DENASIADO PELIGROSO (DEMASIADO PELIGROSO nº 6) Capítulo 9 – Tentaciones Prohibidas
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Capítulo 9 – Tentaciones Prohibidas

El temporizador seguía descendiendo.

Cada segundo golpeaba el silencio como un martillo.

Valeria recorrió el sótano con la mirada.

No había otra salida.

Solo paredes de hormigón.

Archivadores.

El viejo proyector.

Y una puerta de acero completamente sellada.

—¿Cuánto tarda en llegar el equipo de seguridad? —preguntó.

Adrián ya estaba examinando el panel electrónico.

—Si Tomás bloqueó el sistema desde fuera, no llegarán a tiempo.

Valeria sintió un nudo en el estómago.

—Entonces saldremos nosotros.

Adrián la miró.

Por primera vez en horas, aquella respuesta le arrancó una leve sonrisa.

—Esa es la Valeria que conozco.

08:31.

Entre los documentos esparcidos por el suelo, Valeria encontró un plano de la cabaña.

Había un pasadizo marcado detrás de una estantería.

—Aquí.

Los dos empujaron el mueble.

No se movió.

Adrián apoyó el hombro con más fuerza.

La madera crujió.

La estantería cedió unos centímetros.

Detrás apareció un estrecho túnel de servicio.

—Vamos.

El pasadizo apenas permitía avanzar.

El aire era húmedo.

Cada paso levantaba décadas de polvo.

Al final encontraron una antigua compuerta.

Adrián la empujó.

La luz del bosque inundó el túnel.

Habían salido.

En el mismo instante, una explosión sacudió la cabaña.

El suelo tembló.

Una columna de humo ascendió entre los árboles.

Los archivos.

Las pruebas.

Todo desaparecía bajo las llamas.

Valeria observó el incendio en silencio.

—Alguien quería borrar el pasado.

Adrián negó lentamente.

—No.

Quería elegir qué parte del pasado sobreviva.

Esa noche regresaron a Blackwood Manor.

La mansión nunca había parecido tan vacía.

Tomás había desaparecido.

Su despacho estaba ordenado.

Demasiado ordenado.

Sobre el escritorio descansaba una sola carpeta.

Dentro había una carta escrita a mano.

"Si están leyendo esto, significa que ya me consideran un traidor. Quizá tengan razón. Pero recuerden algo: no todas las traiciones nacen de la deslealtad. Algunas nacen del miedo."

No había firma.

Solo una fecha.

Doce años atrás.

Valeria cerró la carpeta.

—Escribió esto mucho antes de desaparecer.

Adrián permaneció inmóvil.

Cada respuesta abría una pregunta nueva.

Pasada la medianoche, Valeria salió a la terraza.

Necesitaba respirar.

Necesitaba ordenar el caos.

Escuchó la puerta abrirse.

Adrián se acercó despacio.

Durante unos segundos contemplaron la ciudad iluminada.

—¿Sabes qué es lo peor de todo esto? —preguntó ella.

—¿Qué?

—Que ya no sé qué recuerdos son realmente míos... y cuáles fueron construidos por las mentiras de otros.

Adrián tardó unos instantes en responder.

—Yo también estoy intentando distinguirlos.

Valeria volvió el rostro hacia él.

Había rabia.

Cansancio.

Y una cercanía que ninguno de los dos había buscado.

Pero las circunstancias los empujaban a confiar el uno en el otro para seguir adelante.

—No sé si puedo volver a confiar completamente.

—No voy a pedirte que lo hagas esta noche.

La respuesta fue sencilla.

Sin promesas imposibles.

Valeria sintió que la tensión entre ellos cambiaba.

No desaparecía.

Se transformaba.

Ya no nacía solo del pasado.

También de la posibilidad de construir algo distinto, si conseguían sobrevivir a la verdad.

Antes de que pudiera responder, el teléfono de Adrián vibró.

Un mensaje.

Sin número.

Solo una imagen.

Era una cámara en directo.

Mostraba el antiguo despacho de Tomás.

Y alguien estaba allí.

Vestido de negro.

De espaldas.

Sobre la pared había escrito con pintura roja:

"La siguiente verdad exige un sacrificio."

La figura giró lentamente hacia la cámara.

No era Russo.

No era Vivian.

Era Tomás.

Con el rostro golpeado y una expresión de agotamiento.

Miró directamente al objetivo.

Como si supiera que Adrián y Valeria lo estaban observando.

Solo alcanzó a decir cuatro palabras.

—Nunca trabajé para Russo.

La transmisión se cortó.

Un segundo después llegó otro mensaje.

"Si quieren volver a verlo con vida, vengan solos."