DENASIADO PELIGROSO (DEMASIADO PELIGROSO nº 6) Capítulo 2 – La Traición Más Cercana
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Capítulo 2 – La Traición Más Cercana

El reloj marcó las diez y siete minutos.

Nadie habló.

La lluvia seguía golpeando los ventanales de Blackwood Manor.

Valeria sostenía la fotografía con fuerza. El borde del papel comenzaba a doblarse entre sus dedos.

—¿Quién es "R. V."? —preguntó sin apartar la vista de la imagen.

Adrián tomó aire antes de responder.

—Un hombre que llevaba años desaparecido.

—¿Y Russo lo conoce?

—Russo conoce a todos los que alguna vez jugaron este juego.

Valeria levantó la mirada.

—Entonces tú también formabas parte.

Él no negó la acusación.

—Sí.

Aquella única palabra pesó más que cualquier explicación.

Valeria dio un paso atrás.

La distancia entre ambos volvió a crecer.

—Me mentiste.

—Te oculté cosas.

—Es lo mismo.

—No.

La diferencia era importante para Adrián.

Para Valeria, no.

El silencio volvió a instalarse.

Hasta que un vehículo atravesó la entrada principal de la mansión.

Los faros iluminaron los ventanales.

Adrián giró de inmediato.

—No esperaba visitas.

Un segundo después sonó el timbre.

Tres veces.

Exactamente igual que hacía cinco años.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Quién es?

Adrián no respondió.

Abrió un cajón del escritorio y guardó la carpeta con las fotografías.

Luego caminó hacia la puerta.

Al abrirla encontró a Tomás Ortega, jefe de seguridad de la familia Blackwood desde hacía casi dos décadas.

Su traje estaba empapado por la lluvia.

Respiraba con dificultad.

—Entraron al archivo privado —dijo sin rodeos.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué se llevaron?

Tomás bajó la cabeza.

—Solo un expediente.

—¿Cuál?

—El de Valeria.

Ella sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Había un expediente sobre mí?

Adrián cerró los ojos durante un instante.

—Sí.

La expresión de Valeria cambió por completo.

No era miedo.

Era decepción.

—¿Desde cuándo?

Él respondió sin evasivas.

—Desde el día que nos conocimos.

El golpe fue silencioso.

Más doloroso precisamente por eso.

—¿Me investigaste?

—Era necesario.

—¿Para quién?

Adrián tardó demasiado en contestar.

Ese silencio respondió por él.

Valeria dejó escapar una risa amarga.

—Nunca confiaste en mí.

—Confiar y verificar nunca fueron lo mismo en mi mundo.

—Ese ya no puede ser tu mundo si esperas que alguien permanezca a tu lado.

Las palabras quedaron suspendidas entre los dos.

Tomás desvió la mirada.

No debía estar presenciando aquello.

El teléfono de Adrián vibró.

Un mensaje.

Una fotografía.

La abrió de inmediato.

Su expresión cambió.

Valeria alcanzó a verla.

Era el expediente robado.

Abierto sobre una mesa de madera.

Y encima de él había una pieza de ajedrez: un rey negro.

Solo Russo utilizaba aquel símbolo.

Debajo de la imagen aparecía un único mensaje.

"Buscabas protegerla. Acabas de enseñarme dónde duele."

Adrián apretó el teléfono con fuerza.

No respondió.

No hacía falta.

Russo acababa de demostrar que iba un paso por delante.

Entonces Tomás habló de nuevo.

Con la voz quebrada.

—Hay algo más...

Adrián lo miró.

—Las cámaras no registraron a ningún intruso.

—¿Qué significa eso?

Tomás tragó saliva.

—Que quien abrió el archivo... ya estaba dentro de la casa.

El silencio volvió.

Pero esta vez tenía nombre.

Traición.

Y alguien, entre las personas en las que Adrián más había confiado, acababa de venderlos.