DENASIADO PELIGROSO (DEMASIADO PELIGROSO nº 6) Capítulo 3 – No Puedo Seguir Amándote Así
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Capítulo 3 – No Puedo Seguir Amándote Así

La palabra traición seguía flotando en el aire.

Nadie se movió.

La lluvia había cesado.

Ahora el silencio era peor.

Adrián cerró el teléfono y miró a Tomás.

—Quiero la lista de todas las personas que estuvieron en la casa durante las últimas setenta y dos horas.

—Ya está preparada.

—Entonces alguien la modificó.

Tomás bajó la vista.

Era la primera vez que Valeria lo veía dudar.

Eso la inquietó más que cualquier amenaza.

Media hora después, la biblioteca estaba iluminada únicamente por el fuego de la chimenea.

Sobre la mesa descansaban fotografías, planos de seguridad y el expediente incompleto que había quedado en la mansión.

Valeria pasó las páginas lentamente.

Su nombre aparecía una y otra vez.

Fechas.

Lugares.

Recortes de prensa.

Informes.

No era un expediente policial.

Era una reconstrucción de su vida.

Levantó la vista.

—¿Todo esto lo reuniste tú?

Adrián no esquivó la pregunta.

—Sí.

—¿Por qué?

Él tardó unos segundos en responder.

—Porque alguien también te estaba siguiendo.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

Quería creerle.

Quería enfadarse.

Las dos cosas coexistían.

—Debiste decírmelo.

—Lo sé.

—Me quitaste el derecho a decidir.

Las palabras golpearon con más fuerza que cualquier reproche.

Adrián permaneció en silencio.

Había aprendido a resolver crisis empresariales, negociaciones imposibles y amenazas reales.

Pero no sabía reparar una confianza rota.

En otro lugar de la ciudad, una pantalla mostraba las cámaras exteriores de Blackwood Manor.

Una figura observaba las imágenes sin apartar la vista.

Russo.

Sobre el escritorio descansaba la fotografía robada.

La giró entre sus dedos.

—Todavía intentas protegerla, Adrián...

Sonrió apenas.

—Eso siempre te hace predecible.

Apagó el monitor.

La siguiente jugada ya estaba preparada.

De regreso en la mansión, Valeria caminó hasta la terraza.

El aire frío despejó por un instante el caos de sus pensamientos.

Escuchó pasos detrás de ella.

No necesitó girarse.

Sabía que era Adrián.

—Cuando me fui hace cinco años —dijo ella sin mirarlo— pensé que la distancia bastaría para cerrar todo esto.

Él permaneció a su lado.

Sin invadir su espacio.

—Y ahora...

Valeria dejó escapar una respiración lenta.

—Ahora descubro que nunca entendí realmente de qué estaba huyendo.

Adrián apoyó las manos sobre la baranda de piedra.

—No quiero que esta guerra vuelva a alcanzarte.

Ella soltó una risa cansada.

—Ya me alcanzó.

El viento agitó el cabello de Valeria.

Durante unos segundos ninguno habló.

Hasta que ella rompió el silencio.

—Hay algo que necesito decir antes de que todo esto empeore.

Adrián volvió el rostro hacia ella.

Valeria sostuvo su mirada por primera vez desde que regresó.

Había tristeza.

Rabia.

Y una sinceridad imposible de fingir.

—No puedo seguir amándote así.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.

—No puedo construir nada con secretos. No puedo confiar si cada respuesta llega demasiado tarde. Y no puedo confundir protección con silencio.

Adrián bajó la mirada.

No intentó justificarse.

Porque sabía que tenía razón.

—Si quieres que me quede... necesito conocer la verdad completa.

Antes de que pudiera responder, todas las luces de la mansión se apagaron.

La oscuridad cubrió cada habitación.

El sistema de seguridad emitió una alarma breve.

Después, silencio.

Un segundo más tarde, el generador de emergencia devolvió la electricidad.

Solo una pantalla permanecía encendida.

La del despacho.

En ella aparecía una transmisión en directo.

Una cámara enfocaba el antiguo invernadero de la propiedad.

Vacío.

Hasta que una figura encapuchada dejó un sobre negro sobre una mesa de hierro y desapareció entre las sombras.

Adrián abrió de inmediato el canal de comunicación con seguridad.

—Que nadie entre. Voy yo.

Pero ya era tarde.

Cuando llegaron al invernadero, el sobre seguía allí.

Dentro encontraron una sola hoja.

Una frase.

"La traición más cercana ya ocurrió. Ahora descubrirán quién decidió ocultarla."

En la esquina inferior del papel había un sello de cera con las iniciales R. V.

Y, por primera vez, Adrián comprendió que el mayor peligro no estaba fuera de Blackwood Manor.

Llevaba años caminando a su lado sin ser visto.