EVACUACIÓN OBLIGATORIA.
Las puertas comenzaron a cerrarse automáticamente.
El contador seguía avanzando.
Adrián tomó la mano de Valeria.
No para dirigirla.
Sino para que no quedaran separados en el caos.
Ella apretó su mano con fuerza.
No dijo nada.
Ya no hacía falta.
Mientras corrían por el pasillo principal, Vivian se detuvo frente a un retrato antiguo de Alexander Blackwood.
Lo observó durante unos segundos.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Perdóname...
Susurró.
—Pensé que proteger el secreto era la única manera de honrar tu memoria.
Me equivoqué.
El orgullo me hizo creer que podía decidir por todos.
Y ese orgullo destruyó más vidas que la verdad.
Valeria la abrazó por primera vez.
No porque comprendiera todas sus decisiones.
Sino porque comprendía su dolor.
Vivian respondió al abrazo entre lágrimas.
El peso de doce años de silencio parecía quebrarse en ese instante.
Cuando llegaron a la salida del archivo, encontraron algo inesperado.
La puerta estaba abierta.
Al otro lado no había hombres armados.
No había policías.
No había Russo.
Solo una niña de unos diez años esperaba en el pasillo.
Vestía un abrigo azul.
Llevaba un pequeño reloj antiguo colgado del cuello.
Detenido.
A las 9:17.
Miró directamente a Valeria.
Y sonrió con una tranquilidad imposible.
—Hola.
Mi mamá dijo que tú sabrías cómo protegerme.
El mundo pareció detenerse.
Valeria sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
Porque, por primera vez...
La historia dejaba de tratar únicamente del pasado.
Ahora había otra vida en peligro.
Y alguien acababa de ponerla en sus manos.