Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 31
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Capítulo 31

Cinder se plantó en mi habitación a primera hora, y tuve que hacer un esfuerzo enorme para no tirarle una almohada a esa cara tan despejada que tenía nada más levantarse.

—¿Cómo puedes estar tan espabilada a estas horas? —murmuré mientras me hundía un poco más bajo el edredón— ¡Pero si te acostaste tan tarde como nosotros!

Eché un vistazo a la cama de mi compañera y confirmé que Scarlett ni siquiera había vuelto. Por lo visto, había hecho buenas migas con aquel vampiro nuevo que tanto le gustaba.

—Ya, pero yo no me pasé con el vino feérico —sonrió Cinder con travesura y, esta vez, sí le lancé una almohada. Se rió y la esquivó sin problema—. Además, tenía unas ganas tremendas de saber qué pasó con Drake después de que nos separáramos en la residencia.

—No pasó nada. Me acompañó hasta mi habitación.

—¿Ni un beso más?

La noche anterior ya le había contado la sesión improvisada de besos en el baño.

—Bueno…, alguno cayó.

Se me escapó una sonrisa al recordar la noche anterior.

—Entonces, ¿ya estáis juntos?

—No… No lo sé. No estoy segura de estar preparada para una relación.

Cinder se sentó a mi lado en la cama.

—Cariño, ya han pasado casi seis meses desde que lo dejaste con Ryder.

Abrí los ojos como platos, sorprendida. ¿De verdad había pasado tanto tiempo? Igual sobre el papel sí, pero en realidad mi corazón no lo sentía así.

—Quiero ir poco a poco —murmuré al final—. Drake no es precisamente el novio bueno y seguro que tenía en mente. Está prometido con la princesa de la Corte de Primavera.

—Uf… —resopló Cinder— Bueno, tienes diecinueve años. Tampoco pienses en casarte.

—Ya, pero Drake sí lo piensa —dije, retorciendo el edredón entre los dedos.

Con todo lo que había pasado con Ryder, la idea de meterme en algo con Drake me daba mala espina. Cinder me apretó la pierna y me dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—Bueno, tienes dos semanas de vacaciones para pensártelo.

—Eso es verdad —sonreí y aparté el edredón—. ¿A qué hora viene Flare a recogernos?

—En una hora más o menos. Ya puedes ir empezando a hacer la maleta. Yo ya la tengo lista.

—Claro, hombre.

Me empujó hacia el armario y empezó a sacar ropa de las perchas.

—Venga, yo te ayudo.

Cogí una bolsa de viaje y empecé a meter la ropa que ella iba sacando. Al fin y al cabo, tenía mejor gusto que yo para elegirla. Justo entonces mi móvil sonó y crucé la habitación a hasta la mesilla de noche, donde lo había dejado. Leí el mensaje y solté un gruñido de fastidio.

—¿Qué pasa?

—Cillian quiere ver al equipo antes de que nos vayamos.

—¿Y eso a qué viene?

—Ni idea.

Se me aceleró el pulso. Si convocaba una reunión a última hora, no pintaba nada bien.

—Vete. Yo termino de hacer tu maleta.

Abracé a mi amiga antes de meterme en el baño para vestirme.

—Gracias. Eres la mejor, Cin —le grité por encima del hombro.

Diez minutos después, ya estaba caminando con las botas hundiéndose en la escarcha hacia la sala de entrenamiento. Estaba deseando llegar a Draeko, donde la primavera ya estaría en pleno apogeo. Al menos podría disfrutar de dos semanas enteras de un clima más suave.

—¡Eh, espérame!

Me di la vuelta y vi a Drake acercándose rápidamente. El corazón se me aceleró cuando los recuerdos de nuestros besos volvieron a venirme a la cabeza.

—¿Cómo estás después de todo ese vino feérico? —preguntó al ponerse a mi lado.

—No tan mal. Ya le he pillado el truco —sonreí con picardía—. Un poco como tú conmigo.

Drake se rio por lo bajo.

—Tienes razón, humana. Es justo eso.

Me pasó un brazo por los hombros, hasta que llegamos al centro de entrenamiento.

Fuera lo que fuera lo que hubiera entre nosotros, los dos teníamos claro una cosa: queríamos mantenerlo en privado.

Drake abrió la puerta de un tirón y una bocanada de aire cálido me templó la nariz y las mejillas.

Hasta que mi mirada se cruzó con un par de ojos que conocía demasiado bien.

El hielo me recorrió las venas y un escalofrío me subió por la espalda.

