Capítulo 25
Drake y yo echamos a correr por los pasillos en silencio hacia el despacho de Cillian.
Ninguno dijo nada hasta que llegamos al ala de administración.
No podía dejar de darle vueltas a la cabeza: estaba a punto de conocer a Lucifer.
El mismísimo diablo. El primer ángel caído.
El señor del Inframundo. Por las líneas de tensión que le marcaban la cara a Drake, estaba claro que él tampoco estaba precisamente tranquilo, aunque, como siempre, era imposible saber qué se le pasaba por la cabeza.
—¿Estás listo? —le pregunté al llegar al vestíbulo que daba al despacho del director.
El escritorio de Darby estaba vacío. Por lo visto, aquello no estaba en la agenda.
—Siempre estoy listo, humana.
Agarré el viejo pomo y me giré hacia él.
—¿Tú ya has visto a Lucifer?
—Una vez.
Sus ojos se ensombrecieron, y supe que de ahí no iba a sacar nada más.
—Vamos.
La mano de Drake envolvió la mía, giró el pomo y prácticamente me empujó hacia dentro.
Mis piernas parecían haberse declarado en huelga ante la idea de enfrentarse al gran y poderoso Lucifer.
El corazón me latía con fuerza mientras cruzaba el umbral.
No tenía claro qué esperaba encontrarme, pero desde luego no aquello.
Cillian y Lucifer estaban sentados frente a frente, junto a la chimenea.
Las llamas y una pequeña lámpara de escritorio apenas iluminaban la estancia.
Mi director daba vueltas a una bebida color caramelo, mientras los cubitos de hielo tintineaban contra el cristal.
El príncipe del Infierno fumaba un puro con toda la calma del mundo.
Hablaban en voz baja, y ambos levantaron la vista hacia nosotros.
—Luna, Drake, gracias por venir.
Cillian inclinó la cabeza a modo de saludo y dejó el vaso sobre la mesa.
Yo ya había visto a Lucifer en Hitched , pero nada me había preparado para lo que imponía en persona.
Llevaba un traje de tres piezas impecable, negro, a juego con el color oscuro de su pelo.
Era guapísimo, de esos que te dejan sin palabras.
Tenía unos ojos azules de un brillo casi irreal, incluso más intensos que los de Cillian, que se clavaron en mí nada más entrar.
Todo él parecía una obra maestra del propio universo: tenía la mandíbula bien marcada, los rasgos perfectos y una sonrisa amplia, con unos hoyuelos de escándalo, difíciles de olvidar.
Madre mía. ¿Cómo podía el diablo estar tan bueno?
Dejó el puro en el cenicero, se levantó cuando me acerqué y me tendió la mano.
Dudé. Una parte de mí temía que me la arrancara de un mordisco o hiciera cualquier otra barbaridad propia del diablo.
Pero entonces habló con una voz aterciopelada que parecía envolverlo todo, y me quedé totalmente hipnotizada.
—Ah, tú debes de ser la famosa Luna Hallows.
Se me escapó una risita nerviosa mientras notaba cómo el calor me iba subiendo a las mejillas. Sí, una risita. ¿Pero qué clase de poderes tenía aquel ángel caído?
—Encantado de conocerte por fin.
Me besó la mano con delicadeza y un escalofrío me recorrió la piel. Tuve pensamientos completamente inapropiados sobre el padre de Ryder, todos intrusivos.
¡Ya vale! Parpadeé varias veces para quitarme esas ideas de encima.
—Igualmente —murmuré.
Sonrió con aire divertido cuando soltó mi mano y dejó de mirarme. Se volvió hacia Drake.
—Y el príncipe feérico. La última vez que te vi, no eras más que un crío.
Drake sonrió, con una expresión a medio camino entre una mueca y una alegría forzada.
—Como para olvidarlo.
—¿Y los demás? —pregunté.
Pensaba que habían convocado al equipo. Los ojos de Cillian se cruzaron con los de Lucifer.
—Esta es solo una reunión preliminar —dijo—. No me parecía necesario meter a todos. De hecho, esperaba que se quedara entre nosotros dos, pero mi hermano tenía otros planes.
—Eso es. Ahora, por favor, sentaos los dos.
Lucifer señaló el sofá de cuero. Drake y yo pasamos junto a él y nos acomodamos. El cuero crujió bajo mis vaqueros al dejarme caer en el asiento. Lucifer se sentó frente a nosotros. Me miraba y sentía como una pesadez, como si ahí estuvieran todas las respuestas del universo.
—Quería darte las gracias —dijo al fin.
Su voz era como miel: cálida, densa y peligrosamente envolvente.
—¿Darme las gracias? —solté, sin creérmelo.
—Sí. Cillian me ha contado lo que hiciste por mi hijo, Ryder.
Se me secó la boca de golpe y tuve que tragar saliva. A mi lado, Drake se tensó; noté el músculo de su muslo rígido contra el mío.
—No fue para tanto.
—No seas modesta, Luna. Cillian me ha tenido al tanto. Quería evitarle a la madre de Ryder el dolor de saber lo ocurrido, y tú lo conseguiste. Convenciste al rey feérico para que retirara los cargos y saliera de prisión, y le diste algo que nadie más podía ofrecerle: esperanza.
La intensidad de su mirada era casi insoportable. Bajé la vista y me toqueteé las uñas.
