Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 1
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Capítulo 1

Dejé caer la cabeza hacia atrás y contemplé el cielo azul y despejado; una brisa húmeda me acariciaba la piel.

Cerré los ojos y dejé que el calor del sol me rozara los hombros desnudos, mientras una sonrisa enorme se me dibujaba en los labios.

El agua del arroyo me hacía cosquillas en los dedos de los pies, y una felicidad absoluta me inundaba por dentro.

—Si sigues sonriendo así, me da a mí que se te van a partir los labios.

Abrí los ojos y me encontré con unos iris color lila clavados en los míos y una sonrisa ladeada a escasos centímetros de mi rostro.

—No me estropees el momento, príncipe de hielo. Llevas meses prometiéndome que volveríamos a esta pradera mágica. Ya era hora de que cumplieras tu palabra.

Drake se estiró a mi lado, apoyó la cabeza en una mano y me miró con una sonrisa irónica.

—Si hubiera sabido que te ibas a poner así de contenta, te habría traído antes.

Me incorporé y lo miré con dureza.

—¿Me estás diciendo que últimamente no he estado tan maravillosa como siempre?

Drake arrancó una brizna de hierba y el ceño se le frunció un poco más.

—Has estado un poco tensa desde que empezaron las clases.

Más bien desde que empezó el entrenamiento, aunque le agradecí que no me lo echara en cara.

Las dos semanas de vacaciones de primavera habían sido una maravilla.

Había estado a salvo, escondida entre las nubes que rodeaban Skye Lair, y apenas había pensado en el señor oscuro que había huido ni en mi instructor demonio, recién reincorporado.

Drake había venido a verme casi todos los días, y nuestra relación iba por buen camino.

La semana anterior habíamos vuelto a Darkhen y las cosas se habían puesto un poco intensas.

Las yemas de los dedos de Drake rozaron mi piel caliente, y el frescor de su contacto me hizo estremecer. Me miraba con una expresión expectante.

—Ha sido duro, Drake —dije—. No te voy a mentir.

Con todo lo que está pasando con Luxora, he estado un poco alterada.

Cuando estábamos de vacaciones era fácil olvidarme de ella y hacer como si siguiera enterrada en los rincones más profundos del centro de detención de la Agencia de Inteligencia Sobrenatural, pero ahora…

—Ahora que Cillian no para de hablar de ella, es difícil olvidarse.

—Exacto.

Drake se enderezó y se acercó un poco más a mí. Me sostuvo la mirada con esos ojos enigmáticos tan típicos de él antes de hacer la pregunta.

—¿Y qué tal llevas tener a Ryder de vuelta?

Se me cortó la respiración, pero enseguida recuperé la compostura.

Si algo había aprendido del príncipe de hielo era a mantener la cara impasible siempre que hiciera falta.

Y precisamente ahora hacía mucha falta. Mis sentimientos por Ryder todavía me revolvían por dentro, como si se tratase de un tornado empeñado en arrasarlo todo.

—¿Luna?

—¿Mmm?

Miré a Drake con la expresión más inocente que se me ocurrió. No dejaba de pestañear.

La verdad es que no sabía ni qué responder. Tener a Ryder de vuelta suponía un lío de emociones que todavía no había conseguido desentrañar. Y, sumado a lo que Drake estaba despertando en mí cada vez más, mi pobre corazón ya iba bastante al límite.

—¿Te resulta raro que Ryder haya vuelto?

Drake arqueó una ceja y me lanzó una de esas miradas de las que no te dejan escapatoria.

—Claro —resoplé—. Lo mío con Ryder fue intenso y yo daba por hecho que ya lo había superado.

Pero ahora ha vuelto y resulta que no era así —me giré hacia él y le cogí las manos—.

No quiero mentirte, Drake. Siempre has sido sincero conmigo y te debo lo mismo.

Lo de Ryder es complicado, pero que haya vuelto no significa que esté dispuesta a renunciar a lo nuestro.

Drake sonrió con dulzura mientras me acariciaba la mano con el pulgar.

—Menos mal, porque yo tampoco. Puedo vivir con un poco de competencia sana —admitió.

Se quedó mirando nuestras manos entrelazadas un momento antes de volver a mirarme—.

No pensé que fuera posible, humana, pero has conseguido calarme muy hondo.

Ya casi no consigo bloquearte, y lo más raro de todo es que me he dado cuenta de que no quiero hacerlo.

El lazo lila que rodeaba mi corazón se movió levemente, lo cual aceleró mis latidos.

Drake me acarició la mejilla con ternura, dejando pasar el pulgar frío sobre mi piel.

Me acerqué un poco más y rocé sus labios con los míos, hasta que nuestros alientos helados se mezclaron.

El príncipe me puso una mano en la nuca y me inclinó la cabeza para profundizar el beso.

Estuvimos besándonos un buen rato, con la hierba cálida bajo mi cuerpo y la piel ardiéndome. Perdí la noción del tiempo conforme me dejaba llevar por la frescura de los besos de Drake y por la presión de su cuerpo musculoso contra el mío.

—Deberíamos volver ya, creo —murmuró contra mis labios, ya hinchados.

—¡Ni hablar! —exclamé. Tiré de su camisa para acercarlo otra vez a mí. Salir de nuestra burbuja mágica era volver a la fría realidad, literalmente. No me apetecía nada cruzar la tundra helada media hora hasta la academia—. Quedémonos un rato más.

