PROYECTO HERENCIA
Adrián abrió el primer archivo.
No era un informe.
Era un árbol genealógico.
Con fechas.
Fotografías.
Y anotaciones manuscritas.
Valeria pasó las páginas lentamente.
Hasta que encontró su nombre.
Debajo aparecía una frase.
"Protegida desde su nacimiento por decisión unánime."
Su respiración se aceleró.
—¿Protegida de quién?
Adrián continuó leyendo.
El siguiente documento estaba firmado por Alexander Blackwood.
"Si Russo descubre la verdad antes de tiempo, ninguna de las dos familias sobrevivirá."
Valeria levantó la vista.
—¿Dos familias?
Tomás permanecía inmóvil.
Había perdido el color del rostro.
En el último archivo había un video.
La fecha.
15 de octubre. Doce años atrás.
Apareció Alexander.
Mucho más joven.
Miró directamente a la cámara.
—Si estás viendo esto, significa que fracasé.
Respiró hondo.
—Russo no buscaba dinero.
Nunca lo hizo.
Buscaba algo que le fue arrebatado muchos años antes.
Algo que creía suyo por derecho.
Hizo una pausa.
Como si decir lo siguiente le costara demasiado.
—Valeria... si has llegado hasta aquí, debes saber que tu padre no murió intentando salvar un negocio.
Murió intentando salvarte a ti.
Valeria sintió que las piernas dejaban de responderle.
Las lágrimas no llegaron.
Todavía no.
El impacto era demasiado grande.
Alexander continuó.
—Y Adrián...
Si aún sigues vivo, escucha con atención.
Hay una persona en quien confías más que en nadie.
Cuando descubras quién trabaja para Russo...
Será demasiado tarde.
La imagen comenzó a llenarse de interferencias.
Una sombra cruzó detrás de Alexander.
Él giró la cabeza.
Su expresión cambió.
—No...
La grabación terminó de golpe.
El silencio pesaba como el plomo.
Nadie habló durante varios segundos.
Hasta que Valeria rompió el silencio.
—Hay un traidor entre nosotros.
Adrián asintió lentamente.
—Y Alexander lo sabía.
Tomás dio un paso hacia la salida.
—Tenemos que irnos.
Ahora.
Adrián lo miró.
—¿Por qué tanta prisa?
Tomás dudó apenas un instante.
Un instante demasiado largo.
Entonces sonó un clic.
Valeria bajó la vista.
Tomás tenía una pequeña llave electrónica en la mano.
La había sacado del bolsillo sin que nadie lo notara.
La introdujo en un panel oculto junto a la pared.
Se encendió una luz roja.