Ryder estaba de pie junto a Cillian y el resto del equipo, al fondo del centro de entrenamiento.

Sus ojos oscuros se posaron en mí y, acto seguido, se desviaron hacia el príncipe feérico que caminaba a mi lado.

Cuando nos acercamos, arrugó ligeramente la nariz y un destello amarillo cruzó fugazmente sus iris. El aplauso de Cillian me asustó.

—Bueno, ahora que ya estamos todos, os cuento por qué os he llamado.

Drake y yo nos pusimos al final de la fila, donde el resto del escuadrón esperaba con caras de resaca. Por lo visto, no era la única que se había pasado de rosca la noche anterior.

—Siento haberos sacado de la cama —dijo Cillian—, pero sabía que muchos os ibais hoy a primera hora y quería daros una buena noticia antes de estas dos semanas de vacaciones.

Ryder estaba de pie junto al director, con las manos entrelazadas delante del cuerpo y una expresión imposible de descifrar.

No pude evitar mirarlo de arriba abajo mientras el corazón me daba un vuelco.

Era la primera vez en meses que podía fijarme en él de verdad.

Había adelgazado un poco y sus músculos ya no estaban tan definidos como antes.

Era normal: en el centro de rehabilitación seguro que no les dejaban entrenar como antes.

Llevaba barba de varios días, que le oscurecía la mandíbula, aunque ni de lejos tan espesa como la última vez que lo vi allí.

También parecía haberse cortado el pelo.

Tenía las facciones más marcadas y ensombrecidas, un rasgo nuevo en él.

Pero seguía siendo increíblemente atractivo, claro.

Repetí las palabras de Cillian una y otra vez mientras intentaba asimilarlas. Ryder volvía.

—¿Cómo? —se me escapó.

—Pero Ryder ya no trabajará para la academia. A partir de ahora será consultor privado, contratado directamente por mí para entrenaros solo a vosotros ocho.

Drake se inclinó y me levantó la barbilla con un dedo para quitarme la cara de embobada.

—¡Es una noticia fantástica! —exclamó Triston.

Un coro de felicitaciones me envolvió, pero las voces me llegaban apagadas, muy lejos.

El corazón me latía con tanta fuerza que estaba convencida de que me rompería algo dentro.

Entonces, todo el escuadrón rodeó a Ryder entre palmadas en la espalda y abrazos, pero yo seguía clavada en el sitio.

La cara de Drake acabó abriéndose paso entre la neblina.

—¿Estás bien?

—Mmm.

—Estás un poco pálida.

—Será cosa del vino feérico —murmuré.

—Ya…

Drake se apartó y fue a felicitar a Ryder mientras yo intentaba no venirme abajo. Cerré los ojos, respiré hondo y me centré en mi magia. Siempre lograba calmarme. Tras varias respiraciones, abrí los ojos. Una sonrisa ladeada, con ese hoyuelo tan suyo, me observaba.

—¿Qué pasa, fierecilla? ¿No te alegras de verme?

Solté el aire de golpe, con las manos apoyadas en la pared a mi espalda.

—Claro que me alegro, Ryder —dije—. Me alegra un montón que hayas salido de rehabilitación y que las cosas empiecen, por fin, a volver a la normalidad.

Ryder asintió, un tanto inquieto. Bajó la voz y se inclinó un poco hacia mí.

—Si se te hace cuesta arriba, hablaré con Cillian y le diré que he cambiado de opinión.

Negué con la cabeza.

—No. Está bien. Nosotros estamos bien, ¿no?

—Eso espero. De verdad.

La palabrota que soltó Cillian de repente hizo que el corazón se me subiera a la garganta. En casi dos años en la academia, jamás le había oído decir algo así. Ante aquella situación inesperada, Ryder se volvió de inmediato, con los ojos tan abiertos como estaban los míos.

—¿Qué pasa? —preguntó mientras todas las miradas se dirigían hacia el director.

Cillian tenía la vista clavada en el móvil. Una mueca le tensaba la mandíbula. Las alas se le habían desplegado y la furia que desprendía parecía espesar el aire de la sala.

—¿Cillian? —insistió Ryder.

—Luxora se ha escapado esta noche del centro de detención de la SIA —dijo con el semblante grave—. No tienen ni idea de dónde está. Ha desaparecido.

El mundo se me vino abajo en un segundo. No podía respirar.

—Bueno… Menos mal que he vuelto, chicos —dijo Ryder, esbozando una media sonrisa—. Vais a necesitar mi ayuda si queremos volver a atrapar a mi retorcida hermana.