—Vale, un poco más —dijo Drake. Se acomodó sobre mí con una mueca de ligera incomodidad—. Pero luego me voy a tener que meter en ese lago para enfriarme antes de irnos.

Se me escapó una risa nerviosa mientras sentía que me iba poniendo roja.

—Perdona.

Drake negó con la cabeza y la mueca se le transformó en una sonrisa traviesa.

—No pasa nada. No me importa ir despacio —dijo—. Sé que has pasado por mucho estos últimos meses y, créeme, si solo me interesara el sexo, podría conseguirlo cuando quisiera.

Le di un puñetazo en el hombro y lo aparté de un empujón, riéndome.

—¡Vaya mocoso de la realeza estás hecho!

—Y eso es justo lo que te gusta de mí.

Drake volvió a besarme y me tumbó con delicadeza sobre la hierba. Los tonos naranjas y rosados del atardecer brillaban a su espalda mientras yo volvía a perderme en sus besos.

—¡Luna, despierta!

La voz de Drake, llena de alarma, me hizo abrir los ojos de golpe. Me incorporé de un salto.

—¿Qué?

Entrecerré los ojos para intentar ver algo en la oscuridad que nos rodeaba. Me costó un momento ubicar la pradera bajo la noche.

—Es tardísimo —dijo el príncipe de hielo mientras me cogía de la mano y tiraba de mí para levantarme. Se le veía el miedo en la cara.

Fruncí el ceño, intentando espabilarme del todo.

—¿Nos hemos saltado el toque de queda o algo así?

Drake negó con la cabeza, muy tenso. Apretaba los labios con fuerza.

—Luna, ¿tú lees alguna vez los carteles que hay por toda la academia?

Oh, no .

El pánico me recorrió el cuerpo cuando levanté la vista al cielo negro. Una luna llena brillante dominaba la noche, rodeada de cientos de estrellas que parpadeaban. ¡Por todos los demonios! ¿Cómo habíamos acabado en mitad del bosque feérico con la luna llena?

Apreté la mano de Drake con más fuerza y tiré de él hacia el borde del claro mágico.

—¿Y si nos quedamos aquí hasta que amanezca?

—No podemos. Aquí no es más seguro que ahí fuera —dijo él, señalando con la cabeza el bosque nevado que se extendía ante nosotros.

—Pero aquí se está mucho más calentito —me quejé.

Sin decir nada, Drake tiró de mí y echamos a correr. Me vinieron a la cabeza los recuerdos de la primera vez que me quedé atrapada en el bosque durante la luna llena: los troles, los hombres lobo, los árboles venenosos… y Ryder. Ryder absorbiendo el veneno de mi brazo.

—Tenemos que darnos prisa —dije entre jadeos, apretando el paso.

En cuanto cruzamos el límite mágico de la pradera, el aire helado me dio de lleno en la cara. Me ajusté el abrigo y seguí a Drake mientras se abría paso entre los árboles traicioneros.

—¿No podríamos levantar una burbuja protectora?

—Ya sabes que no, Luna —respondió Drake—. En una noche como esta la magia se vuelve impredecible. Podríamos acabar empeorándolo todo.

Entonces nos quedamos en silencio. Lo único que se oía era el crujido de nuestras botas sobre la nieve.

Yo esperaba que Drake tuviera alguna ventaja en aquel bosque tan enmarañado solo por el hecho de ser un feérico de invierno.

La última vez me perdí por completo y, si Ryder no me hubiera encontrado… Me dio un escalofrío solo de pensarlo.

A nuestra derecha sonaron unos pasos y giré la cabeza hacia el sonido, lo que nos hizo aflojar el paso un instante.

—¿Qué ha sido eso? —susurré.

—Da igual, corre.

Drake tiró de mí hacia delante mientras yo seguía mirando por encima del hombro. Al poco tiempo, volvimos a oír pisadas. Y ahora venían del lado contrario. ¿Serían troles? ¿Nos estaban rodeando?

Eché a correr lo más rápido que pude, con el corazón a punto de salírseme del pecho. Y no podía culparlo: yo también quería salir cuanto antes de aquel lugar.

De repente, atravesamos un denso bosquecillo de coníferas que me resultó familiar.

¿Estábamos dando vueltas en círculos? El bosque parecía cerrarse a nuestro alrededor y no parecía que tuviéramos escapatoria.

Hasta donde alcanzaba la vista no había más que árboles, y ni siquiera poniéndome de puntillas veía las torres de la Academia Darkhen.

Estábamos atrapados.

Entonces, de un momento para otro, se escuchó un aullido agudo que cortó el aire espeso. Esta vez, hasta Drake se quedó totalmente quieto. Sus ojos escudriñaban la oscuridad mientras la luz de la luna caía sobre su pelo, brillando como un faro en mitad de la noche.

El príncipe de hielo refunfuñó entre dientes, con la mandíbula tensa.

—Maldita luna llena.

—Maldito bosque feérico —repetí como un eco.

Drake me apretó la mano con fuerza y se giró de golpe, arrastrándome en dirección contraria a aquel aullido escalofriante.

Una docena de pares de ojos brillantes, algunos dorados, otros carmesí y otros con tonos imposibles de identificar, nos seguían conforme avanzábamos entre los árboles.

El resplandor espectral se abría paso en la oscuridad.