso TEDAX.

Detrás de la nobleza, sin ningún tipo de orden ni concierto, nos fuimos acomodando en las butacas el resto de machacas que aquella noche íbamos a formar parte de aquel baile.

Fue Corcobado, tras permitir un par de minutos de charla entre compañeros, quien nos pidió que fuésemos tomando asiento en silencio, para a continuación comenzar él a hablar en voz alta.

—Buenas tardes, para quien aún no me conozca, soy el inspector jefe Corcobado, jefe de la sección de homicidios de esta Brigada.

Debo aclararles que han sido convocados de forma tan precipitada debido a que hemos recibido información acerca de la posible presencia del autor o autores de una serie de asesinatos en una vivienda a las afueras del toledano pueblo de Illescas —inició su presentación—.

La casa pertenece a una anciana que pasa sus días en una residencia, así que por ahí no sacaremos nada.

Del mismo modo, también se nos ha informado que nuestros presuntos objetivos pernoctarán allí esta noche, sin embargo es posible que mañana vuelvan a estar ilocalizables.

—Como es lógico, no podemos desvelar la naturaleza de nuestro informante, pero digamos que podemos otorgarle bastante credibilidad a lo que nos ha manifestado —intervino el comisario para dejar patente que aunque no hubiese sido presentado, él estaba al mando de todo el tinglado.

—Tal y como dice el jefe de la Brigada y máximo responsable de este operativo, el comisario Barreda —subsanó Corcobado el patinazo sobre la marcha—, hay muchas posibilidades de que nuestros objetivos se encuentren en el lugar señalado.

La finca en cuestión es esta —señaló con un puntero láser en la enorme pantalla que tenía a su espalda una fotografía aérea, tomada a vista de pájaro, donde se observaba una parcela con una edificación en su interior—.

Hay un camino de tierra que sale de la cantera abandonada y conduce hasta ella, pero como se observa en esta imagen, no hay nada en las inmediaciones donde nos podamos ocultar o parapetar.

—El puesto de mando avanzado, desde donde se coordinará todo el operativo y se impartirán las órdenes oportunas, se establecerá a unos dos kilómetros al oeste de la localización, en un descampado al que se llega a través de otro camino de tierra que sale del mismo pueblo —comentó el comisario en busca de su dosis de protagonismo.

—La primera actuación será realizada por los GEO, quienes procederán al asalto de la vivienda para asegurarla, neutralizando cualquier posible amenaza que se encuentre en su interior —prosiguió Corcobado—.

Una vez la zona sea segura, el resto de unidades convocadas se desplazarán hasta la vivienda para proceder a realizar sus respectivas funciones.

Hasta ese momento, dichas unidades deberán permanecer junto al puesto de mando avanzado, a la espera de que la superioridad las comisione.

—Como jefe del puesto de mando avanzado y máximo responsable en el lugar, se encontrará el inspector jefe Corcobado, quien estará en permanente contacto conmigo.

Corcobado a su vez estará auxiliado en cuestiones técnicas por el inspector jefe Alonso aquí presente, en calidad de responsable del Grupo Especial de Operaciones —informó el comisario—, a quien en este momento le cedo la palabra para que pueda plantear cualquier cuestión a nivel operativo.

—¿Disponemos ya de planos de la distribución de la casa? —quiso saber el responsable de los GEO después de levantarse de su asiento, pero sin hacer el amago de subir al escenario para no adoptar más protagonismo del necesario.

Corcobado lo contempló un instante antes de contestar.

Corte de pelo militar, mandíbula cuadrada, cuerpo de oso y mirada de depredador felino.

A buen seguro con las suficientes intervenciones a sus espaldas como para en la comparación, dejar al resto de los presentes a la altura de meros “pepinillos”.

—Hemos obtenido los planos, pero son antiguos y no podemos asegurar que después se haya realizado algún tipo de reforma en su interior —informó mi jefe—.

Ahora les pasaremos un dossier donde entre otras cosas se recoge una copia de la planimetría, pero les adelanto que se trata de una edificación de una sola planta, que consta de doscientos cincuenta metros cuadrados.

También hay otra edificación adyacente, mucho más pequeña, la cual creemos que puede ser un cobertizo o algún tipo de almacén.

