Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

El príncipe abrió los brazos ante el lujo que nos rodeaba. Una vez le había preguntado a Drake si estaría dispuesto a dejar de ser príncipe a cambio de la libertad de vivir como él quisiera, y me había contestado que no. Ahora me preguntaba si pensaba lo mismo.

—¿Y tú con quién te vas a casar, principito? —pregunté a Bastien, revolviéndole los rizos.

Una sonrisa enorme le iluminó las mejillas.

—Contigo.

Drake casi se atraganta. Tosió y balbuceó mientras a mí se me escapaba la risa.

—No sé si te seguiré gustando para cuando tengas edad para casarte, Bastien —dije en tono de humor—. Para entonces ya seré toda una solterona.

—No. Yo creo que sí me seguirás gustando.

Bastien cogió otra figurita e hizo avanzar dos casillas al pequeño unicornio alado. Los ojos de Drake se cruzaron con los míos y percibí en ellos un destello misterioso.

—Creo que a mí también me seguirías gustando —murmuró, muy bajito.

Estaba a punto de pedirle que repitiera lo que había dicho cuando se oyeron dos golpes secos en la puerta. Giré la cabeza rápidamente. Me levanté de un salto, y Drake hizo lo mismo. Llegué antes y me quedé cambiando el peso de un pie a otro mientras él abría.

Un guardia real estaba plantado en el umbral.

—Príncipe Drake, tiene visita —anunció. Se apartó para dejar pasar a una rubia famosa—. La señora Kimmie-Jayne Starr Skyraider viene a verle a usted y a la señorita Hallows.

Drake abrió la puerta de par en par.

—Pasa, por favor.

Abracé a mi hermana en cuanto cruzó el umbral, pero mi vientre chocó contra el suyo.

—Ay, no —dije, tocando su abdomen abultado—. ¿Te he apretado demasiado?

Ella sonrió y se acarició la tripa cuando la solté.

—No, tranquila. Este pequeñín o pequeñina es muy fuerte.

Bastien llegó corriendo y se agarró a las piernas de mi hermana.

—¡Hola, señorita K. J.!

—Hola, mi niño.

Kimmie-Jayne se agachó y le dio un gran abrazo. Aquello me resultó muy curioso. No tenía ni idea de que conociera tan bien a la familia de Elrian.

—¡Bas, con cuidado! —exclamó Drake, apartando suavemente al pequeño de Kimmie-Jayne—. Ahí dentro hay un bebé, y tienes que ser más delicado.

—Lo sé, lo sé.

Bastine puso los ojos en blanco. Me costó un montón no preguntarle a K. J. qué estaba pasando, pero esperé, impaciente, a que nos quedáramos a solas.

Drake siguió sujetando a su hermanito de la mano y tiró de él hacia la puerta.

—Ahora tenemos que hablar con Kimmie-Jayne en privado, Bas —dijo—. Te prometo que luego iremos a jugar contigo antes de irnos, ¿vale?

El niño se quejó un poco, pero igualmente siguió a su hermano hasta la puerta, obedeciendo. Mirila estaba esperándolo en el pasillo y cogió al pequeño de la mano.

—Hasta luego —dijo él, despidiéndose con la mano.

—Adiós, Bas —respondimos K. J. y yo a la vez.

En cuanto el guardia cerró la puerta, cogí a Kimmie de las manos y la llevé hasta el sofá.

—¡Muchísimas gracias por venir! ¿Hablaste con Elrian? ¿Sabe por qué estás aquí?

Una amplia sonrisa se dibujó en sus labios.

—Ya está hecho. Cillian seguirá siendo director y mañana trasladarán a Ryder al centro de rehabilitación.

—¿Qué? —dije, con los ojos abiertos como platos— ¿Cómo?

—Acabo de ver a Elrian. Hemos tenido una charla y ha cambiado de opinión.

Drake soltó de golpe todo el aire de su cuerpo, aliviado.

—Sabía que seguías teniendo algún tipo de influencia sobre mi hermano.

Kimmie-Jayne hizo un gesto cándido.

—No sé de qué hablas. Elrian y yo somos muy amigos y nos entendemos bien. Nada más.

Drake negó con la cabeza, con aire escéptico.

—Ya...

Me daba igual la influencia que tuviera sobre el rey, con tal de que el puesto de Cillian estuviera asegurado y Ryder se librara de la cadena perpetua... o de algo peor.

—¡Gracias, gracias, gracias! —exclamé, abrazando de nuevo a mi hermana, esta vez con muchísimo más cuidado de no apretarle la barriga—. No tengo ni idea de cómo lo has conseguido, pero siempre te voy a estar agradecida por ello. Y Cillian y Ryder también.

La expresión de Kimmie-Jayne se ensombreció.

—A Ryder aún le queda mucho camino por delante para recuperarse, Luna —dijo con serenidad—. Lo que hizo... no es algo que pueda olvidar fácilmente. Necesita tiempo.

—¿Has visto algo? ¿Has tenido otra visión?

Kimmie-Jayne apretó los labios. Eso era un sí.

—Dale tiempo.

Asentí, intentando contener la emoción. Ryder había dicho que nunca podríamos estar juntos, y tenía que recordarlo. Por mucho que lograra controlar a su demonio, había sido yo quien lo había hecho volver. Es por eso que mantenerse alejado de mí era lo más sensato.

Al asumirlo, noté cómo me escocían los ojos, pero me aguanté de llorar, parpadeando varias veces. Habíamos cumplido la misión. Cillian seguiría siendo el director y Ryder, tarde o temprano, recuperaría la libertad. Debería estar celebrándolo. Me giré hacia mi hermana.

—¿Y tú cómo estás?

—No demasiado mal. Ahora que la tripa sigue creciendo se me está haciendo más cuesta arriba, pero al menos ya se ve la luz al final del túnel. Solo quedan unos meses.

Le di unas palmaditas en la tripa y noté un ligero aleteo bajo la palma. Abrí mucho los ojos.

—¡Creo que lo he notado!

Ella sonrió mientras se acariciaba la tripa.

—Sí. No para quieto.

—Ese peque o esa peque va a ser el bebé más mimado del mundo.

—No lo dudo —replicó Kimmie-Jayne, riéndose. Se recolocó en el sofá e hizo una mueca de dolor—. El primer nieto Skyraider va a poner la guarida patas arriba.

—¿Estás bien?

—Sí, solo estoy un poco incómoda —dijo, y soltó un suspiro largo—. Tendré que volver a Draeko antes de que Fénix se dé cuenta de que no estoy.

—¿No se lo dijiste?

Negó con la cabeza.

—Su dragón está un poco sobreprotector. Psicótico, para ser más exactos. No me quita ojo.

Me atravesó un ramalazo de culpa. Había estado tan metida en mis problemas que ni había pensado en mi media hermana. Sabía que estaba teniendo un embarazo complicado.

—Perdona por hacerte venir hasta aquí.

—No pasa nada —dijo Kimmie-Jayne—. Además, me venía bien salir un rato. Garrix me ha traído por un portal, así que ha sido rápido y sin líos. Me está esperando para volver.

—Vaya. Servicio de portales privado, cortesía de papá. Todo un detalle, con lo liado que está.

Kimmie-Jayne se levantó y me apretó el hombro con cariño.

—Lo ha hecho por las dos, Luna.

De repente, se me hizo un nudo en la garganta.

—Gracias, Kimmie-Jayne —logré decir—. Y dale las gracias a papá de mi parte.

—Lo haré. Hablamos pronto.

Me dio un último abrazo y se encaminó hacia la puerta.