Capítulo 19 – La Caída del Orgullo
El contador continuaba descendiendo.
Su brillo rojo iluminaba el Archivo Blackwood.
Nadie apartaba la vista de Vivian.
Por primera vez en doce años, ya no tenía dónde esconderse.
Respiró profundamente.
Y comenzó.
—La noche del incendio... hubo dos operaciones distintas.
Todos creímos que solo existía una.
Pero no.
Mientras Ravens Hill ardía, otro grupo entró por los túneles del edificio.
No buscaban documentos.
Buscaban a una niña.
Valeria permanecía inmóvil.
Vivian continuó.
—Alexander descubrió el plan apenas unos minutos antes de las 9:17.
No tenía tiempo para detenerlos.
Solo podía elegir.
Salvar la lista.
O salvar vidas.
Eligió las vidas.
Adrián bajó la cabeza.
Por primera vez comprendía el verdadero peso que había cargado su padre.
Vivian abrió una carpeta escondida entre los documentos.
Dentro había un plano del antiguo edificio.
Dos rutas estaban marcadas con tinta roja.
Una llevaba al archivo.
La otra...
A los túneles de evacuación.
—Alexander me ordenó sacar a Valeria.
Tomás debía sacar a la otra niña.
Yo nunca supe si lo consiguió.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
—¿Quién era ella?
Vivian negó lentamente.
—Nunca conocí su nombre.
Solo su número de identificación.
Paciente S-17.
El silencio cayó sobre la sala.
Adrián levantó la vista.
—¿Paciente?
Vivian asintió.
—Sí.
Aquella palabra fue una de las razones por las que decidimos destruir todos los registros.
Valeria dio un paso atrás.
Cada nueva respuesta abría una herida distinta.
Durante años creyó que su historia giraba alrededor de una guerra entre familias.
Ahora descubría que existía una historia mucho más antigua.
Mucho más oscura.
Y apenas conocía el principio.
El teléfono de Adrián vibró.
Mensaje cifrado.
Procedía del sistema interno de Blackwood.
Solo contenía una fotografía.
Tomás.
Seguía vivo.
Pero no estaba solo.
A su lado aparecía la misma mujer de cabello gris que había hablado minutos antes.
Ella sostenía una carpeta azul.
En la portada podía leerse:
S-17
Valeria sintió que el corazón se detenía.
—Ella sabe quién es la otra niña.
Antes de que alguien pudiera responder, todas las pantallas del archivo cambiaron de imagen.
Russo apareció nuevamente.
No sonreía.
Su traje estaba manchado de sangre en el hombro.
Parecía haber escapado de un enfrentamiento.
—Escúchenme con atención.
No queda tiempo.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué ocurrió?
Russo respiró con dificultad.
—Ellos ya no necesitan la lista.
Ahora quieren eliminar a todos los que conocen la verdad.
Vivian cerró los ojos.
Lo había entendido.
La cacería había comenzado.
Russo levantó lentamente una carpeta.
Era idéntica a la que aparecía en la fotografía.
—Durante años pensé que el Proyecto Herencia consistía en proteger documentos.
Me equivoqué.
Protegía personas.
Personas que ni siquiera sabían quiénes eran realmente.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Cuántas?
Russo respondió sin apartar la mirada.
—Más de las que imaginan.
El silencio fue interrumpido por una alarma.
Una voz metálica resonó por todo el archivo.