—Han hablado de objetivo u objetivos. ¿Hay una previsión exacta de cuántas personas nos podremos encontrar en el interior? —volvió a preguntar el inspector jefe Alonso.

—Vamos a ciegas —tuvo que reconocer Corcobado levantando las manos al aire—.

Ignoramos cuántas personas se pueden encontrar ahí dentro y aunque sospechamos que los objetivos pueden ser dos, no podemos descartar nada.

De hecho, a pesar de la fiabilidad que le damos a la información recibida, existe la posibilidad que se trate de una trampa.

Lo que es seguro es que hay una alta probabilidad de que vayan armados y sean peligrosos.

Un murmullo generalizado, con rumor de protesta, se extendió entonces por toda la sala.

—Pero como hemos informado al principio, nos vemos obligado a actuar con carácter de urgencia motivados por las circunstancias.

Si esperamos y empleamos más tiempo en establecer este operativo con las suficientes garantías, corremos el riesgo de que nuestros objetivos vuelvan a desaparecer —se apresuró a incidir sobre la cuestión el comisario.

—¿Nos encontraremos con perros en la finca? —se interesó el GEO con rictus serio ante la poca información facilitada.

—En el google maps se distingue una pequeña caseta junto a lo que creemos que es el cobertizo, por lo que hay bastantes posibilidades de que los haya.

En cualquier caso, antes del asalto a la casa por parte de los Grupos Especiales, los de medios aéreos volarán un dron que nos aportará algo más de información sobre el terreno.

El inspector Lastras nos puede aclarar mejor este punto —invitó Corcobado a intervenir a un agente bastante joven, con el pelo rapado y algo bajo, que también se encontraba sentado en la primera fila y cuyo uniforme ajustado dejaba entrever una musculatura moldeada a golpe de mancuerna.

—Volaremos un dron a una altura suficiente como para que no sea detectable —anunció el aludido tras un carraspeo—.

La unidad que emplearemos dispone de cámara de visión nocturna, así como una modalidad de visión térmica que nos dará una idea de las personas y animales que haya en ese momento en el exterior de la finca o inmediaciones.

Por desgracia no podremos saber cuántas personas se encontrarán en el interior de la vivienda a no ser que salgan al exterior.

—Bien, tras eso, una vez los GEO entren y aseguren la zona, guías caninos meterán los perros adiestrados en detección de explosivos —tomó la palabra de nuevo el comisario, que se había adelantado un paso a Corcobado—.

Cuando las unidades especiales finalicen con su cometido, mi gente, en compañía de la autoridad judicial y policía científica, entrarán en la vivienda y efectuarán un primer registro.

El resto de equipos deberán permanecer en el punto establecido a la espera de que el responsable del operativo requiera su presencia.

—¿Habrá presencia de Guardia Civil? —preguntó uno de los jefes sentado en la primera fila, a quien no reconocí.

—Les notificaremos nuestra presencia en su demarcación a su debido momento, al igual que hacen ellos —contestó con pragmatismo el comisario—.

¿Alguna pregunta más? Pues en marcha. Y recuerden que no sabemos lo que nos vamos a encontrar en ese caserón.

Puede tratarse de una trampa o en el mejor de los casos habrá uno o varios asesinos esperándonos dentro.

Extremen las precauciones y actúen como saben.

No me cabe ninguna duda de que será todo un éxito.

Apenas dos horas después, todas las unidades ya estaban desplegadas sobre el terreno.

La mayoría de los actuantes se habían posicionado en torno al puesto de mando avanzado; un enorme contenedor metálico que era transportado por un camión del Cuerpo Nacional de Policía a los sitios donde la emergencia así lo requería.

Era frecuente su empleo para establecer un punto desde donde, por parte de la superioridad, se dirigiesen las operaciones en situaciones como atracos con rehenes o amenazas terroristas.

Dicho puesto, tal y como había ordenado el comisario principal, había sido ubicado en medio de un descampado a dos kilómetros de la casa.

Entre medias, se situaba una extensa loma que impedía que el despliegue policial fuese descubierto por miradas indiscretas antes de tiempo.

Aun así, y debido a que ya era noche cerrada, la iluminación del puesto de mando se había reducido a la interior y el resto de vehículos estacionados permanecían apagados.