Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 24
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Capítulo 24

Él había cumplido su palabra, así que ahora me tocaba a mí cumplir la mía. Mojé una patata frita en el kétchup y le di un bocado.

—Gracias a los dioses. Por fin estás comiendo.

Levanté la vista hacia Cinder, al otro lado de la mesa. Tanto ella como Scarlett me miraban como si fuera de cristal, como si cualquier movimiento en falso pudiera hacerme añicos. Y así había sido durante los últimos días, pero, por alguna razón, ya me sentía mucho mejor.

La mayoría del equipo pensaba que había cogido un virus estomacal; solo Scarlett sabía que la verdadera causa de mi bajón era de lo más demoníaca.

Había sido duro ocultarle la verdad y, cuando por fin me vine abajo y se lo conté, me sentí más ligera.

No entré en detalles muy complicados, pero ahora sabía que había habido algo entre nuestro antiguo instructor y yo, y que todo había terminado.

Alcé la vista y me crucé con la mirada de Drake al otro lado de la mesa.

Él, Zephyr y Triston estaban hablando de las nuevas técnicas de entrenamiento que Calliope y Logan habían empezado a usar. Por suerte, me las había perdido todas.

Drake también lo sabía. Siempre había sospechado que había algo entre Ryder y yo, aunque nunca se lo había confesado.

Mi semana de bajón lo había dejado claro.

Pero ya se había acabado. Tenía que centrar mi energía en encontrar a Luxora.

Tener un objetivo me ayudaría a superar la VDR 2.

0. De repente, Cinder y Raf se levantaron y cogieron sus mochilas.

—Nos vemos luego, Luna —dijo mi mejor amiga, dedicándome una sonrisa tranquilizadora—. Me alegro de que por fin estés mejor.

—Yo también —murmuré.

Scarlett se terminó el batido de un trago ruidoso, lo cual me recordó a cuando se bebía las botellas de sangre del minifrigorífico de nuestra habitación. Puaj .

—Yo también me voy. Quedan pocas semanas para que acabe el semestre y tengo un montón que estudiar.

Me quedé a cuadros. ¿Ya estaba a punto de terminar el semestre? Me incliné sobre la mesa y llamé la atención de Drake con un gesto.

—Oye, ¿te apetece estudiar un rato esta noche? Acabo de darme cuenta de que los exámenes están a la vuelta de la esquina.

—Claro. Seguro que puedo encontrar un hueco.

Levanté las cejas.

—¿En serio? No quiero meterme en tu apretada agenda social.

Triston soltó un bufido.

—Sí, pobrecillo. Lo está pasando fatal intentando atender a todas las chicas feéricas que se le tiran encima desde la última carrera de unipegs.

Madre mía. Justo lo que me faltaba oír. Drake fulminó al hombre lobo con una mirada glacial antes de volver a mirarme con su habitual expresión impasible.

—Perfecto. ¿Sobre las siete?

—Vale.

El resto de las clases se me pasó en una neblina.

Como había faltado cinco días, hice lo posible por concentrarme.

Lo último que necesitaba era suspender los exámenes y repetir todas esas asignaturas el semestre siguiente.

Cuando por fin dieron las siete, tenía el cerebro frito.

Mientras subía las escaleras hacia la residencia, me planteé escaquearme de la sesión de estudio con Drake.

Me quedé parada en medio del pasillo, entre el ala de las chicas y la de los chicos.

El cuerpo me pedía a gritos dar media vuelta hacia mi habitación y dar el día por terminado.

Pero la cabeza me recordaba que Luxora seguía ahí fuera y que necesitaba dominar mi magia no solo para aprobar los exámenes, sino para derrotar al señor oscuro.

Según el director, Cillian y Lucifer seguían ultimando los detalles de su encuentro.

Yo, en cambio, estaba convencida de que Cillian lo estaba alargando sin más.

Pedirle un favor a su hermano caído no debía de ser fácil.

El chirrido de una puerta al abrirse me hizo girar la cabeza hacia el ala de los chicos.

Una cabeza de pelo platino asomó a mitad del pasillo.

—Me ha parecido oírte por aquí.

Pillada . Ya no había forma de escaquearme de la sesión de estudio.

Obligué a mis pies a avanzar. Cada paso me costaba más que el anterior.

Además del cansancio, no podía ignorar ese nudo de nervios que se me formaba en el estómago al pensar en pasar la tarde a solas con el príncipe de hielo.