—Tu hijo me ha salvado más de una vez. Yo solo le devolvía el favor.
—Ya veo.
Cruzó las piernas sin dejar de mirarme. La mirada de Lucifer me recorrió despacio, como un láser que iba dejando un rastro de calor a su paso.
—En cualquier caso, te lo agradezco. Por eso he decidido intervenir en esta situación tan complicada con mi hija.
—¿Nos vas a ayudar a detener a Luxora?
Lucifer se humedeció los labios y volvió a coger el puro. El humo, dulce y penetrante, fue llenando poco a poco la estancia mientras daba una calada.
—Verás, querida Luna, esta es una situación complicada para mí —dijo—.
Al fin y al cabo, Luxora es sangre de mi sangre.
Será una diablilla bastante problemática, pero sigue siendo mi hija.
Aun así, puedo ofreceros paso seguro al Inframundo.
A estas alturas, es lo máximo que puedo hacer.
Una vez estéis allí, no podré meter mano en lo que pase después.
—Las condiciones de Lucifer son razonables —intervino Cillian—. Pero, incluso con su ayuda, colarse en el sexto reino no va a ser nada fácil. Luxora está rodeada de sus demonios y sacarla de allí va a ser, por decirlo suavemente, bastante complicado.
—¿«Sacarla»? —preguntó Drake.
Cillian frunció el ceño, con una mueca que le tensaba los labios.
—Le he prometido a Lucifer que haremos todo lo posible por mantener con vida a Luxora —aclaró—. Al fin y al cabo, es medio humana.
—¿Y qué piensas hacer con ella? ¿Meterla en la cárcel? —gruñó Drake.
—Sí, tal cual.
—Pero Ash y otros veintisiete estudiantes murieron por su culpa —solté.
—Y nosotros no somos como Luxora —dijo Cillian. Sus ojos azules soltaban chispas—. No vamos a pagar muerte con muerte. Lo importante es pararla.
—Qué irónico, viniendo de un ángel —dijo Drake—. ¿No os guiáis por eso de «ojo por ojo»?
Cillian le lanzó una mirada tan fría que dejó en nada la expresión habitual del príncipe. Se me hundieron los hombros y me dejé caer contra el respaldo del sofá. Con todo el daño que había causado, la quería muerta. Una voz oscura lo pedía desde lo más hondo de mi mente.
—¿Y ahora qué? —pregunté— ¿Cuándo nos vamos?
—Me pondré en contacto con vosotros en los próximos días —respondió Lucifer—. Colarse en el sexto reino del Inframundo no es fácil, como te imaginarás. Lleva su tiempo prepararlo.
—Vale. —Cillian se levantó.
Lucifer, en cambio, siguió tan tranquilo en su asiento, disfrutando de su puro.
—Se hace tarde, hermano. Si no te importa...
Cillian echó un vistazo a la puerta antes de volver a mirarle.
—Oh, Cil. Pensaba que nos pondríamos al día un rato más. Hace tanto que no nos vemos...
Bueno, esa era mi señal para irme. Me levanté y Drake hizo lo mismo.
—Cillian tiene razón. Hace rato que debería estar en la cama.
Contuve un bostezo fingido y me despedí de los dos ángeles. Pero Lucifer no pensaba dejarme marchar así como así. Se levantó con toda la calma y se acercó a mí. Noté cómo se me aceleraba el pulso. Me cogió la mano entre las suyas y me miró con intensidad.
—Ha sido un placer conocerte, querida Luna. Espero que nos volvamos a ver.
Volvió a rozar con los labios el dorso de mi mano y, por fin, me soltó.
—Igualmente —murmuré, antes de salir casi corriendo de allí.
Por un momento hasta me sentí un poco culpable de dejar a Cillian a solas con él.
Apenas me dio tiempo a oír cómo Lucifer y Drake se despedían. Bajaba a toda prisa las escaleras hacia el vestíbulo principal y, en algún momento, vi al príncipe a mi lado.
—¿Estás bien? —preguntó al ponerse a mi altura.
—Sí. Es... bastante intenso, ¿no?
Drake asintió.
—Se podría decir.
Necesitaba saber más sobre la última vez que se había cruzado con el diablo, pero las ojeras que llevaba me dejaron claro que no era el momento. Los párpados me pesaban. Ya estaba hecha polvo antes de aquella reunión. Tendría que dejar mis preguntas para otro día.
—Deberías estar contenta —dijo Drake, dándome un empujón con el hombro mientras cruzábamos el vestíbulo—. Es lo que querías: bajar al Inframundo y enfrentarte a Luxora.
—Lo sé. Es solo que... no sé. ¿De verdad podemos fiarnos de Lucifer?
Drake se encogió de hombros.
—El príncipe del Infierno no hace nada por bondad. Ni se te ocurra pensar que ha accedido solo por lo que hiciste por Ryder. Quiere quitarse de en medio a Luxora tanto como nosotros. La diferencia es que no puede hacerlo él mismo sin montar un buen lío en el Inframundo.
—¿De verdad lo crees?
—Estoy seguro.
Por alguna razón, aquello me dejó más tranquila. El enemigo de mi enemigo es mi amigo . ¿No era así el dicho? Si era así, Lucifer estaba a punto de convertirse en nuestro mejor aliado.