No habíamos vuelto a hablar en serio desde mi visita a Ryder.

—¿Me has oído desde fuera? —pregunté al llegar a su habitación, cuando por fin logré ordenar un poco el caos que tenía en la cabeza.

—Bueno, más que oírte, diría que he notado que estabas cerca.

Drake se señaló el pecho. Nunca les había preguntado a los demás cómo percibían el vínculo. ¿Sentían cada lazo con la misma intensidad que yo? Me dio vergüenza pensar que hubieran pasado por lo mismo que yo cuando iba de camino a ver a Ryder. Todos sabían dónde estaba.

—¿Sientes todo lo que yo siento?

Pasé junto a Drake y dejé caer la mochila en el sofá.

—Oh, claro que no —dijo Drake, negando con la cabeza mientras me seguía—. Ni de broma querría que me arrastrara ese vaivén emocional que tenéis los humanos.

Me quedé ahí parada, con los brazos cruzados.

—Gracias.

—Aprendí a bloquear a todos en cuanto se formó el vínculo. A ti, sobre todo.

Me dejé caer en el sofá y lo miré con aires de asesina.

—¿Tan insoportable soy?

—Sí.

Drake se sentó a mi lado con una sonrisa.

—¿Y entonces por qué pasas tanto tiempo conmigo?

—Me lo pregunto muy a menudo.

Cogió el libro de Historia de los Demonios de la mesita y lo abrió sobre el regazo. Solté un bufido. Lo último que me apetecía en ese momento era ponerme a estudiar demonios.

—¿Podemos empezar por otra cosa?

Drake puso los ojos en blanco y resopló.

—¿Lo ves? A eso me refiero. Vosotros, los humanos, dejáis que las emociones os arrastren. Ni siquiera podéis dejar aparcado lo que sentís para poder estudiar algo que no tiene nada que ver, solo porque no conseguís quitaros de la cabeza a un antiguo profesor demonio.

Uf . Me di un pequeño abrazo.

—Ya… ¿por qué no dices directamente lo que piensas, Drake?

—Bueno, ya que te pones así, te lo digo —Drake se incorporó y se giró hacia mí—.

Has estado tan metida en tu drama sentimental que has dejado de prestar atención a lo demás.

Te saltas entrenamientos, faltas a clase y tu magia va a acabar pasándote factura.

Cuando Luxora vuelva a aparecer, serás tú quien pague las consecuencias. ¿Y todo para qué?

Las palabras del príncipe de hielo me dolieron más que una bofetada. Puede que necesitara oírlas, pero no quería que salieran precisamente de él, y menos en ese momento.

Me levanté de un salto, cogiendo la mochila.

—Sabía que venir esta noche era mala idea.

Me agarró del brazo antes de que pudiera dar dos pasos más allá del sofá.

—Entonces, ¿por qué has venido? —dijo Drake.

Sus dedos helados me pusieron la piel de gallina y un escalofrío me recorrió el brazo. Alcé la vista hacia él mientras las lágrimas empezaban a acumularse en mis ojos.

—Porque tienes razón —contesté—. He bajado la guardia y quería arreglarlo. Lo intento, ¿vale? Perdona si mis dichosas emociones humanas siguen metiéndose por medio.

Drake soltó un suspiro de frustración y aflojó la mano.

—Venga. Siéntate y pongámonos a ello.

—Vale.

Volví a acomodarme en el sofá y Drake hizo lo mismo. Sacó de la mochila el libro de Hechicería Avanzada y me lo tendió.

—No. Empecemos por Historia de los Demonios —dije— Más vale que me empape todo lo que pueda antes de nuestro próximo cara a cara con Luxora.

—Vale, como quieras.

A Drake se le dibujó una media sonrisa y su satisfacción recorrió el lazo.

Nos tiramos horas estudiando, pero el tiempo se me pasó volando.

Cuando cerré de golpe el libro de Hechicería Avanzada, estaba hecha polvo.

No me cabía ni un hechizo más en la cabeza.

Tenía el cerebro a reventar de encantamientos defensivos y ofensivos, tanto de magia luminosa como oscura.

Estaba lista para los exámenes. Y, lo más importante, estaba preparada para Luxora.

De repente, el móvil de Drake vibró. Estaba a punto de soltar algún comentario sarcástico sobre sus llamaditas nocturnas cuando el mío empezó a sonar también.

Los dos miramos la pantalla. Y se nos abrieron los ojos como platos. Lucifer estaba allí.